martes, 27 de enero de 2015

Entre tú y yo.

Hoy voy a escribir del tirón. Sin párrafos. Tal y como pienso. Sin estereotipos. Tal y como soy. Y es que siempre he creído que con demasiada frecuencia, lo que más deseamos es aquello que no podemos tener. Desear nos esclaviza. Nos malgasta. Desear algo puede poner nuestra vida patas arriba. Pero, sin lugar a dudas, es mil veces peor ser de los que nunca saben lo que quieren.Y quizás tenga que dejar de esperar toda la semana para que llegue el viernes, todo el año para que llegue el verano y toda la vida para que llegue esa mujer en busca de la felicidad. Yo decido si mañana es Julio, hace calor o si la chica del puntal me invitará a tirarme de cabeza desde el embarcadero. Que eso de andar en círculos no me gusta porque al final, siempre acabo donde empecé. Que a veces es mejor estar en las nubes, porque al menos así, despegaste los pies del suelo. Que hay labios que saben a cielo pero que irremediablemente hay que dejarlos ir porque duelen como un infierno. Y que sobretodo, los imposibles no existen, sólo depende de cómo enfoques el problema, y más importante, la solución. Que como siempre, me quedo con lo mejor de lo vivido. Que soy los libros que he leído, las películas que he visto, la música que escucho, los sueños que tengo, las conversaciones que mantengo. Eres lo que recoges de todo esto. Tú eres el sonido del mar, una bocanada de aire fresco, la luz más brillante y la esquina más oscura. Eres el mejor resumen de todas las experiencias que has tenido en tu vida. Eres todos y cada unos de esos días. Que quizás nos perdamos a nosotros mismos en las cosas que amamos, pero a veces nos encontramos ahí también. Porque empecé a quererte igual que se quiere un viernes por la noche y acabé necesitándote igual que se necesita un domingo por la mañana. Que me gustaría mirarte a los ojos y susurrarte, tal y como un día escribió J. Cortázar, que confío plenamente en la casualidad de haberte conocido. Que nunca intentaré olvidarte, y que si lo hiciera, no lo conseguiría (…) Que no fuiste el amor de mi vida, ni de mis días, ni de mi momento. Pero que te quise, y que te quiero, aunque, quizás, estemos destinados a no ser. Me gustas. Me gustabas. Me gustaste. Pero aún me gustas más, tanto que casi no puedo resistir lo que me gustabas, cuando, llena de vida, te despertaste y lo primero que hiciste fue decirme: tengo un hambre feroz esta mañana. Empezaré contigo el desayuno.Y es que dicen que a lo largo de nuestra vida tenemos dos grandes amores; uno con el que te casas o vives para siempre, puede que la madre o el padre de tus hijos, esa persona con la que consigues la compenetración máxima para estar el resto de tu vida junto a ella.Y dicen que hay un segundo gran amor, una persona que perderéis siempre. Alguien con quien naciste conectado, tan conectado que las fuerzas de la química escapan a la razón y os impedirán, siempre, alcanzar un final feliz. Hasta que cierto día dejaréis de intentarlo.Os rendiréis y buscaréis a esa otra persona que acabaréis encontrando.Pero os aseguro que no pasaréis una sola noche, sin necesitar otro beso suyo, o tan siquiera discutir una vez más. Todos sabéis de qué estoy hablando, porque mientras estáis leyendo esto, os ha venido su nombre a la cabeza. Os libraréis de ella o de él, dejaréis de sufrir, conseguiréis encontrar la paz (le sustituiréis por la calma), pero os aseguro que no pasará un día en que deseéis que estuviera ahí mismo para perturbaros, para sacaros de quicio, para bloquearle del guasap. Porque, a veces, se desprende más energía discutiendo con alguien a quien amas, que haciendo el amor con alguien a quien aprecias. Gracias por todo. Por lo que me diste, por lo que me quitaste, por lo que me hiciste llorar pero sobre todo, por lo que me hiciste reir. Pero hazme un último favor. No vivas el mismo día 75 años y lo llames vida. Porque, como dijo Neruda, "algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas." Y es que conmigo, tu risa sabía mucho mejor.




jueves, 15 de enero de 2015

Quizás el amor...

Las sombras del destino acechan. Y la edad, tempestuosa y a veces insolente, palpita ante el ser indomable de mis veinticinco. A veces maduro. Otras quizás, ante la inocencia del niño que pasaba las tardes en Castelar.

El caso es que las agujas del reloj avanzan a paso de gigante. Y las ganas de vivir y descubrir y conocer y seguir viviendo, lo hacen por vías de alta velocidad. Y a veces dudo entre llevar maletas o dejármelas olvidadas en la estación.

A veces abro las cremalleras y cojo lo necesario. Lo miro, lo disfruto y lo vuelvo a guardar; otras, sin embargo, pongo el candado y las guardo en el trastero de una casa que, en ocasiones, se me cae encima.

¡¡Pero bendita juventud!! Benditos "mal de amores", benditas mujeres que nos dejan sin aliento mientras cruzan la calle mirándose en los cristales de los coches. Decimos que no sufrimos y ponemos cara de "no hay dolor" cuando nos preguntan si hay alguien que nos deje sin almohada en noches de fin de semana.

Esas chicas que hoy te dicen que si sabiendo que mañana será un no. De esas que con una copa de vino y un vestido, consiguen que te tropieces y acabes en sus pies. Esas que al salir a bailar siempre acaban pisándote los pies.

Y es que la vida debería de ser como el baile, porque cuando bailas, tú propósito no es llegar a un lugar determinado de la pista de baile, sino disfrutar al máximo de cada paso de baile.

Nunca sabes que el día más importante de tu vida es el día más importante de tu vida. No hasta que está sucediendo. Es imposible reconocer que es el día más grande hasta que te encuentras a mitad de él. Es ese día en el que te comprometes con alguien o con algo, en el que te rompen el corazón, en el que conoces al amor de tu vida, o el día en el que te das cuenta de que nunca hay suficiente tiempo porque quieres vivir para siempre. Esos días son los grandes. Esos días son perfectos.

En definitiva, existen tres reglas muy simples para la vida: si no vas a por lo que quieres, nunca lo conseguirás; si no preguntas, la respuesta siempre será no; y si no das un paso hacia adelante, siempre estarás en el mismo lugar. Porque si piensas que la aventura es peligrosa, te animo a que pruebes la rutina. Verás que es mortal.

Porque aunque te parezca imposible, todo este tiempo he estado pensando que éramos extraños, y resulta que nos conocíamos de forma intuitiva, hasta en los huesos y en la propia sangre. Se puede decir que era romántico. Catastróficamente romántico. Pero tranquila. No te pediré matrimonio. Al menos, de momento.

Por todo esto, mi única salvación en este mar de temporales es saber que la juventud es una enfermad que se acaba curando con los años. Eso, y saber que "imposible" es sólo una opinión.

Porque quizás los poetas tengan razón. Quizás el amor sea la única respuesta.


sábado, 3 de enero de 2015

El Nordeste en tu pelo.

Y me pregunto cuándo volverás de nuevo por aquí.
Quizás cuando gire el nordeste en tu pelo.
Y seguramente hiciste lo que en ese momento había que hacer.
Pero tú siempre supiste que el mundo nunca fue un pañuelo.

Conduciendo hacia donde los molinos te dan la bienvenida,
con tus piernas ardiendo en el salpicadero.
Ahora es fácil decirme que no lo sabías
pero tú me seguiste bien el juego.

Y te vigilé a escondidas las horas del viaje más largo
como si fueras a llevarte por un momento la luna debajo del brazo.



Y quizás un día te llame por teléfono
para decirte que aunque no me diera cuenta
en ese preciso momento,
aquello fue importante para mi.






Y me pregunto cuándo volverás de nuevo por aquí.
Porque yo ya estoy llegando.

viernes, 2 de enero de 2015

¿Qué es poesía?

¿Qué es poesía?
Poesía eres tú.

Es el bruñir de tu melena iluminada
por el crepitar de aquella vieja chimenea.

Poesía es el jirón de tu blusa insinuándose
en las horas intempestivas de una noche de fin de semana.

Es buscar una isla de orilla esmeralda y adormecerse.
Desnudo cuerpo, serena mente.

Lánguida sombra la que de mis manos escapa
persiguiendo aquel amor que fue por ti y contigo.

Poesía es ver arder mi corazón, puro y solo.
Luz que en llamas sonríe para nadie.

¿Cómo llenarte soledad,
más que contigo misma?

