Me acaricia una y soy feliz. Me acaricia la otra y soy igual de feliz. Mira el lío que tengo montado.
- Juguemos a las enfermedades. Yo leo una y el primero que empiece a tener los síntomas pierde.-
- Tu inmadurez es superlativa a tu edad.-
El caso es que te quiero. Sin motivos y sin razones. Sin condiciones y sin fecha de caducidad. Sin idas y vueltas.
Y sí, sin ropa también.
Por verte bailar pasé hasta Coímbra de largo.
La próxima vez que me beses, la noche en el barrio Chiado, para no verme derramar mi amor calado.
La próxima vez que me beses, seremos promesa y descalzos, playa del norte por pisar nuestro pasado.
Tiembla Lisboa conmigo, cuando recuerdo aquel fado.
La próxima vez que me beses sera primavera o verano.
La próxima vez que me beses, claveles protesten callados. Huelan su aroma al caminar.
Amor robado.
El día pasará y la vida seguirá. Ganarán los mismos,perderán los de siempre.
Pero, quizás, si eres paciente, si dejas de correr -y me perdono-,
la vida deje de ser ese autobús que se escapa justo antes de llegar a la parada.
Y sé feliz.
Pero no por alguien. Tampoco por algo.
Quizás con alguien.
Nada de eso;
Sé feliz porque
al fin y al cabo
te lo mereces.
Y si en todo ello, sientes miedo...
Bienvenido a la madurez.
"Porque hay almas a las que uno tiene ganas de asomarse como a una ventana llena de sol".
martes, 30 de mayo de 2017
domingo, 2 de abril de 2017
Hacer el amor. O lo que ames. Pero hazlo.
"Las cosas no se dicen. Se hacen. Porque al hacerlas, se dicen solas".
Otra frase de autoayuda de gama baja que descubro en una fachada grafiteada de lo que antaño pudo ser un local de copete en el centro de Guecho. Otro consejo petardo que llegó tarde. Otra frase cursi y pasada de moda. Otro deseo incumplido. O quizás no. Quizás amaban tan enfermizamente lo que hacían que por eso quebró el negocio...el caso es que de aquello ya no queda nada mas que sus dueños, tapiados tras un grafiti. Todo un epitafio con mayúsculas. Pero ahora que ya no están, sólo podemos admirar su belleza. Como suele pasar con todas las cosas imposibles, utópicas, efímeras, fugaces. O quizás no. Como si sus anteriores dueños nos quisieran legar algo positivo tras su fracaso. Como si nos apuntaran con sus dedos desde su nueva vida que nuestro verdadero camino no está donde ahora estamos.
Exactamente igual ocurre con "Ama lo que haces". La vida es demasiado corta como para odiarlo. O simplemente como para que te dé igual. Porque el día menos pensado puedo ser yo el que, con el spray amargo del "con lo que yo he sido", acabe pintando mi grafiti en cualquier esquina de cualquier rincón de mi vida.
"Ama lo que haces" son 24 horas para todo el mundo. Y tengamos en cuenta que, si de media dormimos 8 horas, invertimos 3 en comer, 2 en transporte y logística y 3 en ver la televisión -para analizar-, nos queda un tercio de día que, en teoría, debiéramos dedicar a hacer lo que realmente amamos. Y da la casualidad de que ese tercio coincide con la jornada laboral de cualquier españolito medio.
Amar hasta el fondo. Pero ojo, amar no resulta perfecto del todo. Significa que has de estar dispuesto a odiar el hecho de amarlo tanto. Porque amar lo que haces significa perder el sueño cuando las cosas no van bien. Amar lo que haces es llevarte los problemas a casa, no dejar de pensar en otra cosa cuando te da pereza dejar de pensar.
Y aún así, con todo esto, el grafiti y yo te decimos que hagas las cosas que amas. Vale la pena. Sobre todo porque dicen que amar, lo que se dice amar, casi nunca es una opción.
Pero, ¿cómo se empieza? preguntas mientras clavas en mi pupila tu pupila azul.
Se empieza como se empiezan todas las cosas buenas.
Siempre por el final.
Por hacer lo que amas.
Tan utópico, sencillo y estúpido que ya empiezo a pensar que sólo puede ser verdad.
Otra frase de autoayuda de gama baja que descubro en una fachada grafiteada de lo que antaño pudo ser un local de copete en el centro de Guecho. Otro consejo petardo que llegó tarde. Otra frase cursi y pasada de moda. Otro deseo incumplido. O quizás no. Quizás amaban tan enfermizamente lo que hacían que por eso quebró el negocio...el caso es que de aquello ya no queda nada mas que sus dueños, tapiados tras un grafiti. Todo un epitafio con mayúsculas. Pero ahora que ya no están, sólo podemos admirar su belleza. Como suele pasar con todas las cosas imposibles, utópicas, efímeras, fugaces. O quizás no. Como si sus anteriores dueños nos quisieran legar algo positivo tras su fracaso. Como si nos apuntaran con sus dedos desde su nueva vida que nuestro verdadero camino no está donde ahora estamos.
Exactamente igual ocurre con "Ama lo que haces". La vida es demasiado corta como para odiarlo. O simplemente como para que te dé igual. Porque el día menos pensado puedo ser yo el que, con el spray amargo del "con lo que yo he sido", acabe pintando mi grafiti en cualquier esquina de cualquier rincón de mi vida.
