lunes, 11 de agosto de 2014

Ven a dormir conmigo. Capítulo III

(Hay días que te saltas algún capítulo. Como hoy).
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Tumbado en la arena de El Puntal algo se le vino a la cabeza. Mal de amores. Algo que para nada se cura fácilmente. Algo para lo que ningún laboratorio ha inventado la medicina perfecta. No hay remedios. ¡Otra vez no!- grito él. No sabía el motivo. Ni siquiera se acordaba de todo lo que dolía. Sólo sabía que el tiempo lo curaba, pero esta vez el tiempo le había fallado. Nunca creyó en las casualidades. Siempre las había definido como las cicatrices del destino. Y esta vez no iba a ser menos. 

Las últimas palabras que recordaba de ella fueron: -siento hacerte tan desdichado-. Eso y el latir de un reloj de alguna estación de tren. Solitario y asustado. Como él.

Hablando con la sombra proyectada sobre la orilla sentenció: -joder, estoy fuera de los recuerdos, del pasado, pero también estoy perdido. Antes o después las cosas que has dejado atrás te alcanzan, y las cosas más estúpidas, cuando estás enamorado, las recuerdas como las más bonitas. Porque su simplicidad no tiene comparación. Y me dan ganas de gritar. Lo jodido de gritar es que cuando lo haces en silencio, duele más-.

Mientras pasea absorto con el flamear de las velas del Cantábrico al fondo, se da cuenta de que lejos de haberlo dejado atrás, ha vuelto a caer en el agujero oscuro y profundo del que creía no lograría salir jamás. El mismo que tiempo atrás había definido como si una bomba hubiera estallado sobre él y hubiese destrozado su vida con un toque ligero, limpio y sutil. Todo lo que había vivido hasta ese momento se derrumbó, se destruyó, desapareció de este mundo y entonces se preguntó qué iba a ser de él, cómo iba a hacer para volver a sonreír.

Lo peor de todo es que salimos a la calle y vemos que la gente sigue riendo, los niños siguen jugando en el parque, las parejas siguen besándose como si no hubiera mañana (frase que aprendió de ella). Nada ha cambiado, todo permanece igual, sólo tú eres el distinto.

Las olas bañan sus pasos. Los de él. En singular. El agua está fría, advierte. Y piensa en lo que ella le dijo hace tiempo. –Deberíamos sintonizar mejor, ¿no crees? –Y ante el mismo escenario de aquella frase pero con distinta compañía piensa. - Sintonizar...¿qué querría decir? La sintonía es algo que tiene que ver con la música. El amor, en cambio, es cuando no respiras, cuando es absurdo, cuando echas de menos, cuando es bonito aunque esté desafinado, cuando es locura. Cuando sólo de pensar en verla con otro cruzarías a nado el océano, escalarías el Pico más alto o guardarías en un frasco todo el agua del mar.

Con la mirada perdida, revive aquella noche de velas y vestido rojo. La noche del magret y del champagne. Una noche que empezó a las cinco de la tarde entre fogones. Y recuerda su pregunta: - Siento curiosidad. ¿En qué pensabas esta noche mientras mirabas cómo dormía?
-Ah… -Se sienta y la sonríe-. Pensaba en la suerte que tengo. Pensaba: esta chica es realmente guapa. Y además pensaba en el momento que estamos viviendo y que...bueno mejor no te lo digo.
Ella se acercó y lo miró con ojos cariñosos, achispados, resplandecientes, llenos de entusiasmo.
-No tengas miedo. Corre, dímelo.
La miré a los ojos, inspiré profundamente y al final lo dije. -Pues que jamás me he sentido tan feliz en mi vida.

-Sé que te asustarías si te dijera te quiero otra vez. Así que, mejor te diré te prequiero. Porque tu inmadurez es superlativa para tu edad. Porque no pasa nada si miras a otras. Da susto, porque hace replantearte muchas cosas, pero no pasa nada si me acerco a ti y al oler tu pelo sigo sientiendo que eres mi alma gemela y que estoy en casa.

El pitido de un barco anunciando su entrada en la bahía le devuelve a la soledad de sus fríos pasos sobre la arena. Lo duro es que cuando un amor se acaba se puede encontrar todo, excepto el por qué. Y piensas cuál fue el fallo, qué hiciste mal. Atiende a lo que una vez escuchó decir en alguna terraza del sur: -"Alguien dijo una vez que en el momento en que te paras a pensar si quieres a alguien, ya has dejado de quererle para siempre...".- Y cae en la cuenta de que quizás, ella se paraba a pensar en silencio.
Hay instantes en la vida en que creemos saber que una mentira se parece mucho a una verdad, pero sólo quien las cuenta es capaz de distinguirlas. 

Comienza a chispear. El cielo se encapota y las manecillas del reloj de Tatá sugieren regresar a casa. Sólo se arrepiente de una cosa. De no haberla dicho: - Ven a dormir conmigo: no haremos el amor. Él nos hará-.


De eso y de haber aparcado tan lejos.

lunes, 4 de agosto de 2014

Al borde de la felicidad.



Sin darnos cuenta nos hemos plantado en Agosto. Hemos dejado atrás ya, las buenas intenciones con las que quisimos engañar al nuevo año. Nuestra sangre ha experimentado un año más, aquello que siempre prometió el refrán con la llegada de la primavera. Hemos sudado con algún examen y hemos gritado ¡soy libre! con el final del mismo, sin darnos cuenta de que nuestra esclavitud no tardaría en dejarse ver de nuevo.

Nos plantamos, me planto, ante las puertas de los veinticinco. El cuarto de siglo y/o la edad dorada, según quién. Y año tras año vamos sumando recuerdos, cicatrices, sonrisas, personas, amigos, experiencias...y también restamos o dividimos, en función de las preferencias.

Damos, doy, más valor a una discreta cena entre dos, a pasear con uno mismo cuando en ocasiones la compañía no es lo importante sino la causante. A los largos viajes por autopista en noches de invierno, primavera o verano.

Y es que a veces "dejarse llevar suena demasiado bien". Quizás sea por la incertidumbre de no saber dónde terminar, o empezar porqué no, lo que en ocasiones nos empuja a correr cuando ni siquiera hemos aprendido a caminar. Tal vez, a veces sólo sea cuestión de suerte. Tal vez ser valiente no sea sólo cuestión de verte. Y es que en ocasiones, lo mejor es aplaudir e irse, dejando que la actuación llegue a su fin. Aunque en el momento no lo pensemos. Aunque en el momento, no lo queramos pensar.

Considero a las personas y mis relaciones con ellas uno de los pilares básicos de la vida. Quizás por ello, en ocasiones haya sufrido más de lo necesario, haya recordado más de lo recomendado y haya añorado más de lo permitido pero creo que en la vida, al igual que en los toros, para conquistar la Puerta Grande, hace falta arrimarse al burel, arriesgar y a veces sentir el pitón. Sólo de esta manera, consigo sentirme vivo. Sientiendo.

Y no es ninguna declaración de principios. No lo es porque aún no he firmado mi final.

Cantaba Andrés Suarez: "tengo 26, soy feliz así, tengo tres amigos, dos hermanos, nada suelto...soy fruto de un cuento que escribió mi padre, mi madre lo cantó".