Te dije te quiero con el viento.
Iracundo como un mar impetuoso.

Te dije te quiero con el sol.
Dorando desnudos inocentes cuerpos.

Pero no me basta así.

Mas allá de la vida,
con la muerte lo diré

Más allá del amor,
hablará por mi el olvido.

Y preguntas al fin, ¿qué es poesía?
Poesía eres, sin ya conocerte, tú.

jueves, 18 de diciembre de 2014

El sabor de una risa.


Nos merecemos recibir el mismo tipo de amor que daríamos a otra persona.
Ni más ni menos.
Por eso hay que saber elegir con quién complicarse la vida.
Y mientras en silencio mis pensamientos seguían aleteando, de la manera más sutil ella comenzó a conquistarme:

- "No soy la chica sobre la que tu madre te advertirá. No besaré a tu mejor amigo ni romperé tu corazón. No te haré elegir entre hacer lo que te gusta y yo. No seré fría. Tampoco seré un desastre. O al menos pondré todo mi empeño en no serlo. Seré la chica sobre la que tu padre hablará cuando tu madre no esté presente. Seré la chica que se escapó. Te querré más que a nada. Te besaré cuando llore. Estaré a tu lado hasta que tú decidas lo contrario. Pero llegará el día en que dejarás que me vaya y yo no miraré hacia atrás, pero tú sí que lo harás. Te lo prometo, lo harás. Yo soy esa chica." -

Y entonces, en ese mismo momento supe que quería más. Y a la vez, sin yo saberlo y sin ella esperarlo, una fuerza ajena a mi, se apoderó de los sentimientos más puros que un chico puede tener cuando se encuentra ante una chica como ella. Y le contesté:

-"Te querré cuando tengas frío estando a 21º, te querré cuando tardes una hora para pedir un bocadillo. Porque adoro la arruga que se te forma aquí cuando me miras como si estuviera loco, te querré cuando después de pasar el día contigo mi ropa huela a tu perfume y siempre querré que seas tú la última persona con la que hable antes de dormirme por las noches. Y eso no es porque esté solo ni tampoco porque dentro de unos días sea nochevieja. He venido aquí esta noche porque cuando te das cuenta de que quieres pasar el resto de tu vida con alguien, deseas que el resto de tu vida empiece lo antes posible."

Y al segundo de acabar, un electrizante espectáculo de fuegos artificiales iluminaron mi mirada. Fue la primera vez que me sentí orgulloso de enlazar tan poderosa e inconscientemente bien tres frases de puta madre seguidas.

- "¿Estás borracho?" -. Sólo se la ocurrió decirme eso.

Y creyendo que los artificios habían acabado, de mi boca salío la mejor traca de todos los tiempos. Al menos, de mis veinticinco.

- "Sí, estoy borracho. Pero tú eres alucinante. Y mañana por la mañana yo estaré sobrio pero tú seguirás siendo alucinante".

Así que hoy digo que no existe nada más bonito que una mujer fiel a sus valores y contenta con su físico. De esas que van a por todo. Baila hasta que se agota. Grita hasta quedarse afónica. Salta hasta que no puede más. Mira con un poco más de descaro pero nunca pierde del todo la inocencia de sus labios. Se bebe una copa de vino en las cenas. O dos. Y se toma un buen trozo de tarta de chocolate después.

Pero todo acaba. Porque no hay mayor mentira que la de unos labios albergando un "para siempre". Fuimos dos polos opuestos de helados. Fuimos todas las noches de invierno que cabían en una de verano. Que fuimos granizo en duchas al despertarnos, que nos derretíamos con besos al secarnos. Que contábamos sonrisas por días despejados. Fuimos eclipses a mediodía y a medianoche. Fuimos uno en una cama que sabe más de nosotros de lo que contamos, fuimos otoño cayéndonos la ropa cada vez que discutíamos por algo. Fuimos y no somos, porque nos hundimos, pero eso nos hizo ponernos a salvo.

Y empecé a estar harto de oir a la gente decir: -"Hay muchos peces en el mar".
Yo siempre pensaba: -"¡¡que os jodan, ella era mi mar!!"

Porque en mi mar, me gustaba bañarme aunque nevara.
 Porque ella se reía mientras nos besamos una y otra vez, y pensé:
- "No hay mejor cosa que el sabor de la risa de otra persona en tu labios."


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Si te gusta, mírame.

La vida va de apuestas. Y esta noche puede que te toque perder a ti. Porque si tú pierdes yo gano y el trato está claro para los dos.

Y puede que al leer éstas letras pienses que el sobre lleva tu nombre. El remitente está claro y ni tú ni yo sabemos el porqué.

El caso es que hay veces que las cosas pasan porque tienen que pasar; sín embargo, otras ocurren porque somos nosotros - yo - los que con lápiz y papel redactamos el guión.

Y me hablas de un café, pero nunca de dónde ni de cuándo.
Y me cuentas que en Madrid eres feliz.

Y te digo - aunque siempre es en voz baja - que hay veces que te veo como una desconocida a la que tengo ganas de descubrir.

Y siempre es la comodidad que creemos poseer la que frena nuestros impulsos. Pero una persona que merece la pena jamás encuentra la comodidad en un lugar, sino en el camino. Y mucho me temo que yo, contigo, he empezado a caminar.

Y me dices, si te gusta, mírame.
Y te miro pero no me ves.

O al menos, cuando lo hago, tú te haces la dormida.

jueves, 11 de diciembre de 2014

Entre perfumes se disolvió.

Siempre empezaba hablando él.
Luego ella contestaba.


- ¿Te pierdes?
- Si es contigo sí.
- Yo ya lo estoy
- Yo ya lo sé.
- ¿El qué?
- Que lo estás, pero por mi.

- Lo que estamos tú y yo es entre la línea del bien y el mal.
- Explícate.
- Si quieres tú no quiero yo...si quiero yo, ahora tú no.
- Deberías aceptar que nunca estaré contigo. Y así siempre será.
- Aunque no sea yo quién abraces cuando estás dormida, aunque no sea yo quién te haga reir.
- Aunque sí sea yo quién se muere de celos cuando me hablas de sueños y no piensas en mi.
- Aunque si sea yo donde buscas consuelo, con quien lloras tus penas, pero nunca es por mi.

- ¿Por qué no vuelves?
- ¿A dónde?
- A reir mientras bailamos.
- ¿Qué es lo que quieres?
- Rozarte la piel, una puesta de sol si es contigo, el flamenco y tu ropa en el coche, tu cadera sudando sin prisa. Quédate, nos debemos la vida.


- ¿A quién esperas?
- A mi Romeo.
- Lo siento.
- ¿Por qué lo sientes?
-  Porque tu Romeo nunca llegará.
- ¿Por qué?
- Porque para ti no existe. Porque dijiste amor queriendo decir "sólo tú". Porque siempre confundiste lengua con lenguaje. Porque tu Romeo alarga los balcones mientras tú te escondes tras un carmín de maquillaje.

- Tal vez te acuerdes de mi con el paso de los años.
- Tal vez lo haga cuando busque piso a medias y colchón.
- Cuando no quieras dormir por ver dormir a tu pareja quizás me entiendas.
- Tal vez volvamos a vernos.
- Entonces, tal vez compadezca a la persona que entristece tu perfil.

- Y cuando escuches "Nessun Dorma" y haya estrellas escapando de si mismas con color, vas a acordarte de mi. Y cuando llores a escondidas porque no te abrazan. Y cuando solamente quieras que te quieran. Y cuando sientas celos del aire que roza su garganta, amor...vas a acordarte de mi.
- ¿Y tú?
- ¿Y yo? Tal vez me olvide de ti desafiando el oleaje que ofrecen rápido en los bares las mujeres que no ví.

- Siento haber dicho que te amaba. Aunque siempre fue cierto.
- Yo siento no haberte sabido querer. Siento no haber podido hacer sudarte la piel. Siento haberme ido. Siento que ese Domingo te quedases esperándome en aquel maldito tren.

El café se enfrió.
Y el azúcar se disolvió.
Igual que se disuelve una aspirina entre perfumes de mujer.



jueves, 4 de diciembre de 2014

Entre el deseo y el arrepentimiento...



Y te conté que me enamoré de otras, pero que era distinto querer acostarme con una mujer que desear despertar con ella a mi lado.

Porque hay chicas que te alegran la piel pero no el corazón.

Y que en vez de querernos mucho, deberíamos probar a querernos bien. Pero de todo nos dimos cuenta tarde.