"Ama lo que haces" son 24 horas para todo el mundo. Y tengamos en cuenta que, si de media dormimos 8 horas, invertimos 3 en comer, 2 en transporte y logística y 3 en ver la televisión -para analizar-, nos queda un tercio de día que, en teoría, debiéramos dedicar a hacer lo que realmente amamos. Y da la casualidad de que ese tercio coincide con la jornada laboral de cualquier españolito medio.
Amar hasta el fondo. Pero ojo, amar no resulta perfecto del todo. Significa que has de estar dispuesto a odiar el hecho de amarlo tanto. Porque amar lo que haces significa perder el sueño cuando las cosas no van bien. Amar lo que haces es llevarte los problemas a casa, no dejar de pensar en otra cosa cuando te da pereza dejar de pensar.
Y aún así, con todo esto, el grafiti y yo te decimos que hagas las cosas que amas. Vale la pena. Sobre todo porque dicen que amar, lo que se dice amar, casi nunca es una opción.
Pero, ¿cómo se empieza? preguntas mientras clavas en mi pupila tu pupila azul.
Se empieza como se empiezan todas las cosas buenas.
Siempre por el final.
Por hacer lo que amas.
Tan utópico, sencillo y estúpido que ya empiezo a pensar que sólo puede ser verdad.
lunes, 16 de enero de 2017
"El último No te vayas y el primer Si quieres, vete".
Imaginemos que sea cierto,
que me fui,
que te dejé.
Sin dar explicaciones.
Aún así no debes culparme por ello.
En el amor, como en la guerra,
rara vez abandona quien va venciendo.
¿Y qué has aprendido después de tanto dolor, de tantas traiciones?
<< Entonces me respondió>>
-Aprendí a sonreir siempre-.
(Y con esa respuesta fue cuando me dí cuenta de que el resto de chicas sólo fueron simulacros.
Sólo tú fuiste el incendio).
Detrás, el voraz incendio.
Delante, siempre el mar.
Y no sabes nadar.
que me fui,
que te dejé.
Sin dar explicaciones.
Aún así no debes culparme por ello.
En el amor, como en la guerra,
rara vez abandona quien va venciendo.
¿Y qué has aprendido después de tanto dolor, de tantas traiciones?
<< Entonces me respondió>>
-Aprendí a sonreir siempre-.
(Y con esa respuesta fue cuando me dí cuenta de que el resto de chicas sólo fueron simulacros.
Sólo tú fuiste el incendio).
Detrás, el voraz incendio.
Delante, siempre el mar.
Y no sabes nadar.
La Diosa Íbera
España es un país de Historia y de historias.
Pero ningún campo tiene mayor abono que el de la incultura.
Y por desgracia, España, es un país de campos.
Como los que, en su obra, describía Machado.
España.
La que muere y la que bosteza.
"Españolito que viene al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas, ha de helarte el corazón".
España.
Tierra de sangre, piel de toro.
España.
Tierra de albero, capote, grana y oro.
"Atormentada piel de toro española,
turbia y homicida,
cuna de Caín".
Pero ningún campo tiene mayor abono que el de la incultura.
Y por desgracia, España, es un país de campos.
Como los que, en su obra, describía Machado.
España.
La que muere y la que bosteza.
"Españolito que viene al mundo te guarde Dios.
Una de las dos Españas, ha de helarte el corazón".
España.
Tierra de sangre, piel de toro.
España.
Tierra de albero, capote, grana y oro.
"Atormentada piel de toro española,
turbia y homicida,
cuna de Caín".
jueves, 22 de septiembre de 2016
Brillemos, pero en esdrújula.
Acojo en mi hogar
Palabras que he encontrado abandonadas en mi palabrera.
Examino cada jaula y allí, narrando vocales y consonantes
Encuentro a sucios verbos que lloran después de ser abandonados por un
Sujeto que un día fue su amo.
Y de tan creído que era prescindió del predicado.
Esta misma semana han encontrado a un par de adjetivos trastornados,
A tres adverbios muertos de frío.
Y a otros tanto de la raza pronombre.
Que sueñan en sus jaulas con ser la sombra de un niño.
Se llama entonces a las palabras que llevan más días abandonadas
Y me las llevo a casa
Las vacuno de la rabia
Y las peino a mi manera
Como si fueran hijas únicas.
Porque en verdad todas son únicas.
Acto seguido y antes de integrarlas en un parvulario de relatos o canciones
Les doy un beso de tinta.
Y les digo que si quieres ganarte el respeto nunca hay que olvidarse los
Acentos en el patio.
A veces les pongo a mis palabras diéresis de colores imitando diademas.
Y yo solo observo como juegan en el patio de un poema.
Casi siempre te abandonan demasiado pronto.
Y las escuchas en bocas ajenas.
Y te alegras.
Y te enojas contigo mismo como con todo lo que amamos con cierto egoísmo.
Y uno se queda en casa, inerte y algo vacío
Acariciando aquel vocablo mudo llamado silencio
Siempre fiel, siempre contigo.
Pero todo es ley de vida.
Como un día me dijo el poeta Halley,
Si las palabras se atraen, que se unan entre ellas
Y a brillar, que son dos sílabas.
Palabras que he encontrado abandonadas en mi palabrera.
Examino cada jaula y allí, narrando vocales y consonantes
Encuentro a sucios verbos que lloran después de ser abandonados por un
Sujeto que un día fue su amo.
Y de tan creído que era prescindió del predicado.
Esta misma semana han encontrado a un par de adjetivos trastornados,
A tres adverbios muertos de frío.
Y a otros tanto de la raza pronombre.
Que sueñan en sus jaulas con ser la sombra de un niño.