Y a veces estaremos desafinados entre la gente. Otras, quizás, lo estén con nosotros. Lo importante, al final, es encontrar la nota idónea que armonice nuestra melodía.

Habrá tardes de Domingo que pediremos a gritos ¡vuelve!, noches de fin de semana que susurraremos al oído "dame media noche más", veranos en los que en una estación de tren diremos entre lagrimas "no te vayas todavía"...y así, sólo así, a base de vivir, iremos -voy- escribiendo párrafos qué recordar. A veces torcidos, a veces a lápiz. Iremos pegando las fotos que nos recuerden los momentos vividos y las personas con las que los vivimos. A veces parecerán fotos agrietadas de un retrato de Dorian Grey. A veces nos harán sonreir, descolgar el teléfono y preguntar ¿qué tal te va?

Porque sólo el cerebro de los necios transforma la filosofía en tontería, la ciencia en superstición y el arte en pedantería.

Por todo esto y porque los veinticinco nunca llegan con la intención de quedarse, bebed vino, porque esta es la vida eterna. Es cuanto nos otorgará la juventud, es la estación del vino, las rosas y los amigos borrachos. Seamos felices por este momento porque este momento es nuestra vida.

"You must remember this
A kiss is just a kiss, a sigh is just a sigh.
The fundamental things apply
As time goes by".

No es ninguna declaración de principios.

Sí, mi carta de presentación.

"Être aimé est très différent d’être admiré, car l’on peut être admiré de loin, alors que pour aimer réellement quelqu’un, il est essentiel de se trouver dans la même chambre, et si possible sous le même drap."

martes, 10 de junio de 2014

A sky full of stars



Cuando sabes que, desde el cielo, la luz nunca se apaga.

Nunca te apagas Tatá.

Porque cuando oscurece, pienso en ti y no consigo conciliar el sueño.
A veces creo que si, pero en el fondo jamás he conseguido olvidarte. Jamás he querido olvidarte. Y es por esto por lo que hoy, no me preguntes porqué motivo, te siento conmigo más que nunca.

Hoy me ha dado por pensar entre apuntes y borrones.

Porque a veces me gustaría ser viento sin que lo supieras y escaparme por las noches para poder besarte.

Porque sin tu saberlo y sin yo esperarlo, un día me regalaste todo cuanto hoy soy, que es mucho menos de lo que guardas en cada arruga de tu frente...

Porque en ocasiones nos convertimos en fotografías sobre un marco viejo haciendo del resto un velero que ya no sabe nadar.

Pero siempre encontramos esa luz.

La misma que hace poco nos parecía la de un faro deshabitado.

Cuando sabes que, desde tierra, la luz que nos guía en alta mar nunca se apaga.

Nunca te apagues.




lunes, 28 de abril de 2014

En silencio y sin cruzar una palabra.

Porque al nacer, en vez de la barra de pan yo preferiría traer bajo el brazo un manual de instrucciones. Y en determinados pasajes de nuestra vida poder echar un vistazo a la página en la que deberían de enseñarnos a permanecer estoicos frente a los embates del Cantábrico. Porque a veces se encabrita y cuando lo hace, mantenerse firme se convierte en casi un imposible.

Deberían de enseñarnos a cómo enfrentarnos ante el éxito y el fracaso, el romance y el desamor, la verdad y la mentira.

Instrucciones de cómo deberíamos actuar cuando el mundo parece desvanecerse sobre nosotros, cuando la mochila que llevamos a la espalda comienza a pesar o cuando creemos - que nunca es cierto- tener el mundo a nuestros pies.

El caso es que si existiera ésta posibilidad, muchos estarían dispuestos a renunciar a ellos mismos. Y seguramente ganasen en calidad. No lo dudo. Pero me considero un chico con sentimientos a los que me gusta ponerles nombre y apellidos. Sentimientos con rostro, escenario y expresión. Y la verdad, me gusta la gente que siente como yo. La gente que se emociona al ver unos ojos, creyendo que debe haber sal dentro de esa mirada que les cura tanto. La misma gente que se estremece con el latir de las teclas de un piano viejo y abandonado. La que tiembla y despierta al suave tacto de una caricia entre edredones. La que disfruta sobre la arena del mar como colchón mientras el sol, tímido, se esconde de vuelta a casa.

Instrucciones, éstas, que son nuestras. Que son mías. Que nadie jamás nos enseñó a utilizar pero que orgullosos, demostramos en el día a día. Porque aunque creamos que no, incluso el día a día podemos convertir en la mejor expresión que recordar a lo largo de nuestra vida.

Porque lo importante - y para uno de Santander lo es aún más - es que jamás nos falte ni vela ni corriente al navegar.


El mar dejadme que corra por mi cuenta. Para eso, soy de donde soy.

sábado, 5 de abril de 2014

Creo en Dios.



Noche de sábado, teoría -de juegos- y reflexiones a media luz…no es un articulo con pretensiones de erudición ni mucho menos. Simplemente me ha dado por pensar y compartirlo.

La existencia de Dios siempre ha sido una de las grandes cuestiones humanas debido a su carácter tan sorprendentemente comprometedor. Empleamos todo nuestro poderío, o al menos algunos lo intentamos, en encontrar respuestas a los grandes interrogantes que conforman nuestra condición humana y que al igual que ayer, hoy se presentan en lo más profundo de nuestro ser: el sentido de nuestra vida –si es que lo tiene-, el bien y el mal, la muerte, nuestro origen como parte del universo, la familia, la búsqueda de la felicidad…todas y cada una de ellas orientadas hacia la existencia de “algo” que consigue dar sentido a nuestra presencia aquí y ahora.

 Habrá quién acepte como primera y única teoría que todo –o al menos gran parte- de lo que somos y nos rodea se deba al azar, la probabilidad y la casuística. Pero en pleno siglo XXI y con la presencia de una ciencia que evoluciona a cada milisegundo, me parece un poco difícil defender que la perfecta armonía del universo y de sus leyes obedezca a una evolución del azar. Porque soy de los que piensa que allí donde existe un plan siempre hay alguien que planifica. Y cuando el plan adquiere la dimensión del que, entre manos tenemos, al que planifica se le llama Creador y su naturaleza trasciende cualquier medida.

Otra teoría podría ser la de aceptar con humildad a Dios. Una vez leí –y ahora no recuerdo donde- que el acto más propio y verdaderamente humano era la aceptación de la voluntad de Dios. ¿Pero cómo reconocer la realidad de nuestra condición y aceptarnos a nosotros mismos como seres creados por Dios sujetos a un orden natural? Sería totalmente ilógico que no nos costase aceptarlo, pues todo lo que supone comprometerse, acarrea a largo plazo hipotecar nuestra libertad.
Pero aceptar a Dios no es sinónimo de anular nuestra libertad sino de emplearla y de elegir: “Si rompes tus cadenas, te liberas; pero, si cortas con tus raíces, mueres”. Y cuanto mejor elegimos y más nos comprometemos con lo elegido, más nos enriquecemos a nosotros mismos y a las personas que elegimos para que nos acompañen en nuestro caminar. Y si nuestra elección supone un compromiso que refuerza algo que es propio de nuestra naturaleza, será éste el uso más acertado de nuestra libertad. Habremos dado un paso más hacia nuestra plenitud como hombres. Al menos, eso llevo aprendido yo.