Porque tú no sabías luchar. Tú sólo sabías sacar las armas.

Y que no hay cicatriz, por brutal que parezca, que no encierre belleza. Que podemos encontrar en cada una de ellas el nombre y el lugar de quién empezó a coserlas.

Porque las cicatrices son las costuras de la memoria. Un remate imperfecto que duele al recordar.

Y que la mejor forma de encontrar a la vida era desordenando la felicidad. Quizás por eso tú y yo nunca la encontramos.

Porque sólo fuimos capaces de ser felices un rato.

Lloraste. Lloré.

Pero antes de cerrar la puerta te dije: "tuvimos la mitad de lo que pudo ser y lo triste es que no fue la parte buena".

En realidad nunca te lo dije.
Sólo lo pensé.

Porque entre el deseo y el arrepentimiento sólo hay un orgasmo de por medio.


miércoles, 3 de diciembre de 2014

Y en el cielo, tu nombre.

Otro año más Tatá. Y ya son dieciséis.

Y en este rincón del Puertochico que merecido lleva tu nombre, intento juntar las palabras que, como cada tres de Diciembre, van acompañadas de sal y lluvia. Tú ya me entiendes.

Todos los Reyes desde que te fuiste, pedí en cada carta que volvieras. No quería juguetes, no quería zapatos, no quería un tambor.
Sólo quería volver a pasar contigo los Sábados en Castelar. Quería seguir viéndote sonreir con mamá. Seguir disfrutando de tus besos salados. Seguir viéndote lucir los lunares de aquel traje que sólo tú sabías hacer brillar.

Han pasado dieciséis años. Y aunque mis cartas ya no tengan buzón, el niño y su deseo siguen siendo los mismos.


Al menos, al mirar las manecillas del reloj, siento que estás conmigo.

Y dicen que todos tenemos nuestro ángel de la guarda. Yo además de tenerlo, sé que lleva perfume y nombre de mujer. Flamenco, como tú y tu traje de lunares.

Sé que desde el cielo, me cuidas.

Es por eso que cuando alzo la vista, veo escrito tu nombre.

Te quiero y te echo de menos Tatá.

Espero que tú a mi también.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Desde que duermes junto a mi.



Cuando te digo hola no es porque sea educado, que también. No es por acomodar un silencio que viniendo de ti duele. No es porque no me atreva a preguntarte qué tal estás. Es porque quiero más.  Es porque, a veces, me gustaría que me dejases sonreir a algún desliz. Porque a ti ya te sonrío,  aunque tu sólo veas una risa y ya. Porque me gustaria bailar contigo un "quizas" mientras sonase un bolero.

Porque no me gusta que preguntes quién es cuando los dos sabemos que eres tú de quién hablo.
Porque para mi es fiesta el día que me cruzo con tu perfume por los pasillos. Y es que al cabo del año pocos son los días en los que las horas huelen a ti.

Porque eres una de esas chicas que nunca acaban de pasar.  De las que fuman sin tragar el humo. De las que beben sin sed el vaso que llena las espera más dulce del mundo. Y mientras tú,  bailas. Con la orquesta del fondo. Y mientras yo, escribo. Como ahora. Creyendo que al menos pasearás leyendo esto.

Y lo titulo "desde que duermes junto a mi". Porque son ya muchas las noches que paso contigo a mi lado. Aunque lo hagamos sin cama. Aunque todo sea incierto. Pero es que desde que duermes junto a mi, mi dormitorio da de frente a mar abierto. Es por esto que mi acento sabe a sal. Es por esto que el tuyo sólo a hielo.

Es por esto que desde el primer dia que te vi, guardo en una botella los mensajes que a leerte no me atrevo.

Porque desde que duermes junto a mi, mi vida es como el velero que busca en tu boca el viento más fuerte, esperando que de un soplido consigas desarbolar todo cuanto en él llevo.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

A pleno pulmón, amor.


Fue una dama valiente que quemó en la hoguera mis versos cobardes.
En aquella playa del viento nos llovió.
Y al mojarse un te quiero y al vestirse de nuevo, sonrió.

Si hubiese dos muriendo de amor
en este mismo momento
ya valdría la pena revivir este cuento en su honor.

Creí que nuestra historia era distinta
hasta que a las diez de la mañana susurró:
"Ponme otra copa, si no tienes te la inventas".

Nos quedaban ocho horas y poco ron.
Y empecé a sentir la culpa por mentirla y acusarla
de seguirme en aquel prohibido amor.

No me dio la gana de cerrar la herida y la esperé.
Aún a sabiendas de que en la tierra prometida
ya no había ni oro ni fe.

Tengo un corazón, tan leal a ti, que duele.
Y es que entre el bien y el mal estamos siempre tú y yo.
Y aquel lamento que recorría la bahía ya no volvió.

Al primero intenté no sentir nada.
Al segundo ya escribí te quiero amor.
Susurrando en sueños me dijiste: "Y yo".

Y al despertar me sequé la rabia a la almohada.

Vivimos dos historias diferentes.
Olvidaste tú canción entre la gente.
Entonaste un hasta luego y era adiós.

Ni podría olvidarte, ni tampoco quiero.
A veces, un punto final son tres puntos suspensivos.
A veces, un punto y a parte un "hasta pronto, amor".

martes, 14 de octubre de 2014

Y de repente...

Y de repente aprendes que los amores eternos
pueden terminar en una noche de verano.

Que los que creías grandes amigos pueden
convertirse en grandes desconocidos.

Que en realidad el amor no tenía la fuerza
que imaginaste.

Que quizás nunca conozcamos a una
persona de verdad.

Que el "nunca mas", jamás se cumple.

Que el "para siempre", siempre tiene fin.

miércoles, 8 de octubre de 2014

Y el ébola llegó a Europa.

No seré yo quien defienda la gestión de la Ministra de Sanidad, cuando menos, más que cuestionable.
E indudable es mi pasión por los animales, sabida por todos los que me conocen.
Culpa ninguna tenía el perrete Excalibur y sín embargo, esta tarde, ha sido sacrificado.

Pero, como veis, siempre existe un "pero".

Pero ¿qué pasa con los más de 3700 niños que el ébola ha dejado -hasta el momento- huérfanos en África?
Pues por lo que se ve, nada.
Nadie protesta, nadie se manifiesta, nadie habla.

Todos callan. Porque a ninguno de estos niños les hemos puesto cara, ni ojos, ni sonrisa.
No les hemos puesto alma porque seguramente la suya murió con sus padres.

Y es que de repente miramos hacia África porque nos da miedo que nos contagien el ébola.
Porque el hambre no se contagia y por eso, les damos la espalda.


lunes, 29 de septiembre de 2014

La huída.

Sobre consumir el mundo me hablaron una vez.

El tiempo huye y se escapa.
Y cuando quieres echar a correr te das cuenta de que ya todo terminó.

Y que cada vez que me vuelva a acordar, me resulte menos doloroso huir que obligarme a que les hable de ti.
Y que cada vez que te vuelva a mirar, me resulte más fácil morir que obligarme a decir la verdad.
Y que cada vez que vuelva a tener hambre de tu boca, dos días sean mucho más que cien años de soledad.

Y es que nuestros destinos pudieron ser éstos o pudieron ser otros del todo distintos porque lo que de nosotros fue en ningún sitio quedó recogido.

Por eso desde hoy me he propuesto dejar mi huella incluso en el lugar más inhóspito, deshabitado y oscuro de ese alma que una vez me aconsejaron consumir.

Porque mundo y alma huyen entre tanto.
Porque entre tanto yo decidiré en qué momento huir, pensando cómo consumir el mundo entero a cada instante, por si acaso el futuro nunca quisiera llegar.

domingo, 28 de septiembre de 2014

Capítulo V. Y Beirut le dio la bienvenida.


Recuerda como, hace un puñado de horas, paseaba por la ciudad que le vio nacer, crecer, aprender y sudar en verano la palabra amor. Y sin tiempo para maniobrar, se encontraba ante los ojos de una cultura del todo sorprendente y desconocida para él.

Todo había sucedido demasiado rápido como para haberlo digerido ya. Las despedidas en su vida siempre albergaban un sentimiento comparable al de un beso sin billete de vuelta. Para ella, enterarse de que la persona a la que quería trabajaba como mercenario a las órdenes de algún gobierno occidental había sido algo más que una mala noticia.

Aún recuerda las lágrimas recorriendo aquel rostro que no hace muchas noche besaba prometiendo ser más en un futuro. Se culpaba de no haber sido más sincero con la mujer que hasta ese momento había colmado su vida. La oficial.