Se llama entonces a las palabras que llevan más días abandonadas
Y me las llevo a casa
Las vacuno de la rabia
Y las peino a mi manera
Como si fueran hijas únicas.
Porque en verdad todas son únicas.
Acto seguido y antes de integrarlas en un parvulario de relatos o canciones
Les doy un beso de tinta.
Y les digo que si quieres ganarte el respeto nunca hay que olvidarse los
Acentos en el patio.
A veces les pongo a mis palabras diéresis de colores imitando diademas.
Y yo solo observo como juegan en el patio de un poema.
Casi siempre te abandonan demasiado pronto.
Y las escuchas en bocas ajenas.
Y te alegras.
Y te enojas contigo mismo como con todo lo que amamos con cierto egoísmo.
Y uno se queda en casa, inerte y algo vacío
Acariciando aquel vocablo mudo llamado silencio
Siempre fiel, siempre contigo.
Pero todo es ley de vida.
Como un día me dijo el poeta Halley,
Si las palabras se atraen, que se unan entre ellas
Y a brillar, que son dos sílabas.
lunes, 12 de septiembre de 2016
De puntillas. Se fue. El verano.
El ínfimo atardecer disipa cualquier duda acerca de aquella silueta sobre la que tanto me gusta planear. La brisa puntea cada una de las arrugas que se dibuja en tu rostro cada vez que sonríes. O te ríes. El faro ilumina a escondidas y a intervalos de 15 segundos cada uno de los rincones más recónditos del cuerpo sobre el que la arena hace de colchón.
Y me invitas a bañarme a oscuras. Y a escondidas. Y entre dos. Y entonces te digo que prefiero el sabor del salitre sobre tu espalda. Y entonces me dices que siempre vivo a cámara lenta. Respondo que lo hago en tecnicolor pero que tienes la complejidad propia del cálculo infinitesimal para dejarme en blanco y negro.
Rebobino y me disperso dejando siempre versos inconexos.
Hemos perdido el billete de vuelta a nuestras camas. Y sugieres hacer fuego. Y me rozas como por error. Pero sonríes. Y te beso como por amor. Y te pido perdón.
Bailamos, pero me pisas los pies. Te digo que no pienso recoger tus pasos y al oído me susurras que tú tampoco piensas recoger la ropa del suelo. Enciendes las velas. Bajamos las luces. Empieza Febrero.
Y es que cuando me rozas, prendo fuego al mar.
Y me invitas a bañarme a oscuras. Y a escondidas. Y entre dos. Y entonces te digo que prefiero el sabor del salitre sobre tu espalda. Y entonces me dices que siempre vivo a cámara lenta. Respondo que lo hago en tecnicolor pero que tienes la complejidad propia del cálculo infinitesimal para dejarme en blanco y negro.
Rebobino y me disperso dejando siempre versos inconexos.
Hemos perdido el billete de vuelta a nuestras camas. Y sugieres hacer fuego. Y me rozas como por error. Pero sonríes. Y te beso como por amor. Y te pido perdón.
Bailamos, pero me pisas los pies. Te digo que no pienso recoger tus pasos y al oído me susurras que tú tampoco piensas recoger la ropa del suelo. Enciendes las velas. Bajamos las luces. Empieza Febrero.
Y es que cuando me rozas, prendo fuego al mar.
martes, 16 de agosto de 2016
Im/politicamente correcto.
Si no se modera tu orgullo, querido Pedro, él sera tu mayor castigo.
Porque vuestra fama es como la flor que brota y muere; y la marchita el mismo sol que la hizo nacer de la acerba tierra.
Y es que no menos que el saber, debiera placerte el dudar. Pero tú no dudas. Tremenda osadía, la mia.
Porque España necesita dejar aquí y ahora todo el recelo.
Toda cobardía es necesario que muera aquí.
Porque no hay mayor certeza la de que la raza humana se encuentra en la mejor situación cuando posee el más alto grado de libertad.
Y buscarla - la libertad - es un don tan preciado como sabe quien por ella dé la vida.
Y aunque aprendido debieras de tener ya que el hombre debe siempre que pueda, cerrar sus labios antes de decir una verdad que visos tenga de mentira, bien aprendido tienes ya que, siempre la confusión de las personas principio fue del mal de la ciudad.
El caso es que de España hablaban así, cuando el sol no se ponía en nuestro imperio:
" Tan gentil es el porte de mi amada - España - tanto digna de amor cuando saluda, que toda lengua permanece muda y a todos avasalla su mirada".
Y es que no hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria.
El caso es que cuando el sentido común le dice a un Españolito que viene al mundo "nunca más", el subconsciente sonríe mientras piensa, "ya veremos".
Pero aún en tiempos de zozobra nacional, sigo creyendo a pies juntillas en aquella dedicatoria que el gran Pérez Reverte esbozó sobre aquella "Piel del Tambor" que de adultescente leí y que hoy suscribo:
" Mientras haya una taberna en la esquina, una frasca de vino y media docena de camaradas leales, España seguirá mereciendo la pena".
¿Porque qué importo la suerte de Julio César cuando la que estuvo en juego fue la del Imperio?
Porque vuestra fama es como la flor que brota y muere; y la marchita el mismo sol que la hizo nacer de la acerba tierra.
Y es que no menos que el saber, debiera placerte el dudar. Pero tú no dudas. Tremenda osadía, la mia.
Porque España necesita dejar aquí y ahora todo el recelo.
Toda cobardía es necesario que muera aquí.