Escribía Gasset: “Quien, en nombre de la libertad, renuncia a ser el que tiene que ser, ya se ha matado en vida; es un suicida en pie. Su existencia consistirá en una perpetua fuga de la realidad que podía ser”.

No creamos que la conciencia es una mera imposición social al igual que el alma es una mera utopía religiosa Al igual que una nevera no funciona si no se enchufa, la inteligencia no actúa sin la ayuda del cerebro. Pero ni enchufe ni cerebro son causas, sino condiciones.

Me acuesto y rezo –no por aplacar mi conciencia-. Doy gracias y me acuerdo de vosotros –Curro y Tatá-. Porque me gusta pensar y/o creer que en un mundo 2.0 plus, sigue existiendo “algo” que se escapa del entendimiento y del control humano. Que de ese “algo” venimos y a hacia ese “algo” caminamos. Que ese “algo” para mi es Dios y que a cada paso que doy Él camina conmigo.

Porque como escribía Dickens: “Nunca sabe un hombre de que es capaz hasta que lo intenta.”



¿Por qué no probar? 

domingo, 23 de marzo de 2014

"Bañada en salitre"




Hace años le escuché tocar junto a Antonio Vega en uno de mis primeros periplos romanceros por Pamplona.

Y aunque con dieciocho años me parecía que nada sería para siempre, ésta canción confirma que los dieciocho son pasajeros y gracias a Dios la cordura, en algún momento, se instaló en mi sin visos de que fuese a huir. Aunque a veces haga sus escapadas y me deje con la desprotección propia de un pesquero al través del barlovento.

El caso es que en Domingos como el de hoy, grises, tristes y lluviosos, la memoria me lleva a través de sus -nuestros- recuerdos a paisajes del Sur, del Norte, de Castilla...recuerdos de pequeño cuando corría "corito" por Ris con toda la familia. Cuando los bocadillos de tortilla de mi madre eran una tradición en jornadas maratonianas de playa en la Segunda del Sardi. Al sabor del mar cuando los Domingos íbamos a pescar a Corcho.

El caso es que en Domingos como el de hoy, me vuelve el sabor de los besos salados que me daban saliendo del agua del Puntal.
El mismo sabor a sal con el que se iba los Domingos a la ciudad de la "Bella desconocida".
El mismo sabor que echaba en falta al volver a Santander cuando a quién ella echaba en falta era...

Y es que soy como algunas flores que crecen en las dunas, que al subir la marea se hacen invisibles.
Y es que algunas duermen a la luz de la luna persiguiendo sueños imposibles.
Así soy yo.

El caso es que como cantaba aquella noche de San Fermín -no yo- "bañada en salitre flota en la memoria de los días grises".
 


No sabéis de quién se trata, aunque no haga falta imaginar que el color carmín de sus labios siempre deja marca.

Para bien o para mal.

Porque "de alguna manera tendré que olvidarte, tengo que olvidarte de alguna manera".

Un beso y cuidado al salpicar.

lunes, 17 de marzo de 2014

Disfruta tú también.



La esperanza es lo primero que se pierde cuando alguien se cruza en tu camino y te tuerce los pies.


Y en ese mismo momento las flores se convierten en pisadas sin relojes, sin arena, ni lápiz, ni papel...


Soy de los que piensa que un segundo es demasiado tiempo y que ya no hay invierno que no entienda de amor.


Porque desde hace tiempo prefiero no bailar, a recoger tus pasos.


Porque como escribía Sabina (con intercambio de papeles): "Peor para el sol que se mete a las siete en la cuna del mar a roncar, mientras un servidor le levanta la falda a la luna.


Porque últimamente disfruto viendo amanecer con los Raqueros al borde del mar.




domingo, 23 de febrero de 2014

Borrador



El título de éste pensamiento que comparto, no es más que el lugar en el que hoy guardo aquello que diría con el corazón en la mano pero que prefiero callar con la cabeza en su sitio.

Hay tantísimas ocasiones en las que nos callamos y con seguridad erramos. Pero hoy, la prudencia -una de las cuatro virtudes cardinales- me asegura que, sin duda, el mejor estado es el de "no entregado"

¿Recuerdas cuando el mar en el que te bañabas nos contemplaba tan inmenso? ¿cuando la tarde caía con nosotros entre besos?

Recuerdo como la dignidad esperó a que volviera.

Igual que cuando el espada deja pasar el burel con un pase de pecho.

Y olé.

Porque en muchas ocasiones, el dolor es mejor que la pena.

Decide tú que puedes.

domingo, 2 de febrero de 2014

La Marinera, Santander.



De esas tardes que te encuentras en casa estudiando los mercados monetarios y de repente escuchas la sirena de una barco despidiéndose de Santander. Y caes en la cuenta de lo maravilloso que es vivir en una ciudad bañada por el Cantábrico…aunque haya noches que se enfurezca y arrase con todo. Pero, ¿quién no ha vivido enfados en una relación? Pues ésta que el mar tiene con la ciudad no iba a ser menos.

Santander es salada. Y por ende sus huéspedes tenemos la gran suerte de viajar lejos y ansiar ese olor a salitre. A Machina que decimos los de aquí. Nos sentimos raros cuando nos entran las ganas de pasear y no tenemos orilla por la que caminar. No tenemos playa que enseñar, aún mejor si se va de la mano y es entre dos.

Tiene faltas, como todas (las novias me refiero). Pero sin ellas dejaría de ser ELLA.

Te cansas de sudar bajo la lluvia y de tiritar calado hasta los huesos. Pero al rato, respiras su perfume y le dices al oído (porque escucha): ¿Cómo no te voy a perdonar?



Santander , La Marinera, es la que más quiero yo.

Feliz Domingo.

viernes, 24 de enero de 2014

Can´t turn back the years.



Ese momento en el que, sin saber muy bien porqué, visitan tu cabeza las notas de aquella canción que hace tanto no escuchas. Y recuerdas cuando, con quince años, compraste aquel fantástico disco en aquella fantástica tienda del Santander de entonces. Drope se llamaba -la tienda-.

Y te prometes que al llegar a casa pondrás la habitación patas arriba con el objetivo, primero y último, de saborear las notas de esa bella canción.

Encuentras una carátula polvorienta entre los naufragios que contiene el baúl de mimbre del Bazar San Carlos que te regalaron cuando aún desconocías el significado del verbo "preocupar" en sus distintos tiempos verbales (me preocupas y me preocupo).

Con cuidado lo abres y aprecias lo que ese tesoro de LP significaba para ti. Las 1450 pelas que te costó (el disco y ahorrarlas) y el día que lo compraste. Una mañana de Sábado yendo a comer a casa de Tatá. Como todos los Sábados.

Excitado, corres hasta la minicadena -regalo de comunión- y seleccionas la canción número dos. Y mientras la escuchas con absoluto placer, te das cuenta de lo cierto de la letra.