Pero desde Langley le habían reservado destino ya. Su nuevo objetivo estaba claro. La carta que el día anterior había recibido ordenaba explícitamente, y por el momento, establecer contacto con alguna de las células yihadistas activas en el país. Y sin más tiempo que el necesario para meter en una mochila un par de pantalones, tres camisetas y dos calzoncillos, cerró la puerta de casa y la de la trampilla a sus recuerdos más dulces.

Beirut le daba la bienvenida con 36º C, un 87% de humedad y cuatro soldados armados hasta los dientes preguntándole por su pasaporte y por su presencia allí. Sin tiempo para reaccionar, un Chrysler de cristales tintados llamó su atención. Del coche, poco discreto para aquel escenario, descendió una melena morena de ojos verdes electrizantes.
 La sensualidad vestía aquella silueta femenina. Al menos eso le hubiese gustado ver; sín embargo,  el hiyab no le permitía más que vislumbrar una mirada acechante acercándose. De todo lo que esa mujer habló con los soldados, él sólo entendió las palabras yankee, C.I.A y اذهب إلى الجحيم, que era algo así como "¡Iros al carajo!

Una vez en el coche, advirtió que detrás de esa mirada se escondía quien sería su contacto durante su estancia en el Líbano.
Faatina, que en musulmán significaba 'cautivadora', pertenecía a la inteligencia iraní y después de dos años sobre el terreno se había convertido en una de las fuentes más fiables que la "Agencia" tenía desplegada sobre el Mediterráneo.


...y hasta aquí puedo leer.

lunes, 11 de agosto de 2014

Ven a dormir conmigo. Capítulo III

(Hay días que te saltas algún capítulo. Como hoy).
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Tumbado en la arena de El Puntal algo se le vino a la cabeza. Mal de amores. Algo que para nada se cura fácilmente. Algo para lo que ningún laboratorio ha inventado la medicina perfecta. No hay remedios. ¡Otra vez no!- grito él. No sabía el motivo. Ni siquiera se acordaba de todo lo que dolía. Sólo sabía que el tiempo lo curaba, pero esta vez el tiempo le había fallado. Nunca creyó en las casualidades. Siempre las había definido como las cicatrices del destino. Y esta vez no iba a ser menos. 

Las últimas palabras que recordaba de ella fueron: -siento hacerte tan desdichado-. Eso y el latir de un reloj de alguna estación de tren. Solitario y asustado. Como él.

Hablando con la sombra proyectada sobre la orilla sentenció: -joder, estoy fuera de los recuerdos, del pasado, pero también estoy perdido. Antes o después las cosas que has dejado atrás te alcanzan, y las cosas más estúpidas, cuando estás enamorado, las recuerdas como las más bonitas. Porque su simplicidad no tiene comparación. Y me dan ganas de gritar. Lo jodido de gritar es que cuando lo haces en silencio, duele más-.

Mientras pasea absorto con el flamear de las velas del Cantábrico al fondo, se da cuenta de que lejos de haberlo dejado atrás, ha vuelto a caer en el agujero oscuro y profundo del que creía no lograría salir jamás. El mismo que tiempo atrás había definido como si una bomba hubiera estallado sobre él y hubiese destrozado su vida con un toque ligero, limpio y sutil. Todo lo que había vivido hasta ese momento se derrumbó, se destruyó, desapareció de este mundo y entonces se preguntó qué iba a ser de él, cómo iba a hacer para volver a sonreír.

Lo peor de todo es que salimos a la calle y vemos que la gente sigue riendo, los niños siguen jugando en el parque, las parejas siguen besándose como si no hubiera mañana (frase que aprendió de ella). Nada ha cambiado, todo permanece igual, sólo tú eres el distinto.

Las olas bañan sus pasos. Los de él. En singular. El agua está fría, advierte. Y piensa en lo que ella le dijo hace tiempo. –Deberíamos sintonizar mejor, ¿no crees? –Y ante el mismo escenario de aquella frase pero con distinta compañía piensa. - Sintonizar...¿qué querría decir? La sintonía es algo que tiene que ver con la música. El amor, en cambio, es cuando no respiras, cuando es absurdo, cuando echas de menos, cuando es bonito aunque esté desafinado, cuando es locura. Cuando sólo de pensar en verla con otro cruzarías a nado el océano, escalarías el Pico más alto o guardarías en un frasco todo el agua del mar.

Con la mirada perdida, revive aquella noche de velas y vestido rojo. La noche del magret y del champagne. Una noche que empezó a las cinco de la tarde entre fogones. Y recuerda su pregunta: - Siento curiosidad. ¿En qué pensabas esta noche mientras mirabas cómo dormía?
-Ah… -Se sienta y la sonríe-. Pensaba en la suerte que tengo. Pensaba: esta chica es realmente guapa. Y además pensaba en el momento que estamos viviendo y que...bueno mejor no te lo digo.
Ella se acercó y lo miró con ojos cariñosos, achispados, resplandecientes, llenos de entusiasmo.
-No tengas miedo. Corre, dímelo.
La miré a los ojos, inspiré profundamente y al final lo dije. -Pues que jamás me he sentido tan feliz en mi vida.

-Sé que te asustarías si te dijera te quiero otra vez. Así que, mejor te diré te prequiero. Porque tu inmadurez es superlativa para tu edad. Porque no pasa nada si miras a otras. Da susto, porque hace replantearte muchas cosas, pero no pasa nada si me acerco a ti y al oler tu pelo sigo sientiendo que eres mi alma gemela y que estoy en casa.

El pitido de un barco anunciando su entrada en la bahía le devuelve a la soledad de sus fríos pasos sobre la arena. Lo duro es que cuando un amor se acaba se puede encontrar todo, excepto el por qué. Y piensas cuál fue el fallo, qué hiciste mal. Atiende a lo que una vez escuchó decir en alguna terraza del sur: -"Alguien dijo una vez que en el momento en que te paras a pensar si quieres a alguien, ya has dejado de quererle para siempre...".- Y cae en la cuenta de que quizás, ella se paraba a pensar en silencio.
Hay instantes en la vida en que creemos saber que una mentira se parece mucho a una verdad, pero sólo quien las cuenta es capaz de distinguirlas. 

Comienza a chispear. El cielo se encapota y las manecillas del reloj de Tatá sugieren regresar a casa. Sólo se arrepiente de una cosa. De no haberla dicho: - Ven a dormir conmigo: no haremos el amor. Él nos hará-.


De eso y de haber aparcado tan lejos.

lunes, 4 de agosto de 2014

Al borde de la felicidad.



Sin darnos cuenta nos hemos plantado en Agosto. Hemos dejado atrás ya, las buenas intenciones con las que quisimos engañar al nuevo año. Nuestra sangre ha experimentado un año más, aquello que siempre prometió el refrán con la llegada de la primavera. Hemos sudado con algún examen y hemos gritado ¡soy libre! con el final del mismo, sin darnos cuenta de que nuestra esclavitud no tardaría en dejarse ver de nuevo.

Nos plantamos, me planto, ante las puertas de los veinticinco. El cuarto de siglo y/o la edad dorada, según quién. Y año tras año vamos sumando recuerdos, cicatrices, sonrisas, personas, amigos, experiencias...y también restamos o dividimos, en función de las preferencias.

Damos, doy, más valor a una discreta cena entre dos, a pasear con uno mismo cuando en ocasiones la compañía no es lo importante sino la causante. A los largos viajes por autopista en noches de invierno, primavera o verano.

Y es que a veces "dejarse llevar suena demasiado bien". Quizás sea por la incertidumbre de no saber dónde terminar, o empezar porqué no, lo que en ocasiones nos empuja a correr cuando ni siquiera hemos aprendido a caminar. Tal vez, a veces sólo sea cuestión de suerte. Tal vez ser valiente no sea sólo cuestión de verte. Y es que en ocasiones, lo mejor es aplaudir e irse, dejando que la actuación llegue a su fin. Aunque en el momento no lo pensemos. Aunque en el momento, no lo queramos pensar.

Considero a las personas y mis relaciones con ellas uno de los pilares básicos de la vida. Quizás por ello, en ocasiones haya sufrido más de lo necesario, haya recordado más de lo recomendado y haya añorado más de lo permitido pero creo que en la vida, al igual que en los toros, para conquistar la Puerta Grande, hace falta arrimarse al burel, arriesgar y a veces sentir el pitón. Sólo de esta manera, consigo sentirme vivo. Sientiendo.