Porque no hay mayor certeza la de que la raza humana se encuentra en la mejor situación cuando posee el más alto grado de libertad.
Y buscarla - la libertad - es un don tan preciado como sabe quien por ella dé la vida.
Y aunque aprendido debieras de tener ya que el hombre debe siempre que pueda, cerrar sus labios antes de decir una verdad que visos tenga de mentira, bien aprendido tienes ya que, siempre la confusión de las personas principio fue del mal de la ciudad.
El caso es que de España hablaban así, cuando el sol no se ponía en nuestro imperio:
" Tan gentil es el porte de mi amada - España - tanto digna de amor cuando saluda, que toda lengua permanece muda y a todos avasalla su mirada".
Y es que no hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria.
El caso es que cuando el sentido común le dice a un Españolito que viene al mundo "nunca más", el subconsciente sonríe mientras piensa, "ya veremos".
Pero aún en tiempos de zozobra nacional, sigo creyendo a pies juntillas en aquella dedicatoria que el gran Pérez Reverte esbozó sobre aquella "Piel del Tambor" que de adultescente leí y que hoy suscribo:
" Mientras haya una taberna en la esquina, una frasca de vino y media docena de camaradas leales, España seguirá mereciendo la pena".
¿Porque qué importo la suerte de Julio César cuando la que estuvo en juego fue la del Imperio?
viernes, 29 de julio de 2016
Fue un placer.
Se desnudo en frente de mi de la manera más erótica posible.
Sin tapujos.
Se desabotonó los prejuicios.
Se quito los miedos.
Se dejó ver los recuerdos.
...
Pero no fue su desnudez.
Fue sólo el placer de haberla probado.
...
Y aunque esa fue la primera vez que hicimos el amor, hacía mucho tiempo que veníamos haciéndolo.
Amor con miradas, con sonrisas, con roces, besos a escondidas. Amor del que pinta tatuajes y deja cicatrices. De esos que duelen en la piel.
Amor de los que hay que vivir hasta morir. Si, amor así. Amor del nuestro, amor del bueno.
A bocanadas.
Al tirón y por derecho.
Tenía mucho de lujuria en sus labios.
Me encantaba besarnos. Pero no en privado.
Los espectáculos como ella lucen más en abierto.
Y el mundo era mejor contigo ahí afuera.
Bailando.
Y que me queme tu piel como el sol lo hace con la tuya en la arena del puntal.
Pero que jamás lo hagan tus palabras.
Y es que lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas.
El sístole sin diástole, sin dueño.
Condenar a la hoguera los recuerdos.
Las golondrinas muertas sobre la almohada.
Cuando al punto final de los finales,
no le queda un par de puntos suspensivos.
Y es cierto que podría ponerme digno y decirte:
"Toma mi dirección cuanto te hartes de amores baratos de un rato...me llamas".
Porque aún a sabiendas de que todo era un error...
Fue un placer cometerte.
Sin tapujos.
Se desabotonó los prejuicios.
Se quito los miedos.
Se dejó ver los recuerdos.
...
Pero no fue su desnudez.
Fue sólo el placer de haberla probado.
...
Y aunque esa fue la primera vez que hicimos el amor, hacía mucho tiempo que veníamos haciéndolo.
Amor con miradas, con sonrisas, con roces, besos a escondidas. Amor del que pinta tatuajes y deja cicatrices. De esos que duelen en la piel.
Amor de los que hay que vivir hasta morir. Si, amor así. Amor del nuestro, amor del bueno.
A bocanadas.
Al tirón y por derecho.
Tenía mucho de lujuria en sus labios.
Me encantaba besarnos. Pero no en privado.
Los espectáculos como ella lucen más en abierto.
Y el mundo era mejor contigo ahí afuera.
Bailando.
Y que me queme tu piel como el sol lo hace con la tuya en la arena del puntal.
Pero que jamás lo hagan tus palabras.
Y es que lo peor del amor cuando termina son las habitaciones ventiladas.
El sístole sin diástole, sin dueño.
Condenar a la hoguera los recuerdos.
Las golondrinas muertas sobre la almohada.
Cuando al punto final de los finales,
no le queda un par de puntos suspensivos.
Y es cierto que podría ponerme digno y decirte:
"Toma mi dirección cuanto te hartes de amores baratos de un rato...me llamas".
Porque aún a sabiendas de que todo era un error...
Fue un placer cometerte.
martes, 26 de julio de 2016
Consejos de una madre.
- Ella tenía razón. Nunca se veía bonita. Se veía como si fuera arte, cuando el arte nada tiene que ver con verse bonito. El arte tiene que ver con hacerte sentir algo. Y, naturalmente, cada uno tenemos nuestros propios "algos".
-¿Era guapa?
- No lo sé, pero se comportaba como si lo fuese.
-¿ Era elegante?
- La elegancia sólo es alguien que no pretende ser más de lo que realmente es. Y recuerdo que ella, siempre sonreía como si pidiera permiso. Y yo siempre se lo daba.
-¿ Y cómo me ves tú a mi?
- Como un misterio.
- Ese es el cumplido más raro que me han hecho nunca.
- No es un cumplido. Es una amenaza.
- ¿Y eso?
- Los misterios hay que resolverlos, averiguar qué esconden.
- Pues a lo mejor te decepciones al ver lo que hay dentro.
- A lo mejor me sorprendo. Y tú también.
Y es que llega un momento en que es necesario abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares.
Es el momento de la travesía. Y, si no osamos emprenderla, nos habremos quedado inevitablemente al margen de nosotros mismos.