Porque es verdad que no podemos recuperar el pasado, pero podemos -más bien debemos- hacer que al recordarlo en el presente, se convierta en la promesa del futuro.

Las canciones siguen pasando y no puedes evitar que tus pupilas queden regadas por el recuerdo de cuando era Sábado en Puertochico.

De las aceitunas Jolca, las bicis en Castelar y de lo bien que sabían sus besos.

Los besos, de Tatá.
La canción, de Phil...Collins, ¿quién si no?

martes, 21 de enero de 2014

Mejor así.

Esto no va como tú quieras.

No puedes aparecer y desaparecer como sí fueras el Guadiana y establecer contacto en madrugadas desveladas. Al menos, no conmigo.

No creo que te pille de sorpresa la vieja historia de que he sufrido mucho por todo lo que tuvimos. O mejor dicho, por como acabaste lo que tuvimos (tremendamente especial para mi). Así que haznos un favor a los dos: sigue desaparecida como has estado hasta ahora y bloquéame sí hace falta, vuelve a bloquearme. Porque sí bastante triste resulta escribir lo que tú lees en este blog (porque me consta que lo haces), aún lo es más que me digan que para escribir lo que escribo he debido de querer demasiado.

Te he tendido la mano en repetidas ocasiones. Tantas como tú la has rechazado.

Me considero un chico amable, educado y cariñoso. No hagas que tenga que cambiar de parecer.

Un beso y se Feliz.

Pero recuerda: siempre en mayúscula.

domingo, 19 de enero de 2014

Tipismo machinero y adiós.


A petición del público al que me debo, selecto, gentil y bonachón, escribo una mañana de Domingo éstas letras que empezáis a saborear.

El cliente siempre ha de llevar la razón. Que no quiere decir que la tenga empírica o científicamente, sino que su parecer ha de ser incuestionable para quien trabaja al otro lado del servicio. Podría hacer mio éste tópico, refiriéndome a los que os tomáis la sana molestia de dejaros caer por mi Puertochico (más de Curro y de Tatá), y os lo agradezco. Pero si lo hiciera estaría incurriendo en una absoluta falsedad. Es por esto por lo que hoy, enfilamos rumbo a otro puerto aprovechando que sopla surada en la bahía y dejamos atrás esos aires melancólicos que nos hicieron embarrancar. A vuestra salud. A la tuya también.

Época de exámenes. Enero y Febrero no serían los mismos sin el olor a café, archivadores a punto de decir basta, barba descuidada (o vintage, según los críticos) y el famoso paraninfo transformado en sede central de los amigos de los clubes sociales. El caso es que ayer me dejé caer por ahí con el objetivo claramente definido: estudiar. Y estudié. Y no es fácil, porque entre los "patrones del comercio intraindustrial" y una amigable conversación con la chica de la cafetería (y digo LA, no UNA), la tarde podría haber sido tremendamente perfecta, aunque hubiese vuelto a casa con los apuntes sin desembalar.

El caso es que ayer debió de ser mi día de suerte, porque estudié y la tarde fue tremendamente perfecta. No conversé, si es lo que os estáis preguntando, pero ocurrió algo mucho mejor que cien chicas como ella. Whatsapp con órdenes urgentes de vernos. La tarde se estaba poniendo on fire y había que reordenar filas dentro del ejército. Y a las ocho P.M pasadas, me encontraba rodeado de lo mejor de Santander y parte de Barrax (Albacete, no confundir con nada foráneo), copa en mano, riéndome a carcajadas del percal que tenía delante (algunos llevaban un día que se había ido complicando por momentos). Sea como fuere, la o las (según qué sujeto) copas se iban notando y se hacía indispensable hacer escala en algún puerto. Y recalamos en uno, pero ayer fue de montaña: El Fuente Dé, lugar desconocido que recoge la esencia del tipismo machinero más característico de nuestra tierruca...vinos, quesos, cecinas (de las de comer) y pimientos. Y risas, muchas risas. Y según iban cayendo las botellas (y no digo copas) de vino, las carcajadas iban siendo aún más sanas. Y las conversaciones aún más sórdidas, por culpa del cabrón del 6ºD que debe de ser un Diegu Gallu encarnado en Batman en esto de las prácticas amatorias. Entre tanto, apareció la mujer del visón. Le dimos charleta. Lo pasamos bien.

¿Dónde cae la ultima? Llevaba ya la cuenta perdida, y aún con profundas sospechas de que a esa hora, fuera a ser la última, me dejé embaucar. No fueron una, sino dos. Pero el garito lo merecía y la limonada también. La compañía está claro lo que se merece y no es terrenal. A la salida del puerto, algún bote comenzaba a zozobrar pero fuimos en busca del abrigo de un nuevo alfaque. Y ahí, si que sí, el naufragio no se hizo esperar. Algunos soltaron amarres antes de lo deseado y otros aguantamos un poco más. El caso es que a las 4:00 (pasamos a A.M) un pollo (y no precisamente camboyano) decidió recogerse en brazos de Morfeo.

La singladura fue sencilla. Los botes, los típicos de mi Puertochico. Los patrones, los mejores con los que iniciar una aventura con rumbo desconocido.

Soplan nuevos vientos y hay que aprovecharlos.

Llevamos mucho tiempo en las mismas aguas y hasta el marinero más experimentado necesita conocer nuevos caladeros. Hacia ellos me dirijo.

Gracias por haberme acompañando hasta aquí.

miércoles, 8 de enero de 2014

Cuestión de honor.

Debes soñar, pero no hacer de los sueños tu guía.
Debes pensar, pero no hacer de los pensamientos tu meta.
Cuando triunfo y derrota se crucen en tu camino, recuerda a ambos impostores tratar de igual manera.

Has de lograr hacer de nervios y corazón tus fieles compañeros.
No olvides, ante la multitud, dar a la virtud abrigo.
Aún cuando marches con reyes, guarda siempre tu sencillez.

Observa tras el cristal del día a día, esperando una vez más, reencontrarte contigo mismo.
No busques absorber la esencia de la vida de un solo suspiro.

El ayer, hoy es ya pasado.
Ten hambre de su voz, de su boca, de su pelo.

Lleva contigo su corazón.
Nunca estés sin el.

Y recuerda:
No eres mejor que nadie, pero lucha por ser más fuerte que todos.
Él te ayuda.
Tu único obstáculo eres TÚ.

jueves, 2 de enero de 2014

Deseos...y algo más.

"Esta mañana pasando por Reina Victoria,observaba la playa del Puntal y con anhelo recordaba esas tardes de verano contigo a mi lado en las que el tiempo no entendía de minuteros. Esos días de lanchas,soles y terrazas...y tú."

Sólo sé que te gustó.

La respuesta la reservo para mi. 

"Después de nuestro periplo, los dos volvemos a casa por Navidad...sólo puedo desear que este año empiece, continúe y finalice igual que lo ha hecho éste. Gracias por todo, pequetorpon."

Compartimos deseos
Pero lo mio era algo más.

Feliz 2014.


lunes, 30 de diciembre de 2013

À bientôt.


Penúltimo día del año, sí señor.