Y no es ninguna declaración de principios. No lo es porque aún no he firmado mi final.

Cantaba Andrés Suarez: "tengo 26, soy feliz así, tengo tres amigos, dos hermanos, nada suelto...soy fruto de un cuento que escribió mi padre, mi madre lo cantó".

Y a veces estaremos desafinados entre la gente. Otras, quizás, lo estén con nosotros. Lo importante, al final, es encontrar la nota idónea que armonice nuestra melodía.

Habrá tardes de Domingo que pediremos a gritos ¡vuelve!, noches de fin de semana que susurraremos al oído "dame media noche más", veranos en los que en una estación de tren diremos entre lagrimas "no te vayas todavía"...y así, sólo así, a base de vivir, iremos -voy- escribiendo párrafos qué recordar. A veces torcidos, a veces a lápiz. Iremos pegando las fotos que nos recuerden los momentos vividos y las personas con las que los vivimos. A veces parecerán fotos agrietadas de un retrato de Dorian Grey. A veces nos harán sonreir, descolgar el teléfono y preguntar ¿qué tal te va?

Porque sólo el cerebro de los necios transforma la filosofía en tontería, la ciencia en superstición y el arte en pedantería.

Por todo esto y porque los veinticinco nunca llegan con la intención de quedarse, bebed vino, porque esta es la vida eterna. Es cuanto nos otorgará la juventud, es la estación del vino, las rosas y los amigos borrachos. Seamos felices por este momento porque este momento es nuestra vida.

"You must remember this
A kiss is just a kiss, a sigh is just a sigh.
The fundamental things apply
As time goes by".

No es ninguna declaración de principios.

Sí, mi carta de presentación.

"Être aimé est très différent d’être admiré, car l’on peut être admiré de loin, alors que pour aimer réellement quelqu’un, il est essentiel de se trouver dans la même chambre, et si possible sous le même drap."

martes, 10 de junio de 2014

A sky full of stars



Cuando sabes que, desde el cielo, la luz nunca se apaga.

Nunca te apagas Tatá.

Porque cuando oscurece, pienso en ti y no consigo conciliar el sueño.
A veces creo que si, pero en el fondo jamás he conseguido olvidarte. Jamás he querido olvidarte. Y es por esto por lo que hoy, no me preguntes porqué motivo, te siento conmigo más que nunca.

Hoy me ha dado por pensar entre apuntes y borrones.

Porque a veces me gustaría ser viento sin que lo supieras y escaparme por las noches para poder besarte.

Porque sin tu saberlo y sin yo esperarlo, un día me regalaste todo cuanto hoy soy, que es mucho menos de lo que guardas en cada arruga de tu frente...

Porque en ocasiones nos convertimos en fotografías sobre un marco viejo haciendo del resto un velero que ya no sabe nadar.

Pero siempre encontramos esa luz.

La misma que hace poco nos parecía la de un faro deshabitado.

Cuando sabes que, desde tierra, la luz que nos guía en alta mar nunca se apaga.

Nunca te apagues.




lunes, 28 de abril de 2014

En silencio y sin cruzar una palabra.

Porque al nacer, en vez de la barra de pan yo preferiría traer bajo el brazo un manual de instrucciones. Y en determinados pasajes de nuestra vida poder echar un vistazo a la página en la que deberían de enseñarnos a permanecer estoicos frente a los embates del Cantábrico. Porque a veces se encabrita y cuando lo hace, mantenerse firme se convierte en casi un imposible.

Deberían de enseñarnos a cómo enfrentarnos ante el éxito y el fracaso, el romance y el desamor, la verdad y la mentira.

Instrucciones de cómo deberíamos actuar cuando el mundo parece desvanecerse sobre nosotros, cuando la mochila que llevamos a la espalda comienza a pesar o cuando creemos - que nunca es cierto- tener el mundo a nuestros pies.

El caso es que si existiera ésta posibilidad, muchos estarían dispuestos a renunciar a ellos mismos. Y seguramente ganasen en calidad. No lo dudo. Pero me considero un chico con sentimientos a los que me gusta ponerles nombre y apellidos. Sentimientos con rostro, escenario y expresión. Y la verdad, me gusta la gente que siente como yo. La gente que se emociona al ver unos ojos, creyendo que debe haber sal dentro de esa mirada que les cura tanto. La misma gente que se estremece con el latir de las teclas de un piano viejo y abandonado. La que tiembla y despierta al suave tacto de una caricia entre edredones. La que disfruta sobre la arena del mar como colchón mientras el sol, tímido, se esconde de vuelta a casa.

Instrucciones, éstas, que son nuestras. Que son mías. Que nadie jamás nos enseñó a utilizar pero que orgullosos, demostramos en el día a día. Porque aunque creamos que no, incluso el día a día podemos convertir en la mejor expresión que recordar a lo largo de nuestra vida.

Porque lo importante - y para uno de Santander lo es aún más - es que jamás nos falte ni vela ni corriente al navegar.


El mar dejadme que corra por mi cuenta. Para eso, soy de donde soy.

sábado, 5 de abril de 2014

Creo en Dios.



Noche de sábado, teoría -de juegos- y reflexiones a media luz…no es un articulo con pretensiones de erudición ni mucho menos. Simplemente me ha dado por pensar y compartirlo.

La existencia de Dios siempre ha sido una de las grandes cuestiones humanas debido a su carácter tan sorprendentemente comprometedor. Empleamos todo nuestro poderío, o al menos algunos lo intentamos, en encontrar respuestas a los grandes interrogantes que conforman nuestra condición humana y que al igual que ayer, hoy se presentan en lo más profundo de nuestro ser: el sentido de nuestra vida –si es que lo tiene-, el bien y el mal, la muerte, nuestro origen como parte del universo, la familia, la búsqueda de la felicidad…todas y cada una de ellas orientadas hacia la existencia de “algo” que consigue dar sentido a nuestra presencia aquí y ahora.

 Habrá quién acepte como primera y única teoría que todo –o al menos gran parte- de lo que somos y nos rodea se deba al azar, la probabilidad y la casuística. Pero en pleno siglo XXI y con la presencia de una ciencia que evoluciona a cada milisegundo, me parece un poco difícil defender que la perfecta armonía del universo y de sus leyes obedezca a una evolución del azar. Porque soy de los que piensa que allí donde existe un plan siempre hay alguien que planifica. Y cuando el plan adquiere la dimensión del que, entre manos tenemos, al que planifica se le llama Creador y su naturaleza trasciende cualquier medida.

Otra teoría podría ser la de aceptar con humildad a Dios. Una vez leí –y ahora no recuerdo donde- que el acto más propio y verdaderamente humano era la aceptación de la voluntad de Dios. ¿Pero cómo reconocer la realidad de nuestra condición y aceptarnos a nosotros mismos como seres creados por Dios sujetos a un orden natural? Sería totalmente ilógico que no nos costase aceptarlo, pues todo lo que supone comprometerse, acarrea a largo plazo hipotecar nuestra libertad.
Pero aceptar a Dios no es sinónimo de anular nuestra libertad sino de emplearla y de elegir: “Si rompes tus cadenas, te liberas; pero, si cortas con tus raíces, mueres”. Y cuanto mejor elegimos y más nos comprometemos con lo elegido, más nos enriquecemos a nosotros mismos y a las personas que elegimos para que nos acompañen en nuestro caminar. Y si nuestra elección supone un compromiso que refuerza algo que es propio de nuestra naturaleza, será éste el uso más acertado de nuestra libertad. Habremos dado un paso más hacia nuestra plenitud como hombres. Al menos, eso llevo aprendido yo.

Escribía Gasset: “Quien, en nombre de la libertad, renuncia a ser el que tiene que ser, ya se ha matado en vida; es un suicida en pie. Su existencia consistirá en una perpetua fuga de la realidad que podía ser”.

No creamos que la conciencia es una mera imposición social al igual que el alma es una mera utopía religiosa Al igual que una nevera no funciona si no se enchufa, la inteligencia no actúa sin la ayuda del cerebro. Pero ni enchufe ni cerebro son causas, sino condiciones.

Me acuesto y rezo –no por aplacar mi conciencia-. Doy gracias y me acuerdo de vosotros –Curro y Tatá-. Porque me gusta pensar y/o creer que en un mundo 2.0 plus, sigue existiendo “algo” que se escapa del entendimiento y del control humano. Que de ese “algo” venimos y a hacia ese “algo” caminamos. Que ese “algo” para mi es Dios y que a cada paso que doy Él camina conmigo.