¡Vive, joder! ¡Vive!
Y si algo no te gusta, ¡cámbialo!
Y si algo te da miedo, ¡supéralo!
Y si algo te enamora, ¡agárralo!
Porque "tengo que", nunca es un buen comienzo. No hagas nunca nada que empiece con esas palabras.
Porque quién sabe si el recuerdo puede realmente prolongar las cosas, entrelazar de nuevo sus piernas, abrir de nuevo las ventanas de aquella habitación en la madrugada, peinar su cabello después de un baño en el puntal, resucitar su olor, su tacto,su piel.
Aunque el día que se fue, entendí que no la volvería a ver. Iba teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado de aquel cielo color carmín. Sonreía.
Porque en mis años más jóvenes y vulnerables, mi madre me dio un consejo: "siempre intenta ver lo mejor de la gente".
Y en esas estoy. Intentando vislumbrar, al menos, la silueta de aquella que ya se fue.
-¿Era guapa?
- No lo sé, pero se comportaba como si lo fuese.
-¿ Era elegante?
- La elegancia sólo es alguien que no pretende ser más de lo que realmente es. Y recuerdo que ella, siempre sonreía como si pidiera permiso. Y yo siempre se lo daba.
-¿ Y cómo me ves tú a mi?
- Como un misterio.
- Ese es el cumplido más raro que me han hecho nunca.
- No es un cumplido. Es una amenaza.
- ¿Y eso?
- Los misterios hay que resolverlos, averiguar qué esconden.
- Pues a lo mejor te decepciones al ver lo que hay dentro.
- A lo mejor me sorprendo. Y tú también.
Y es que llega un momento en que es necesario abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares.
Es el momento de la travesía. Y, si no osamos emprenderla, nos habremos quedado inevitablemente al margen de nosotros mismos.
¡Vive, joder! ¡Vive!
Y si algo no te gusta, ¡cámbialo!
Y si algo te da miedo, ¡supéralo!
Y si algo te enamora, ¡agárralo!
Porque "tengo que", nunca es un buen comienzo. No hagas nunca nada que empiece con esas palabras.
Porque quién sabe si el recuerdo puede realmente prolongar las cosas, entrelazar de nuevo sus piernas, abrir de nuevo las ventanas de aquella habitación en la madrugada, peinar su cabello después de un baño en el puntal, resucitar su olor, su tacto,su piel.
Aunque el día que se fue, entendí que no la volvería a ver. Iba teñida de rojo por el sol de la tarde, por el crepúsculo ensangrentado de aquel cielo color carmín. Sonreía.
Porque en mis años más jóvenes y vulnerables, mi madre me dio un consejo: "siempre intenta ver lo mejor de la gente".
Y en esas estoy. Intentando vislumbrar, al menos, la silueta de aquella que ya se fue.
miércoles, 22 de junio de 2016
"Help yourself."
Ese momento, casi siempre tarde, cuando comprendes que era a ti a quien deberías quererte. Y sin embargo, siempre que lo haces, ese amor llega justo a tiempo.
O ese instante de felicidad cuando consigues algo importante y quizás te ha costado un gran esfuerzo y no las tenías todas contigo de que serías capaz de conseguirlo. Pero sí, lo has logrado. Y te sientes un campeón, pero uno de esos que ganan en secreto, corriendo de noche en una pista desierta, sin público.
Huele a cielo azul. A un verano eternamente distinto. Mejor que el anterior y peor que el próximo. Huele a ir a por todas. De cabeza y con el alma. A tormenta salada. A noche sideral, a tormentas calurosas sin vientos, a nubes de algodón, a escopetas de feria. A paseos de madrugada creyéndonos invencibles. Y lográndolo. Huele a revolución sexual. Huele a rebeldes con la mejor causa del mundo.
Que llegue quién tenga que llegar...
Que se vaya quién ya no quiera estar...
Que duela lo que tenga que doler...
Que pase lo que tenga que pasar...
...
Pero que pase.
martes, 24 de mayo de 2016
Andalucía. Tierra de grana y oro.
Un toro y el caballo. Y la vida, sin reloj, sin horario, sin fecha en el calendario.
La lluvia y su olor a tierra mojada.
Los atardeceres con sus farolillos. El viento y la historia, pasada.
La dehesa con su inmensidad.
El toro con su honestidad.
Los pastos rebosantes de vida. Ilusión. Y pasión.
El sur y su embrujo andaluz.
El punteo de su guitarra. El duende de esa mirada que encierra arte y tradición.
El sur y su traje de luces. El sur y sus mujeres, con sus trajes de lunares.
El cadencioso vaivén de unas alforjas al galope.
Pura raza.
Pura vida.
Amaneceres al refugio de la lumbre.
Atardeceres al relumbre del zarcillo de bellas muchachas.
Mi musa, la andalusí.
Por la que tantas lunas recorrí.
Por la que tantos soles defendí.
Aquella que exprime mi mas pura esencia.
La que enciende su sola presencia con una sevillana y ¡olé!
La misma por la que, en otras guerras, ya lloré.
Andalucía.
Eres bella, eres pura. Eres Virgen de las Armarguras.
Andalucía.
Eres fuego, eres campo. Eres fino y manzanilla.
Andalucía.
La misma a la que, cada noche, sueño que hago mía.
¡Anda, Lucía!
lunes, 2 de mayo de 2016
Amarte lleva parte de tu nombre.
Y comprender que tal vez, amar es otra cosa. Es sentirse ligeros y libres. Es saber que no pretendes apropiarte del corazón del otro, que no es el tuyo, que no te toca por contrato. Debes merecerlo cada día...