Y aquí seguimos un año más. Más viejos, un poco más gruñones, con alguna cicatriz más como consecuencia de arrimar demasiado -como los buenos toreros- y con el corazón algo más...¿desengañado?

Sea como fuere y sea cómo hemos llegado hasta aquí, el caso es que cerramos cuentas con el 2013. Hacemos balance, pero ésta vez a 30 de Diciembre.

Un año de promesas (como casi todos), de reencuentros, de estudio (y mucho), de verano con desengaño y desenlace fatal -como aquella peli mala del ´87-, de bloqueos, desbloqueos y tiro porque me toca, olé tú.

Un año de crisis (otro más), de viajes en balde, de Semanas muy Santas (gracias por venir), de comidas en El Puntal, de lloros, alegrías y frías despedidas en las que dije adiós a un tren vacío -al menos de ti-.

El caso es que la memoria -a veces más lista que un servidor- siempre acaba reuniendo las mejores piezas -aunque alguna no acabe de encajar bien- para así conformar un puzzle de recuerdos que revividos me hacen sonreir. Y con eso me conformo.

A éstas horas pero en otro tiempo pensaba en quién, por aquel entonces, debía. Supongo que fuese recíproco. Y supongo, que nunca fue asegurar.

Reconozco que me he vuelto algo más desconfiado, mucho más reflexivo y absolutamente YO. Pero gracias a ti, sigo siendo ese chico al que no hace tiempo describiste como "Juan, te haces querer, y mucho". Y sí, gracias a ser así, duermo tranquilo.

El equilibrio es imposible -cantaban "Los Piratas"- y nunca la perfección se hizo completa, pero al menos sé -o intuyo- que hallá por dónde he pasado -lugares, rincones y vidas- lo hecho tal y como lo hice contigo. Y si estoy equivocado, házmelo saber mediante correo postal -en el whatsapp estoy bajo arresto domiciliario-.

Adiós al 2013. Adiós a aquellos/as -insisto con el género, perdón- que decidieron viajar sin maleta de recuerdos.

Este es el último post del año.

Fue bonito mientras duró.

Sed muy felices y que el 2014 sea el año de la recuperación. Pero no sólo de la económica.

Se Feliz R.

O al menos, inténtalo.

Pero recuerda, siempre en mayúscula.

Porque ésta será la última vez que te quiera.


1:12, me despido.
Á bientôt.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Recordar y nunca olvidar.

Nunca olvidéis vuestros orígenes. Son los que hoy os han traído hasta aquí y los que mañana os llevarán a conquistar nuevas tierras.

No olvidéis las huellas y no olvidaréis el camino.
No olvidéis el camino y no olvidaréis el surco que sobre el hicistéis.
No olvidéis el surco y no olvidaréis la forja con la que moldearon vuestros orígenes.

Porque la vida es recordar y nunca olvidar.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Algo más que un "te quiero de momento".



Hay cosas en la vida que son maravillosas, jóvenes, sorprendentes, gratificantes, hermosas, llenas de vida y color. Por desgracia, muchas de ellas se pudren y se vuelven negras. Le sucede a las rosas, a la madera, a la piel...pero no le pasa igual al amor. Si piensas que sí, hablamos de amores diferentes.

Los seres humanos somos cuerpo. Pero somos algo más: somos personas, tenemos un interior tremendamente humano, muy nuestro; íntimo, de hogar, de afecto, inteligente y libre.

Derramamos lágrimas que expresan emociones, a veces muy elevadas. Somos muy humanos. Y es que los gestos de cariño, además de expresar eso, cariño, expresan también entrega personal en espera de ser respondida.
Al dar la mano, ofrecemos con ella algo de nosotros mismos. El gesto del abrazo es muy elocuente: es ofrecerse y a la vez poseer el cuerpo de otra persona por un momento.

Y es que no abrazamos a cualquiera por la calle. El abrazo pide confianza. Al igual que los besos. Tiene que haber de muchos tipos: de hijos, de nietos...al igual que hay modos de besar, de abrazar, que expresan un cariño distinto de los demás cariños. Uno que no se quiere compartir, que busca intimidad entre dos, para que nadie coja nada, ni siquiera con la vista.

Y aquí viene el pudor. Protegerte para que no te hagan objeto del placer. La gente guapa no necesitamos enseñar (risas, por incluirme) ya sabemos lo que somos. "no te fijes en eso que tienen todos, sino en mi".

Lo difícil es juzgar si cedemos al placer por amor o porque gusta. Soy de los que piensa que sólo el matrimonio demuestra que se hace por ambas cosas. Cualquiera podemos ofrecer sexo: basta con dejarnos llevar por el impulso. Pero no todos saben sacrificarse por los demás; ÉSTE ES EL AVAL VERDADERO QUE DEBERÍA BUSCAR UNA PERSONA PARA COMPARTIR SU AMOR, una vida.

No sabe sacrificarse quien desecha lo que exige sacrificio, y los defectos de otra persona lo exigen.

De todas maneras, creo que hay una verdadera liberación sexual. ¿y sabes cuál?: la del tiempo.

Ninguna persona quiere ser amada sólo por un tiempo, por muy grande que sea ese amor. "Te quiero por encima de todo y por eso te doy mi cuerpo. Pero dentro de un tiempo...¿quién sabe...?". "No hay nadie más para mi que tú...de momento" (todos lo hemos sufrido).

Y es que a veces se pierde el control. También con la expresión del cariño. No siempre se expresa lo que se quería, sino mucho más. Un afecto, y su gesto, llaman a otros mayores, crece la pasión, la temperatura; viene entonces el fuego y acabamos perdiendo el control. Cortar por lo sano es la solución, diría un cirujano en plena operación. Pues eso.

Porque si se llegó a todo con alguien antes de casarse, es mucho más fácil llegar a todo con alguien más después de casarse. "Si descorchas la botella, pueden beber todos". Dejamos el amor en un cajón y con él, la misma confianza que pedimos con el abrazo.

Porque el amor ha de ser y es paciente, es afable; no tiene envidias ni celos; no es presuntuoso; no es provocativo ni egoísta; no piensa mal. Disculpa sin límites, confía sin límites, espera sin límites, aguanta todo. El amor nunca muere. 

El amor es lo más grande que hay en esta vida y en la otra. 

Porque todos reclamamos un amor definitivo.

Porque todos pedimos algo más que un "te quiero de momento".

domingo, 8 de diciembre de 2013

Compromiso, lealtad y fidelidad.

Hoy camino por Santander y reflexiono.

Antes lo hice por otras ciudades, Pamplona la primera. Después fue Granada en Navidad, en verano y durante el resto del año. Pero Pamplona me gustó tanto que con los años y sin saberlo, volví.

Sevilla, como ciudad, necesita un post en solitario.

El caso es que insconcientemente me paso la vida haciendo balance. Sobre mi paso por la vida y también sobre el paso de otros y otras (por aquello de la equidad de género) por la mía.

Como escribí en "Veintipocos", con el tiempo, mi paso baja en intensidad pero gana, y hay que ver cómo gana, en calidad. Es irremediable que en nuestro paseo tengamos bajas, deserciones, huidas antes del amanecer...