Porque como escribía Dickens: “Nunca sabe un hombre de que es capaz hasta que lo intenta.”



¿Por qué no probar? 

domingo, 23 de marzo de 2014

"Bañada en salitre"




Hace años le escuché tocar junto a Antonio Vega en uno de mis primeros periplos romanceros por Pamplona.

Y aunque con dieciocho años me parecía que nada sería para siempre, ésta canción confirma que los dieciocho son pasajeros y gracias a Dios la cordura, en algún momento, se instaló en mi sin visos de que fuese a huir. Aunque a veces haga sus escapadas y me deje con la desprotección propia de un pesquero al través del barlovento.

El caso es que en Domingos como el de hoy, grises, tristes y lluviosos, la memoria me lleva a través de sus -nuestros- recuerdos a paisajes del Sur, del Norte, de Castilla...recuerdos de pequeño cuando corría "corito" por Ris con toda la familia. Cuando los bocadillos de tortilla de mi madre eran una tradición en jornadas maratonianas de playa en la Segunda del Sardi. Al sabor del mar cuando los Domingos íbamos a pescar a Corcho.

El caso es que en Domingos como el de hoy, me vuelve el sabor de los besos salados que me daban saliendo del agua del Puntal.
El mismo sabor a sal con el que se iba los Domingos a la ciudad de la "Bella desconocida".
El mismo sabor que echaba en falta al volver a Santander cuando a quién ella echaba en falta era...

Y es que soy como algunas flores que crecen en las dunas, que al subir la marea se hacen invisibles.
Y es que algunas duermen a la luz de la luna persiguiendo sueños imposibles.
Así soy yo.

El caso es que como cantaba aquella noche de San Fermín -no yo- "bañada en salitre flota en la memoria de los días grises".
 


No sabéis de quién se trata, aunque no haga falta imaginar que el color carmín de sus labios siempre deja marca.

Para bien o para mal.

Porque "de alguna manera tendré que olvidarte, tengo que olvidarte de alguna manera".

Un beso y cuidado al salpicar.

lunes, 17 de marzo de 2014

Disfruta tú también.



La esperanza es lo primero que se pierde cuando alguien se cruza en tu camino y te tuerce los pies.


Y en ese mismo momento las flores se convierten en pisadas sin relojes, sin arena, ni lápiz, ni papel...


Soy de los que piensa que un segundo es demasiado tiempo y que ya no hay invierno que no entienda de amor.


Porque desde hace tiempo prefiero no bailar, a recoger tus pasos.


Porque como escribía Sabina (con intercambio de papeles): "Peor para el sol que se mete a las siete en la cuna del mar a roncar, mientras un servidor le levanta la falda a la luna.


Porque últimamente disfruto viendo amanecer con los Raqueros al borde del mar.




domingo, 23 de febrero de 2014

Borrador



El título de éste pensamiento que comparto, no es más que el lugar en el que hoy guardo aquello que diría con el corazón en la mano pero que prefiero callar con la cabeza en su sitio.

Hay tantísimas ocasiones en las que nos callamos y con seguridad erramos. Pero hoy, la prudencia -una de las cuatro virtudes cardinales- me asegura que, sin duda, el mejor estado es el de "no entregado"

¿Recuerdas cuando el mar en el que te bañabas nos contemplaba tan inmenso? ¿cuando la tarde caía con nosotros entre besos?

Recuerdo como la dignidad esperó a que volviera.

Igual que cuando el espada deja pasar el burel con un pase de pecho.

Y olé.

Porque en muchas ocasiones, el dolor es mejor que la pena.

Decide tú que puedes.

domingo, 2 de febrero de 2014

La Marinera, Santander.



De esas tardes que te encuentras en casa estudiando los mercados monetarios y de repente escuchas la sirena de una barco despidiéndose de Santander. Y caes en la cuenta de lo maravilloso que es vivir en una ciudad bañada por el Cantábrico…aunque haya noches que se enfurezca y arrase con todo. Pero, ¿quién no ha vivido enfados en una relación? Pues ésta que el mar tiene con la ciudad no iba a ser menos.

Santander es salada. Y por ende sus huéspedes tenemos la gran suerte de viajar lejos y ansiar ese olor a salitre. A Machina que decimos los de aquí. Nos sentimos raros cuando nos entran las ganas de pasear y no tenemos orilla por la que caminar. No tenemos playa que enseñar, aún mejor si se va de la mano y es entre dos.

Tiene faltas, como todas (las novias me refiero). Pero sin ellas dejaría de ser ELLA.

Te cansas de sudar bajo la lluvia y de tiritar calado hasta los huesos. Pero al rato, respiras su perfume y le dices al oído (porque escucha): ¿Cómo no te voy a perdonar?



Santander , La Marinera, es la que más quiero yo.

Feliz Domingo.

viernes, 24 de enero de 2014

Can´t turn back the years.



Ese momento en el que, sin saber muy bien porqué, visitan tu cabeza las notas de aquella canción que hace tanto no escuchas. Y recuerdas cuando, con quince años, compraste aquel fantástico disco en aquella fantástica tienda del Santander de entonces. Drope se llamaba -la tienda-.

Y te prometes que al llegar a casa pondrás la habitación patas arriba con el objetivo, primero y último, de saborear las notas de esa bella canción.

Encuentras una carátula polvorienta entre los naufragios que contiene el baúl de mimbre del Bazar San Carlos que te regalaron cuando aún desconocías el significado del verbo "preocupar" en sus distintos tiempos verbales (me preocupas y me preocupo).

Con cuidado lo abres y aprecias lo que ese tesoro de LP significaba para ti. Las 1450 pelas que te costó (el disco y ahorrarlas) y el día que lo compraste. Una mañana de Sábado yendo a comer a casa de Tatá. Como todos los Sábados.

Excitado, corres hasta la minicadena -regalo de comunión- y seleccionas la canción número dos. Y mientras la escuchas con absoluto placer, te das cuenta de lo cierto de la letra.

Porque es verdad que no podemos recuperar el pasado, pero podemos -más bien debemos- hacer que al recordarlo en el presente, se convierta en la promesa del futuro.

Las canciones siguen pasando y no puedes evitar que tus pupilas queden regadas por el recuerdo de cuando era Sábado en Puertochico.

De las aceitunas Jolca, las bicis en Castelar y de lo bien que sabían sus besos.

Los besos, de Tatá.
La canción, de Phil...Collins, ¿quién si no?

martes, 21 de enero de 2014

Mejor así.

Esto no va como tú quieras.

No puedes aparecer y desaparecer como sí fueras el Guadiana y establecer contacto en madrugadas desveladas. Al menos, no conmigo.

No creo que te pille de sorpresa la vieja historia de que he sufrido mucho por todo lo que tuvimos. O mejor dicho, por como acabaste lo que tuvimos (tremendamente especial para mi). Así que haznos un favor a los dos: sigue desaparecida como has estado hasta ahora y bloquéame sí hace falta, vuelve a bloquearme. Porque sí bastante triste resulta escribir lo que tú lees en este blog (porque me consta que lo haces), aún lo es más que me digan que para escribir lo que escribo he debido de querer demasiado.

Te he tendido la mano en repetidas ocasiones. Tantas como tú la has rechazado.

Me considero un chico amable, educado y cariñoso. No hagas que tenga que cambiar de parecer.

Un beso y se Feliz.

Pero recuerda: siempre en mayúscula.

domingo, 19 de enero de 2014

Tipismo machinero y adiós.


A petición del público al que me debo, selecto, gentil y bonachón, escribo una mañana de Domingo éstas letras que empezáis a saborear.

El cliente siempre ha de llevar la razón. Que no quiere decir que la tenga empírica o científicamente, sino que su parecer ha de ser incuestionable para quien trabaja al otro lado del servicio. Podría hacer mio éste tópico, refiriéndome a los que os tomáis la sana molestia de dejaros caer por mi Puertochico (más de Curro y de Tatá), y os lo agradezco. Pero si lo hiciera estaría incurriendo en una absoluta falsedad. Es por esto por lo que hoy, enfilamos rumbo a otro puerto aprovechando que sopla surada en la bahía y dejamos atrás esos aires melancólicos que nos hicieron embarrancar. A vuestra salud. A la tuya también.

Época de exámenes. Enero y Febrero no serían los mismos sin el olor a café, archivadores a punto de decir basta, barba descuidada (o vintage, según los críticos) y el famoso paraninfo transformado en sede central de los amigos de los clubes sociales. El caso es que ayer me dejé caer por ahí con el objetivo claramente definido: estudiar. Y estudié. Y no es fácil, porque entre los "patrones del comercio intraindustrial" y una amigable conversación con la chica de la cafetería (y digo LA, no UNA), la tarde podría haber sido tremendamente perfecta, aunque hubiese vuelto a casa con los apuntes sin desembalar.