Aunque tú digas que tienes corazón y sólo lo digas porque sientes sus latidos. Eso no es corazón; es una máquina que, al compás que se mueve, hace ruido.
Pero hay ocasiones en que no ves. No ves las cosas que tienes delante cuando lo único que buscas es algo o alguien a quien seguir. Ser feliz. Una felicidad que te enfada, te distrae. Una felicidad que te absorbe como una esponja. No la ves. Sólo ves lo que quieres ver, lo que necesitas, lo que te sirve.
Y poco a poco, disipo mis dudas. Ya no tengo remordimientos, ni sombras, ni pecado. Sólo tengo unas ganas enormes de volver a empezar y de ser un poco más feliz...tengo ganas de ti. Por todo lo que me he imaginado. Por todo lo que he soñado. Por lo que deseo. Tengo ganas de ti. Por lo que sé y sin duda, por lo que desconozco.
Porque has pasado a estar en el extraño equilibrio entre lo que quiero tener y lo que me asusta tener.
Pero te pienso en las noches. Porque sólo las noches te dan fuerzas para cambiar el rumbo de tu vida. Tan sólo necesitas saber que quieres cambiar y que el amanecer no llegue pronto. Y si lo hace, que te sorprenda bailando.
Por eso y por mas, subamos el volumen de ese sudor que me entra cuando jugamos al parchís. Y bajemos las persianas para que afuera siga siendo de noche.
Sólo puedo ofrecerte un caramelo, paraguas invisibles si hay tormentas y tejer con piel de sueños tu desvelo.
Pintarte un mar con olas y pecas, bajar tu falda sin subirte el velo.
Amarte como se aman lo amantes.
Porque un corazón sin cicatrices, no es un corazón vivido.
Aunque tú digas que tienes corazón y sólo lo digas porque sientes sus latidos. Eso no es corazón; es una máquina que, al compás que se mueve, hace ruido.
Pero hay ocasiones en que no ves. No ves las cosas que tienes delante cuando lo único que buscas es algo o alguien a quien seguir. Ser feliz. Una felicidad que te enfada, te distrae. Una felicidad que te absorbe como una esponja. No la ves. Sólo ves lo que quieres ver, lo que necesitas, lo que te sirve.
Y poco a poco, disipo mis dudas. Ya no tengo remordimientos, ni sombras, ni pecado. Sólo tengo unas ganas enormes de volver a empezar y de ser un poco más feliz...tengo ganas de ti. Por todo lo que me he imaginado. Por todo lo que he soñado. Por lo que deseo. Tengo ganas de ti. Por lo que sé y sin duda, por lo que desconozco.
Porque has pasado a estar en el extraño equilibrio entre lo que quiero tener y lo que me asusta tener.
Pero te pienso en las noches. Porque sólo las noches te dan fuerzas para cambiar el rumbo de tu vida. Tan sólo necesitas saber que quieres cambiar y que el amanecer no llegue pronto. Y si lo hace, que te sorprenda bailando.
Por eso y por mas, subamos el volumen de ese sudor que me entra cuando jugamos al parchís. Y bajemos las persianas para que afuera siga siendo de noche.
Sólo puedo ofrecerte un caramelo, paraguas invisibles si hay tormentas y tejer con piel de sueños tu desvelo.
Pintarte un mar con olas y pecas, bajar tu falda sin subirte el velo.
Amarte como se aman lo amantes.
Porque un corazón sin cicatrices, no es un corazón vivido.
lunes, 11 de abril de 2016
Capítulo XII. Los 3 dólares de aquellos años..
-" Estoy planeando mi tatuaje más ambicioso" - le dijo mientras acaba de saborear la taza de té que ella le había traído de su último reportaje en tierras persas.
-" Sabes, mi padre era muy fan del jazz. Escuchábamos grandes clásicos, uno detrás de otro, desde Dizzy Gillespie a Coltrane. El tocadiscos giraba en mi habitación y cuando entendía bien los ritmos, siempre le preguntaba qué era eso. Anotaba el nombre en un trocito de papel y salía a la tienda del barrio en busca de los discos que había apuntado de la colección de mi padre. Los escuchaba a todas horas y los cantaba como se me ocurría. Así era como me fundía la paga de 3 dólares de cada semana.
La música me permitía ser sincero. Hasta el punto que, a día de hoy, hay canciones que me niego a cantarlas porque me parecen muy duras".
"Todo lo que puedo ser para ti es una oscuridad que los dos conocemos bien. Así que haznos el favor de coger el próximo avión y disparar con tu cámara como si lo hicieses contra mi. A bocajarro."
Sophie se dio cuenta de que en una guerra civil -el amor lo era-, la primera baja era la de la justicia. -" Siempre te dije que la integridad personal es como una espada. No debería blandirse hasta el momento de ponerla a prueba, pero tú siempre apoyas tu mano en la empuñadura".-
-"Te juro que nunca he querido hacerte daño, Sophie".
-"Pronunciar un juramento es poner tu alma en peligro. Jamás vuelvas a hacerlo conmigo a menos que prefieras morir a quebrantarlo".-
Sophie solía pensar que, desde hace dos mil años, vivíamos en un mundo de dioses y diosas, pero que hoy en día el mundo sólo contaba con la supremacía de los dioses masculinos. Que las mujeres habían sido despojadas de su poder espiritual. Eso y que el peor tipo de soledad que asolaba el mundo era la de ser malentendido. Creía que podía incluso llegar a provocar que uno perdiera el contacto con la realidad...