Creo que en cada una de las ciudades que he visitado (todas ellas por placer) he dejado la mejor de mis huellas y el listón muy alto. No pretendo rayar con la arrogancia, pero tanto ellas - las ciudades, no confundir - como yo, sabemos que es cierto.

 A Granada la definí una vez, mientras nevando veía el atardecer desde el mirador de San Nicolás, como mi musa andalusí. Es la ciudad perfecta para comenzar cualquier reconquista. El perfecto laberinto donde perderte de la mano de la historia mora y cristiana. Mi rincón del Sur donde tomar unas cañas en "El nido del Búho"o donde presentarse ante una desconocida en la Ermita con Alhambra y jamón en la mano. Donde pasear feliz de la mano por el Paseo de los Tristes, o donde esperar en una M-30 que sólo existe en Madrid y en alguna facultad granadina.


 Pamplona (olvidarse de eso de Iruña) es señorial y elegante, como ella. Una ciudad distinguida y educada donde alcanzar la máxima expresión de lo que un día tú me hiciste entender por felicidad. Una ciudad en la que perdí mi virginidad en una azotea una noche de primavera en eso de la comida oriental (y no digo china).

Pamplona te invita a meditar paseando por la Ciudadela. Te invita los Sábados a partir de las 20:15 a la Clínica. Pamplona es "La Ciudad" después de Santander, no te pongas celosa tonta.

Como reza su emblema, "muy noble, muy leal y muy heroica ciudad de Pamplona".
Es esa ciudad que elegirías para quedarte a vivir, aún a pesar de que mi Cantábrico y su acento a sal tira mucho.

Pero tanto en el Sur, como en el norte, como en Navarra, como allá dónde la vida nos haga caer, debemos avanzar con paso firme, calidad y sin hacer daño - por eso hace tiempo te pedí que la próxima vez que pisases olvidases tus tacones en el armario -.

Y mientras, sigo paseando por la misma arena que tantas veces nos vio reir y que a escondidas nos vio querernos. Y aún sigo sin explicarme, el devenir de los acontecimientos. Quizás esté chapado a la antigua. Quizás tuviese razón aquella gaditana que un día me definió con una canción de "modestia aparte" (mente del siglo XX, corazón medieval).

En aras de una libertad individual buscamos toda clase de vacíos legales - si es que en esto del amor hay algún tipo de ley - para huir de compromisos, lealtades y fidelidad. Y llego a la conclusión de que ésta es la mejor manera para formar parte de un par de renglones en la vida de alguien.

Pero yo soy más de libros completos, con su prólogo, sus dos protagonistas y su final feliz. Y con la facilidad barroca para el desahogo verbal propia de un españolito que se precia, alzo el rostro al cielo y reniego en voz alta y clara del imperio del sol naciente y de todos esos momentos que en su día, y no hace tantos días, me hicieron tan feliz.

Y de repente, por la arena, te encuentras con un matrimonio (unos sesenta y pico tacos) paseando de la mano con un perro de fiel escudero y algo muy fuerte en sus miradas arrugadas. Y me los quedo mirando con admiración mientras se alejan, consolado de pronto como si un analgésico me recorriese las venas. Reconciliado con el mundo y con la vida, porque hoy he vuelto a ver lo que es amar con compromiso, lealtad y fidelidad.

martes, 3 de diciembre de 2013

Tatá

No me olvido de ti, tatá.

Y menos en un día como hoy, tres de Diciembre.

Llego ahora a casa de estudiar y de misa. Es la novena de La Inmaculada, y este año, mi primer año, estoy yendo todos los días.

Hoy era celebración doble. Por ella, pero sobre todo por ti. He leído, pues así me lo han pedido, y al volver al banco no he podido esconder las lágrimas que han empezado a asomar al acordarme de ti.

Al acordarme que de pequeño, pensaba que algo muy grande debías de sentir cuando ibas a misa, y que por eso ibas todos los días, a la misma hora, a la misma misa...

Veinticuatro años después he encontrado la respuesta a esa pregunta que me hacía. Y sé que has sido tú. Sé que desde el cielo me has contestado y me has invitado a sentir eso mismo que sentías tú al ponerte delante del Santísimo.

Gracias tatá. Gracias por seguir a mi lado. Por ayudarme como lo haces. Por aconsejarme, por templarme, por consolarme. Gracias por ser tú, por ser mi tatá.

Sé que desde el cielo nos proteges. Sé que desde el cielo nos cuidas.

Prométeme que seguirás haciéndolo.

Prométeme también que al leer esta carta que hoy te escribo no llorarás.

Yo te prometo que intentaré no hacerlo.

Te quiero Tatá.

Y mucho.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Pues eso...abrazos



Todo depende de tener algo muy fuerte en común. Algo que sintáis los dos con la misma intensidad. No sé si me explico. Desde ese momento, abrazarse es otra cosa. Enzarzarse en las ganas del otro hasta que se extingan. Me molan los abrazos bien dados. Resultan más cariñosos y memorables que cualquier palabra, gesto o relación. Es el único punto y seguido entre todo lo que podréis sentir. No sé por qué me ha dado hoy a mi por hablar de abrazos. Supongo que porque andamos muy faltos de ellos. O quizás, porque hoy a más de una le vendría muy bien. Sentir un abrazo de verdad. Del que sentía los Viernes o los Domingos de despedida. El caso es que lamentablemente, a los abrazos les pasa como a los besos, las caricias, los matrimonios, o las patadas en los huevos.
Si no los consumas a tiempo, acaban todos caducando

domingo, 24 de noviembre de 2013

Sobre mujeres, públicas y repúblicas.

Si pública es la mujer 
que por puta es conocida, 
República debe ser la que más es prostituída. 

Siguiendo así el parecer 
de esta lógica absoluta, 
todo aquel que se refuta, 
de república hijo, 
viene a ser, a plazo fijo, 
el hijo de la gran puta.

Te doy, me dio, media noche.



Pocas letras en mi vida sin tachar ni una sola frase.

Porque normalmente cuando uno escribe va cambiando cosas, quita algunas y añade otras...pero cuando lo haces así al tirón es que es muy verdad. 

Tan verdad que está muy adentro y la mano sola empieza a teclear.

Nunca me gustó cuestionar esto del amor, ¿por qué? porque el amor es cosa de dos y siempre es a primera vista. 

Si tú ves a una chica y ella no se enamora como tú de ella, sal de ahí.

Yo intente convencer y explicar esto mismo a una persona y ella me contestó: 

-"Tienes media noche". -

Una persona con la que yo hablé una noche de Julio en Santander y desde ese momento supe que quería hablar con ella todas las noches.

¿Cómo coño en media noche convences a una persona de que lo que tú quieres es una vida y media?

Estoy bien. 

La única putada es que en el momento en que lo cuestiona no está sintiendo lo mismo que tú. Yo me di cuenta tarde. Pero por lo menos salen letras. 

Como ésta. 

Tan cierta como que aquella noche era Jueves 26.

"Bailo contigo en la distancia, supongo tu calor. 
Supongo estás cansada, amor. 
Y duermo con una foto tuya y ahí no dices que no. 
Ahí dices 'cántame' y te hice esta canción. 
Que ha venido como yo, desnudo y solo. 
Medianoche, vida mía, ya me voy".


sábado, 23 de noviembre de 2013

Vida y media.