El caso es que ayer debió de ser mi día de suerte, porque estudié y la tarde fue tremendamente perfecta. No conversé, si es lo que os estáis preguntando, pero ocurrió algo mucho mejor que cien chicas como ella. Whatsapp con órdenes urgentes de vernos. La tarde se estaba poniendo on fire y había que reordenar filas dentro del ejército. Y a las ocho P.M pasadas, me encontraba rodeado de lo mejor de Santander y parte de Barrax (Albacete, no confundir con nada foráneo), copa en mano, riéndome a carcajadas del percal que tenía delante (algunos llevaban un día que se había ido complicando por momentos). Sea como fuere, la o las (según qué sujeto) copas se iban notando y se hacía indispensable hacer escala en algún puerto. Y recalamos en uno, pero ayer fue de montaña: El Fuente Dé, lugar desconocido que recoge la esencia del tipismo machinero más característico de nuestra tierruca...vinos, quesos, cecinas (de las de comer) y pimientos. Y risas, muchas risas. Y según iban cayendo las botellas (y no digo copas) de vino, las carcajadas iban siendo aún más sanas. Y las conversaciones aún más sórdidas, por culpa del cabrón del 6ºD que debe de ser un Diegu Gallu encarnado en Batman en esto de las prácticas amatorias. Entre tanto, apareció la mujer del visón. Le dimos charleta. Lo pasamos bien.

¿Dónde cae la ultima? Llevaba ya la cuenta perdida, y aún con profundas sospechas de que a esa hora, fuera a ser la última, me dejé embaucar. No fueron una, sino dos. Pero el garito lo merecía y la limonada también. La compañía está claro lo que se merece y no es terrenal. A la salida del puerto, algún bote comenzaba a zozobrar pero fuimos en busca del abrigo de un nuevo alfaque. Y ahí, si que sí, el naufragio no se hizo esperar. Algunos soltaron amarres antes de lo deseado y otros aguantamos un poco más. El caso es que a las 4:00 (pasamos a A.M) un pollo (y no precisamente camboyano) decidió recogerse en brazos de Morfeo.

La singladura fue sencilla. Los botes, los típicos de mi Puertochico. Los patrones, los mejores con los que iniciar una aventura con rumbo desconocido.

Soplan nuevos vientos y hay que aprovecharlos.

Llevamos mucho tiempo en las mismas aguas y hasta el marinero más experimentado necesita conocer nuevos caladeros. Hacia ellos me dirijo.

Gracias por haberme acompañando hasta aquí.

miércoles, 8 de enero de 2014

Cuestión de honor.

Debes soñar, pero no hacer de los sueños tu guía.
Debes pensar, pero no hacer de los pensamientos tu meta.
Cuando triunfo y derrota se crucen en tu camino, recuerda a ambos impostores tratar de igual manera.

Has de lograr hacer de nervios y corazón tus fieles compañeros.
No olvides, ante la multitud, dar a la virtud abrigo.
Aún cuando marches con reyes, guarda siempre tu sencillez.

Observa tras el cristal del día a día, esperando una vez más, reencontrarte contigo mismo.
No busques absorber la esencia de la vida de un solo suspiro.

El ayer, hoy es ya pasado.
Ten hambre de su voz, de su boca, de su pelo.

Lleva contigo su corazón.
Nunca estés sin el.

Y recuerda:
No eres mejor que nadie, pero lucha por ser más fuerte que todos.
Él te ayuda.
Tu único obstáculo eres TÚ.

jueves, 2 de enero de 2014

Deseos...y algo más.

"Esta mañana pasando por Reina Victoria,observaba la playa del Puntal y con anhelo recordaba esas tardes de verano contigo a mi lado en las que el tiempo no entendía de minuteros. Esos días de lanchas,soles y terrazas...y tú."

Sólo sé que te gustó.

La respuesta la reservo para mi. 

"Después de nuestro periplo, los dos volvemos a casa por Navidad...sólo puedo desear que este año empiece, continúe y finalice igual que lo ha hecho éste. Gracias por todo, pequetorpon."

Compartimos deseos
Pero lo mio era algo más.

Feliz 2014.


lunes, 30 de diciembre de 2013

À bientôt.


Penúltimo día del año, sí señor.

Y aquí seguimos un año más. Más viejos, un poco más gruñones, con alguna cicatriz más como consecuencia de arrimar demasiado -como los buenos toreros- y con el corazón algo más...¿desengañado?

Sea como fuere y sea cómo hemos llegado hasta aquí, el caso es que cerramos cuentas con el 2013. Hacemos balance, pero ésta vez a 30 de Diciembre.

Un año de promesas (como casi todos), de reencuentros, de estudio (y mucho), de verano con desengaño y desenlace fatal -como aquella peli mala del ´87-, de bloqueos, desbloqueos y tiro porque me toca, olé tú.

Un año de crisis (otro más), de viajes en balde, de Semanas muy Santas (gracias por venir), de comidas en El Puntal, de lloros, alegrías y frías despedidas en las que dije adiós a un tren vacío -al menos de ti-.

El caso es que la memoria -a veces más lista que un servidor- siempre acaba reuniendo las mejores piezas -aunque alguna no acabe de encajar bien- para así conformar un puzzle de recuerdos que revividos me hacen sonreir. Y con eso me conformo.

A éstas horas pero en otro tiempo pensaba en quién, por aquel entonces, debía. Supongo que fuese recíproco. Y supongo, que nunca fue asegurar.

Reconozco que me he vuelto algo más desconfiado, mucho más reflexivo y absolutamente YO. Pero gracias a ti, sigo siendo ese chico al que no hace tiempo describiste como "Juan, te haces querer, y mucho". Y sí, gracias a ser así, duermo tranquilo.

El equilibrio es imposible -cantaban "Los Piratas"- y nunca la perfección se hizo completa, pero al menos sé -o intuyo- que hallá por dónde he pasado -lugares, rincones y vidas- lo hecho tal y como lo hice contigo. Y si estoy equivocado, házmelo saber mediante correo postal -en el whatsapp estoy bajo arresto domiciliario-.

Adiós al 2013. Adiós a aquellos/as -insisto con el género, perdón- que decidieron viajar sin maleta de recuerdos.

Este es el último post del año.

Fue bonito mientras duró.

Sed muy felices y que el 2014 sea el año de la recuperación. Pero no sólo de la económica.

Se Feliz R.

O al menos, inténtalo.

Pero recuerda, siempre en mayúscula.

Porque ésta será la última vez que te quiera.


1:12, me despido.
Á bientôt.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Recordar y nunca olvidar.

Nunca olvidéis vuestros orígenes. Son los que hoy os han traído hasta aquí y los que mañana os llevarán a conquistar nuevas tierras.

No olvidéis las huellas y no olvidaréis el camino.
No olvidéis el camino y no olvidaréis el surco que sobre el hicistéis.
No olvidéis el surco y no olvidaréis la forja con la que moldearon vuestros orígenes.

Porque la vida es recordar y nunca olvidar.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Algo más que un "te quiero de momento".



Hay cosas en la vida que son maravillosas, jóvenes, sorprendentes, gratificantes, hermosas, llenas de vida y color. Por desgracia, muchas de ellas se pudren y se vuelven negras. Le sucede a las rosas, a la madera, a la piel...pero no le pasa igual al amor. Si piensas que sí, hablamos de amores diferentes.

Los seres humanos somos cuerpo. Pero somos algo más: somos personas, tenemos un interior tremendamente humano, muy nuestro; íntimo, de hogar, de afecto, inteligente y libre.

Derramamos lágrimas que expresan emociones, a veces muy elevadas. Somos muy humanos. Y es que los gestos de cariño, además de expresar eso, cariño, expresan también entrega personal en espera de ser respondida.
Al dar la mano, ofrecemos con ella algo de nosotros mismos. El gesto del abrazo es muy elocuente: es ofrecerse y a la vez poseer el cuerpo de otra persona por un momento.

Y es que no abrazamos a cualquiera por la calle. El abrazo pide confianza. Al igual que los besos. Tiene que haber de muchos tipos: de hijos, de nietos...al igual que hay modos de besar, de abrazar, que expresan un cariño distinto de los demás cariños. Uno que no se quiere compartir, que busca intimidad entre dos, para que nadie coja nada, ni siquiera con la vista.