-"Sabes, vivir contigo es como estar dentro de un cuadro de Dalí".
El portazo sonó como suena un signo de interrogación esperando una respuesta que no acababa de llegar.
Pese a su generoso sueldo, Peter iba a trabajar en un viejo y desconchado ciclomotor. Comía lo que se llevaba en una fiambrera sobre su escritorio en lugar de acudir al comedor y compartir conversaciones con los compañeros destinados, como él, por la Agencia. Paseaba siempre por el edificio acompañado de un halo de grandiosidad y respeto. En lo suyo, era brillante. Era amable y educado. Silencioso y armado de una ética impecable. Quizás, ese fue el motivo por el que su despido constituyese, a ojos de todos, una sorpresa.
Al poco de cerrarse, el pomo de la puerta volvió a girar.
Era ella de nuevo. Sophie.
-"Dime, ¿estarías dispuesto hoy a matar a la mitad de la población, si con eso pudieses salvara nuestra especie de la extinción?"-.
Apurando las últimas gotas del té, Peter respondió:
-" El hombre llega mucho más lejos por lo que teme que para alcanzar lo que desea. El camino al paraíso, pasa por el infierno. Dante nos lo enseñó".-
-"Sophie, querida, cuando una pregunta carece de respuesta correcta, sólo queda la respuesta sincera. Siento que te duela".-
-"El perdón es el mejor regalo de Dios, Peter. Pero tú ya no entiendes de eso."-
Al cabo de unos segundos, el único recuerdo que quedó en la habitación fueron las notas de que aquel perfume francés que tan bien olía sobre el pecho de Sophie.
En aquel momento, Peter hubiera dado su vida por escuchar aquel vinilo de Gillespie titulado "Portrait of Jenny". Por eso y por la felicidad. Por su precio. Por los 3 dólares de aquellos años.
-" Sabes, mi padre era muy fan del jazz. Escuchábamos grandes clásicos, uno detrás de otro, desde Dizzy Gillespie a Coltrane. El tocadiscos giraba en mi habitación y cuando entendía bien los ritmos, siempre le preguntaba qué era eso. Anotaba el nombre en un trocito de papel y salía a la tienda del barrio en busca de los discos que había apuntado de la colección de mi padre. Los escuchaba a todas horas y los cantaba como se me ocurría. Así era como me fundía la paga de 3 dólares de cada semana.
La música me permitía ser sincero. Hasta el punto que, a día de hoy, hay canciones que me niego a cantarlas porque me parecen muy duras".
"Todo lo que puedo ser para ti es una oscuridad que los dos conocemos bien. Así que haznos el favor de coger el próximo avión y disparar con tu cámara como si lo hicieses contra mi. A bocajarro."
Sophie se dio cuenta de que en una guerra civil -el amor lo era-, la primera baja era la de la justicia. -" Siempre te dije que la integridad personal es como una espada. No debería blandirse hasta el momento de ponerla a prueba, pero tú siempre apoyas tu mano en la empuñadura".-
-"Te juro que nunca he querido hacerte daño, Sophie".
-"Pronunciar un juramento es poner tu alma en peligro. Jamás vuelvas a hacerlo conmigo a menos que prefieras morir a quebrantarlo".-
Sophie solía pensar que, desde hace dos mil años, vivíamos en un mundo de dioses y diosas, pero que hoy en día el mundo sólo contaba con la supremacía de los dioses masculinos. Que las mujeres habían sido despojadas de su poder espiritual. Eso y que el peor tipo de soledad que asolaba el mundo era la de ser malentendido. Creía que podía incluso llegar a provocar que uno perdiera el contacto con la realidad...
-"Sabes, vivir contigo es como estar dentro de un cuadro de Dalí".
El portazo sonó como suena un signo de interrogación esperando una respuesta que no acababa de llegar.
Pese a su generoso sueldo, Peter iba a trabajar en un viejo y desconchado ciclomotor. Comía lo que se llevaba en una fiambrera sobre su escritorio en lugar de acudir al comedor y compartir conversaciones con los compañeros destinados, como él, por la Agencia. Paseaba siempre por el edificio acompañado de un halo de grandiosidad y respeto. En lo suyo, era brillante. Era amable y educado. Silencioso y armado de una ética impecable. Quizás, ese fue el motivo por el que su despido constituyese, a ojos de todos, una sorpresa.
Al poco de cerrarse, el pomo de la puerta volvió a girar.
Era ella de nuevo. Sophie.
-"Dime, ¿estarías dispuesto hoy a matar a la mitad de la población, si con eso pudieses salvara nuestra especie de la extinción?"-.
Apurando las últimas gotas del té, Peter respondió:
-" El hombre llega mucho más lejos por lo que teme que para alcanzar lo que desea. El camino al paraíso, pasa por el infierno. Dante nos lo enseñó".-
-"Sophie, querida, cuando una pregunta carece de respuesta correcta, sólo queda la respuesta sincera. Siento que te duela".-
-"El perdón es el mejor regalo de Dios, Peter. Pero tú ya no entiendes de eso."-
Al cabo de unos segundos, el único recuerdo que quedó en la habitación fueron las notas de que aquel perfume francés que tan bien olía sobre el pecho de Sophie.
En aquel momento, Peter hubiera dado su vida por escuchar aquel vinilo de Gillespie titulado "Portrait of Jenny". Por eso y por la felicidad. Por su precio. Por los 3 dólares de aquellos años.
No me tientes...