Quería decirte antes de marchar que no eres la mujer que yo esperaba. Ahora me sangra el dolor, pero mañana será otra mujer, no tú, otra mujer. 

Te he tenido a mi lado y sé como lates, sé a qué sabes, de tu miedo sé 
que te han de cuidar. Nunca como yo, aunque lo intentarán, pero ni siquiera se acercarán. Que verás París, que te harán llorar y ahí entenderás lo que he llorado yo, aunque te de igual. No volverás a verme, pero me vas a oír porque estas letras son para ti. 

Deja de mirarte tanto, que la luna brilla más y no se importa tanto. Que no hay más mentira que la de tus labios 
que la vida corre y que cuando sea blanco tu cabello, sientas paz adentro. Inténtalo. 

Deja de joder un rato y escúchame chiquita que te estoy hablando. Sé que nunca he sido un santo pero te di una vida y media y tú ni me has mirado. 

No volveré a tocarte, no te hablo de la piel. 

Ahora se va el que escribe a que le escriban a él. 

Quería decirte antes de marchar que mi amor vale más y tú lo sabes. 

Que me largo de aquí.

Te digo adiós. 

Para que le digas al siguiente que te quieres tanto a veces y que no sabes si al final seguirás siendo la de siempre. 

La del hoy te quiero Torpon, y mañana se arrepiente.

"Con tu permiso, Andrés".

domingo, 17 de noviembre de 2013

Para recobrar

Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado,

si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.


F.L.B

sábado, 16 de noviembre de 2013

Sábado, sabadete...y Santander.

Qué gusto esto de vivir en el norte.

Y es que llega el Sábado por la mañana y después de estar un ratuco con los niños de catequesis, te pones a andar por el paseo marítimo y sin darte cuenta ya estás por "El Botas".  

La mar está belluca, como diría "Kalín" (D.E.P), los raqueros siguen al pie de la bahía y los veleros del C.A.R izan sus velas rumbo al Abra del Pas. El Sardi tranquilo es otro rollo, y aunque no ves a las niñas de Madrid luciendo bronceado, el sonido y la bravura del Cantábrico también tiene su encanto.

Y es que mira que eres guapa, Santander. De las del norte la que más. Y no porque yo haya nacido en ti, sino por todo lo que enseñas y aún más, por lo que escondes y pocos conocemos.

El sur es otra historia. Incomparable en todos sus matices. La esencia de la España que más me gusta. La flamenca, la taurina, la semanasantera...

De vuelta, paras en la plaza. Es Sábado y está hasta los topes. Que si unas maseras que tienen buena pinta, que si unas quisquillas de aperitivo, unos bígaros que están a buen precio...y al final la lías.

La lías, te lían, te dejas liar y acabas escribiendo estas letras tomando el aperitivo en la terraza del "Machi", con la atención puesta en el tren (los de Santander me entenderán) con la compra hecha y las ganas de bailar.


viernes, 15 de noviembre de 2013

Ventanales, puertas...Bonnie&Clyde


Ventanales abiertos.

Puertas cerradas.


Unos por Dios.


Otras por ella.


Y es en esos momentos, en los que pienso en Bonnie & Clyde y en que juntos supieron morir. 


Pero no viene mal airear la habitación. Esa en la que hasta no hace mucho tiempo perdía el tiempo sin saber qué hacer.


De repente se levanta el nordeste, ese del que tanto nos gusta hablar a los de Santander, y como hojas de papel en blanco, vuelan los pensamientos. Y con ellos, aquellos -"¿cómo estará?"-


Y es en esos momentos, en los que pienso en Bonnie & Clyde y en que ellos, a diferencia de ella, no se quisieron rendir.


Y aunque no lo quieras ver así, siempre será así.


Ahora ya sólo me falta ponerme en la fila donde cambian la ansiedad por ciclos de suerte más normal. Y me digo a mi mismo - "Tú saldrás de esta, créeme, y pronto entonarás pequeños cánticos, y en algún bar apartado, o en alguna estación de tren, o en algún banco del Santander ahogaré el espanto y me dirás: perdón"-.


Es como cuando sueñas que nadie te ve pero, aún así, sigues dando pistas  por si alguna vez a alguien se le ocurriera mirar...


Como este blog, que a veces de surada y otras de gallego, le da por escribir.

Y escribe palabras.


Con o sin sentido.


Todo depende del que lea al otro lado de esa pantalla desde la que hoy lees tú.





sábado, 9 de noviembre de 2013

Capítulo I, introducción.

Durante años, la había adorado a distancia sin saberlo. La más constante imagen de ella en su pensamiento era la de la primera vez que la vio bajando las escaleras de aquel casino de Santander y se dijo que era la viva imagen de Audrey Hepburn en "Desayuno con diamantes".


—Te quiero —dijo apasionadamente—. Te quise desde el momento en que te vi. Siempre he querido un hombre que fuera fuerte y cariñoso y pensé que no existía nadie parecido. Luego te vi. Te deseé. Pero me contaste lo de aquella chica del sur y todo lo que la quisiste ¡Cómo la envidié, Dios mío! Siento que acabara, lo siento de veras, porque veo en tus ojos el dolor y todas las lágrimas que vertiste. Me destroza el corazón verte tan triste. Pero ahora que ella se ha ido, te quiero para mí.

Hicieron el amor, hablaron en susurros de sus proyectos y volvieron a hacer el amor. Poco antes del amanecer, él se adormiló ligeramente. Ella, en cambio, permaneció despierta, contemplando las facciones de su rostro y sus patillas a la luz del fuego de la chimenea, mientras pensaba en el viaje que los había conducido desde aquella ciudad con playa hasta aquella habitación de armarios blancos. Sus favoritos; sin embargo, algo comenzaba a romperse.

Se aferró a un jirón de esperanza. Sabía que le amaba. Eso no había cambiado. La misma noche anterior había hecho el amor como alguien que saciara una sed terrible. Y después de que se quedase dormido, había rodado encima de él, besándole con la pasión propia de una veinteañera.


Bajaban a estudiar juntos y luego solían pasarse a comprar algo de comida por el mercado. La observaba mientras anotaba en sus apuntes de tributario, y se sentía como si tuviera delante de él, un diamante secreto que pudiera tocar de vez en cuando mientras nadie le veía.

La mente humana tiene un primitivo mecanismo de defensa que niega cualquier realidad que provoque un estrés excesivo al cerebro. Se llama negación- le dijo él-. Y es lo que a ti te pasa. A veces, lo imposible sólo lleva algo más de tiempo que lo posible- pero ella no tenía tiempo.

Ella sentenció:

Lamento hacerte tan desdichado. —No lo sientas- dijo él. Lamenta más bien haberme hecho feliz. Eso es lo que duele, que me hicieras tan feliz.




jueves, 7 de noviembre de 2013

07 de Noviembre de 1983



Treinta años han pasado ya desde que peludo y feo como un dolor, dicen, llegaste a este mundo. Y ya ves tú, igual de feo y algo menos peludo sigues dando guerra. Y mucha.