Y aquí viene el pudor. Protegerte para que no te hagan objeto del placer. La gente guapa no necesitamos enseñar (risas, por incluirme) ya sabemos lo que somos. "no te fijes en eso que tienen todos, sino en mi".

Lo difícil es juzgar si cedemos al placer por amor o porque gusta. Soy de los que piensa que sólo el matrimonio demuestra que se hace por ambas cosas. Cualquiera podemos ofrecer sexo: basta con dejarnos llevar por el impulso. Pero no todos saben sacrificarse por los demás; ÉSTE ES EL AVAL VERDADERO QUE DEBERÍA BUSCAR UNA PERSONA PARA COMPARTIR SU AMOR, una vida.

No sabe sacrificarse quien desecha lo que exige sacrificio, y los defectos de otra persona lo exigen.

De todas maneras, creo que hay una verdadera liberación sexual. ¿y sabes cuál?: la del tiempo.

Ninguna persona quiere ser amada sólo por un tiempo, por muy grande que sea ese amor. "Te quiero por encima de todo y por eso te doy mi cuerpo. Pero dentro de un tiempo...¿quién sabe...?". "No hay nadie más para mi que tú...de momento" (todos lo hemos sufrido).

Y es que a veces se pierde el control. También con la expresión del cariño. No siempre se expresa lo que se quería, sino mucho más. Un afecto, y su gesto, llaman a otros mayores, crece la pasión, la temperatura; viene entonces el fuego y acabamos perdiendo el control. Cortar por lo sano es la solución, diría un cirujano en plena operación. Pues eso.

Porque si se llegó a todo con alguien antes de casarse, es mucho más fácil llegar a todo con alguien más después de casarse. "Si descorchas la botella, pueden beber todos". Dejamos el amor en un cajón y con él, la misma confianza que pedimos con el abrazo.

Porque el amor ha de ser y es paciente, es afable; no tiene envidias ni celos; no es presuntuoso; no es provocativo ni egoísta; no piensa mal. Disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, aguanta todo. El amor nunca muere. 

El amor es lo más grande que hay en esta vida y en la otra. 

Porque todos reclamamos un amor definitivo.

Porque todos pedimos algo más que un "te quiero de momento".

domingo, 8 de diciembre de 2013

Compromiso, lealtad y fidelidad.

Hoy camino por Santander y reflexiono.

Antes lo hice por otras ciudades, Pamplona la primera. Después fue Granada en Navidad, en verano y durante el resto del año. Pero Pamplona me gustó tanto que con los años y sin saberlo, volví.

Sevilla, como ciudad, necesita un post en solitario.

El caso es que insconcientemente me paso la vida haciendo balance. Sobre mi paso por la vida y también sobre el paso de otros y otras (por aquello de la equidad de género) por la mía.

Como escribí en "Veintipocos", con el tiempo, mi paso baja en intensidad pero gana, y hay que ver cómo gana, en calidad. Es irremediable que en nuestro paseo tengamos bajas, deserciones, huidas antes del amanecer...

Creo que en cada una de las ciudades que he visitado (todas ellas por placer) he dejado la mejor de mis huellas y el listón muy alto. No pretendo rayar con la arrogancia, pero tanto ellas - las ciudades, no confundir - como yo, sabemos que es cierto.

 A Granada la definí una vez, mientras nevando veía el atardecer desde el mirador de San Nicolás, como mi musa andalusí. Es la ciudad perfecta para comenzar cualquier reconquista. El perfecto laberinto donde perderte de la mano de la historia mora y cristiana. Mi rincón del Sur donde tomar unas cañas en "El nido del Búho"o donde presentarse ante una desconocida en la Ermita con Alhambra y jamón en la mano. Donde pasear feliz de la mano por el Paseo de los Tristes, o donde esperar en una M-30 que sólo existe en Madrid y en alguna facultad granadina.


 Pamplona (olvidarse de eso de Iruña) es señorial y elegante, como ella. Una ciudad distinguida y educada donde alcanzar la máxima expresión de lo que un día tú me hiciste entender por felicidad. Una ciudad en la que perdí mi virginidad en una azotea una noche de primavera en eso de la comida oriental (y no digo china).

Pamplona te invita a meditar paseando por la Ciudadela. Te invita los Sábados a partir de las 20:15 a la Clínica. Pamplona es "La Ciudad" después de Santander, no te pongas celosa tonta.

Como reza su emblema, "muy noble, muy leal y muy heroica ciudad de Pamplona".
Es esa ciudad que elegirías para quedarte a vivir, aún a pesar de que mi Cantábrico y su acento a sal tira mucho.

Pero tanto en el Sur, como en el norte, como en Navarra, como allá dónde la vida nos haga caer, debemos avanzar con paso firme, calidad y sin hacer daño - por eso hace tiempo te pedí que la próxima vez que pisases olvidases tus tacones en el armario -.

Y mientras, sigo paseando por la misma arena que tantas veces nos vio reir y que a escondidas nos vio querernos. Y aún sigo sin explicarme, el devenir de los acontecimientos. Quizás esté chapado a la antigua. Quizás tuviese razón aquella gaditana que un día me definió con una canción de "modestia aparte" (mente del siglo XX, corazón medieval).

En aras de una libertad individual buscamos toda clase de vacíos legales - si es que en esto del amor hay algún tipo de ley - para huir de compromisos, lealtades y fidelidad. Y llego a la conclusión de que ésta es la mejor manera para formar parte de un par de renglones en la vida de alguien.

Pero yo soy más de libros completos, con su prólogo, sus dos protagonistas y su final feliz. Y con la facilidad barroca para el desahogo verbal propia de un españolito que se precia, alzo el rostro al cielo y reniego en voz alta y clara del imperio del sol naciente y de todos esos momentos que en su día, y no hace tantos días, me hicieron tan feliz.

Y de repente, por la arena, te encuentras con un matrimonio (unos sesenta y pico tacos) paseando de la mano con un perro de fiel escudero y algo muy fuerte en sus miradas arrugadas. Y me los quedo mirando con admiración mientras se alejan, consolado de pronto como si un analgésico me recorriese las venas. Reconciliado con el mundo y con la vida, porque hoy he vuelto a ver lo que es amar con compromiso, lealtad y fidelidad.

martes, 3 de diciembre de 2013

Tatá

No me olvido de ti, tatá.

Y menos en un día como hoy, tres de Diciembre.

Llego ahora a casa de estudiar y de misa. Es la novena de La Inmaculada, y este año, mi primer año, estoy yendo todos los días.

Hoy era celebración doble. Por ella, pero sobre todo por ti. He leído, pues así me lo han pedido, y al volver al banco no he podido esconder las lágrimas que han empezado a asomar al acordarme de ti.

Al acordarme que de pequeño, pensaba que algo muy grande debías de sentir cuando ibas a misa, y que por eso ibas todos los días, a la misma hora, a la misma misa...

Veinticuatro años después he encontrado la respuesta a esa pregunta que me hacía. Y sé que has sido tú. Sé que desde el cielo me has contestado y me has invitado a sentir eso mismo que sentías tú al ponerte delante del Santísimo.

Gracias tatá. Gracias por seguir a mi lado. Por ayudarme como lo haces. Por aconsejarme, por templarme, por consolarme. Gracias por ser tú, por ser mi tatá.

Sé que desde el cielo nos proteges. Sé que desde el cielo nos cuidas.

Prométeme que seguirás haciéndolo.

Prométeme también que al leer esta carta que hoy te escribo no llorarás.

Yo te prometo que intentaré no hacerlo.

Te quiero Tatá.

Y mucho.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Pues eso...abrazos



Todo depende de tener algo muy fuerte en común. Algo que sintáis los dos con la misma intensidad. No sé si me explico. Desde ese momento, abrazarse es otra cosa. Enzarzarse en las ganas del otro hasta que se extingan. Me molan los abrazos bien dados. Resultan más cariñosos y memorables que cualquier palabra, gesto o relación. Es el único punto y seguido entre todo lo que podréis sentir. No sé por qué me ha dado hoy a mi por hablar de abrazos. Supongo que porque andamos muy faltos de ellos. O quizás, porque hoy a más de una le vendría muy bien. Sentir un abrazo de verdad. Del que sentía los Viernes o los Domingos de despedida. El caso es que lamentablemente, a los abrazos les pasa como a los besos, las caricias, los matrimonios, o las patadas en los huevos.
Si no los consumas a tiempo, acaban todos caducando