Unas cuantas botellas de Albariño y algunos manjares más nos han bastado para celebrarlo.

Te conozco algo menos de lo que me conoces tú a mi, exactamente 6 años, pero ello no impide que al ver como te levantas por las mañanas, sepa que al menos hasta la hora de comer es mejor no entablar conversación contigo. Del mismo modo que al verte salir de un examen sepa que lo has aprobado.

Somos el día y la noche...tú el chico serio y responsable y yo el que ejerce de hermano pequeño, dicen quienes creen conocernos. Pero en el fondo, tú y yo nos conocemos mucho mejor de lo que nos pensamos.

A veces las cosas no llegan como nos gustaría y, mirando al cielo, nos preguntamos qué hemos hecho mal...tú ya me entiendes. Pero ¿sabes qué? Todo lo que tenemos, lo tenemos por ti y por mi, ganado por nosotros, sín sujetos elípticos ni pacientes, y gracias a eso jamás hemos tenido que agachar la cabeza.

Espero que, hasta ahora, hayas pasado unos felices treinta años y a partir de  ahora que ya empezarás a ejercer de Ingeniero de Caminos, la vida te permita disfrutar de cuantos Dios quiera...eso sí, con tu hermano, el pequeño, a tu lado.

Sólo espero que el año que viene lo celebremos como éste...todos juntos, en familia y en casa.

Felicidades Edu.

Felicidades hermano.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Peligroso bañarse.



Ese sentimiento de peligro...

Como cuando de repente miras a alguien a los ojos a través de una foto y no la reconoces.


Como cuando al echar la vista atrás todo lo cubre esa triste amargura.


Como cuando sin quererlo en media de la noche te despiertas y te acuerdas de aquellas noches.


Como cuando intentas autoconvencerte con más ganas que éxito que lo impuesto es lo acertado.


Como cuando al pasar por la puerta de algún restaurante recuerdas el sabor de aquella compañía con la que compartiste algo más que mesa.


Como cuando un Domingo a las 15:00 echas en falta la maleta y el beso de "buen viaje".


Como cuando, sín explicación, un Viernes por la tarde extrañas no estar viajando a ninguna habitación.


Como cuando me pregunto en qué momento comenzó el final.


Como cuando me pregunto inseguro, si alguna vez hubo algo.


Como cuando en El Puntal nos bañábamos al lado del embarcadero.


Ese sentimiento.






sábado, 2 de noviembre de 2013

Veintipocos



Vamos creciendo chicos, y se nota…vaya si se nota!!

Todo toma una perspectiva completamente diferente de la que tomaba hasta hace unos años. Todo gana en calidad, hasta lo que se va. Los amigos, los de verdad, se reducen en número, pero aumentan en calidad.

Hace un par de años el cuerpo te pedía “beberte el Nilo” una noche de Miércoles sin un porqué definido. Hoy me pide un tranquilo café con buena compañía. La de un amigo de siempre o la de esa chica de la uni que cuando sonríe hace que me atragante. Tiene buena conversación, eso es verdad, pero como diría Sinatra “love is a tender trap”.

La inquietud que hasta ahora permanecía anestesiada y casi inexistente en nosotros, de la noche a la mañana despierta y lo hace con hambre de comerse el mundo. De pronto queremos vivir en “una décima de segundo más” (va por ti Antonio) todo lo que no hemos vivido en veinticuatro años. Te comes los libros porque has descubierto que quieres ser alguien en la vida. Que ya está bien eso de vivir con papá y mamá. Descubres tu verdadera vocación y entiendes que la uni es sólo un lugar de paso en el que debemos pasar el menor tiempo estipulado.

Ahí fuera nos espera un mundo repleto de matices. En claroscuros, pero por algo la generación de los 80 fuimos bautizados como la gran esperanza de España. Es más que probable que tengamos que emigrar y pelear en países en los que seamos una milésima parte de lo que una gota es en el océano.
 Pero por algo “Spain is different” y por ese algo los españoles tenemos los coj*nes más grandes que el caballo de Espartero. Ya les tocó a nuestros abuelos emigrar a Alemania, hacerse las Américas y trabajar como los mejores embajadores de nuestro país allá por donde pasaron.

Siempre he creído que nuestros padres han sido unos privilegiados que han vivido en la mejor época de la España más reciente. Ahora nos toca demostrar que nosotros salimos a nuestros abuelos.

Los horarios. Qué difícil se va haciendo eso de cuadrarlos para verte. Aunque hay ocasiones en las que se tornan en dulce excusa para salir media hora antes de la biblio y tomar un café rápido en la cafetería de la uni para ver si “ella” sigue sonriendo. Entre sorbo y sorbo nos contamos nuestras “cruces” del día a día. Lo de aquella chica que de la noche a la mañana desapareció teniendo todo lo mejor a su lado, lo de aquel viaje a Madrid que acabó mejor de lo que empezó, las inquietudes de acabar y volar del nido, las preocupaciones de lo que nos deparará el futuro…

Y es que queramos o no, vamos sentando la cabeza (a algunos/as les cuesta más), y cosas que antes nos parecían de mayores ahora resulta que nos parecen ya propias de nuestra edad. Pensamos en casarnos y en formar una familia numerosa y divertida. Pensamos hasta en el nombre de nuestros hijos!!

 Abrazamos ideas y pensamientos que siempre nos parecieron trasnochados y con plena consciencia nos volvemos mucho más respetuosos con las opiniones de los demás.

Crecemos por fuera, eso está claro. Pero por dentro la transformación es mucho mayor, lo cual no quiere decir que una o dos veces al año (no hace daño) parezcamos chiquillos en plena edad del pavo. El cuerpo te pide acercarte a Dios y la cabeza te dice, ¡HAZLO¡, y de pronto comienzas a ir a misa con plena devoción y asiduidad. Y hablas con Él como con un amigo…de los viajes, de esa chica, de tus preocupaciones, y le pides…le pides mucho porque has empezado a tomarte en serio esto de la vida.
Te das cuenta de que la cara bonita que un día te enamoró con esos labios rojos carmín y ese cuerpo tan sensualmente femenino, no durará así de bonita toda la vida y que alguna vez le tocará enamorar con el corazón. Ese gran desconocido, más para algunas que para algunos, pero que en esto de la vida juega un papel muy importante, pues de él dependen muchos de los sabores o sinsabores que tendremos a lo largo de aquella. Y cuando haya que enamorar con él, ya no te valdrán las trampas en las que, iluso de mi, yo un día caí.

Con el paso del tiempo nos convertimos en pequeños sibaritas que diferencian ya la calidad de la cantidad, el amor del flirteo, “la llave de un dormitorio de la de la vida entera”. Dejamos de caminar “por el bulevard de los sueños rotos”.

Un día te encontrarás de nuevo con esa chica que te dejó roto y le dirás: “Aunque tú no lo sepas, encendía con besos el mar de tus labios”, y aunque una vez le diste las “gracias por elegirme”, hoy le pides “déjame”.

Y es que cada cosa en su momento, sabiendo que los momentos con las cosas que les acompañan serán los mejores en todas y cada una de las etapas de nuestra vida.


Tengo 24…años…y a vivir!!