Como cuando escuchas con verdadero deleite un buen disco de Amy...y te preguntas, ¿acaso hubo alguno malo?
Como cuando te apetece beber la vida con pajita y entre dos.
Como cuando caes en la cuenta de lo magnífico de la vida.
Como cuando un "help yourself" sonó mejor que el mejor rompiente de olas al atardecer.
Como cuando saboreas el salitre de la marinera y la confiesas que nunca podrás vivir lejos de ella.
Como cuando te sientes con fuerza para que te vuelvan a crujir el corazón en dos.
Como cuando piensas en alguien e inevitablemente sonríes un "no estuvo mal"-.
Como cuando busco la más absurda de las excusas para escribirte.
Como cuando te pregunto qué tal y la respuesta no merece los nervios de la tensa espera.
Y es que, en cierto modo, la vida es como el buen jazz...es mucho mejor cuando improvisas. Cuando dices que sí cuando realmente querías decir no. Cuando te atreves a llamar en vez de a escribir. Como cuando galopas en vez de trotar.
Dijo alguna vez Machado que las únicas cosas que Estados Unidos había dado al mundo eran los rascacielos, los cocktails y el jazz.
Y es que, si pudiese retroceder el tiempo volvería a los sesenta y saldría por ahí con Lou Rawls, Marvin Gaye, Ray Charles...
Tus caderas bailarían sudando "teach me tonight" y mi cintura le diría a la tuya: -"pégate más".
Luego recogería tus pasos por la habitación y te invitaría a desayunar el amanecer más íntimo de cualquier buffet de hotel de medio pelo.
Recorrería el mundo en mi VW de color estridente. Con mi perro. Con Curra, sí. Seríamos trotamundos del asfalto. Seríamos Bonnie and Clay...tú también podrías venir.
Seríamos felices.
Añado.
Seríamos más felices.
Así que no me tientes.
Porque si nos tentamos, no nos podremos olvidar.
Como cuando te apetece beber la vida con pajita y entre dos.
Como cuando caes en la cuenta de lo magnífico de la vida.
Como cuando un "help yourself" sonó mejor que el mejor rompiente de olas al atardecer.
Como cuando saboreas el salitre de la marinera y la confiesas que nunca podrás vivir lejos de ella.
Como cuando te sientes con fuerza para que te vuelvan a crujir el corazón en dos.
Como cuando piensas en alguien e inevitablemente sonríes un "no estuvo mal"-.
Como cuando busco la más absurda de las excusas para escribirte.
Como cuando te pregunto qué tal y la respuesta no merece los nervios de la tensa espera.
Y es que, en cierto modo, la vida es como el buen jazz...es mucho mejor cuando improvisas. Cuando dices que sí cuando realmente querías decir no. Cuando te atreves a llamar en vez de a escribir. Como cuando galopas en vez de trotar.
Dijo alguna vez Machado que las únicas cosas que Estados Unidos había dado al mundo eran los rascacielos, los cocktails y el jazz.
Y es que, si pudiese retroceder el tiempo volvería a los sesenta y saldría por ahí con Lou Rawls, Marvin Gaye, Ray Charles...
Tus caderas bailarían sudando "teach me tonight" y mi cintura le diría a la tuya: -"pégate más".
Luego recogería tus pasos por la habitación y te invitaría a desayunar el amanecer más íntimo de cualquier buffet de hotel de medio pelo.
Recorrería el mundo en mi VW de color estridente. Con mi perro. Con Curra, sí. Seríamos trotamundos del asfalto. Seríamos Bonnie and Clay...tú también podrías venir.
Seríamos felices.
Añado.
Seríamos más felices.
Así que no me tientes.
Porque si nos tentamos, no nos podremos olvidar.
viernes, 8 de abril de 2016
Con la uve de tus granos.
No todos los niños tienen la constancia y la valentía de escarbar hasta dar con la bondad. Por eso, la proyección de la culpa evita asumir la responsabilidad de los propios actos. El problema siempre es de los demás, que no los entienden.
Al menos, eso musita Kafka en su "Carta al padre".
Una edad.
Ni tan joven ya, ni todavía viejo. Una edad rara -dicen -, seria. Una edad gris. No lo sé. Suficiente, eso sí, para que a veces sientas que los mejores días ya han volado. Y lo que es peor aún, que no fueron tan buenos como nos prometieron.
Creo que ya sólo me quedan amores agazapados en la oscuridad. Amores que no pueden ser eternos, ni mucho menos perfectos a los ojos de la gente "normal". Pasiones que se viven, para después matarse, en callejones que no hablan, que no pueden gritar como nosotros. Que se viven en unas cuantas horas que le robamos a nuestra propia realidad.
Porque ya sé que la vida es un ir y venir de girar pomos.
Ya sé que son malos tiempos. Que los hijos han dejado de obedecer a los padres y todo el mundo escribe libros...
Que es tanta la crisis, que hasta lo prometido es deuda.
Porque me gustaría decir que te quiero sin miedo a lo que la gente dijera por ahí...que te quiero con granos y también sin ellos.
Y es que, quizás, antes que el turismo prefiero el tú mismo.Viajar, sí. Pero no hacia los lugares, sino hacia las personas. Partir hacia alguien. Tú, por ejemplo. Perder mis maletas, sufrir tus retrasos y en la medida de los posible, no acordarme jamás del billete de vuelta.
Tengo comprobado que es la mejor forma de viajar en primera.
Porque a veces sientes que, con ella delante, el sol calienta más de lo que sus posibilidades le permiten en primavera.
Será por eso por lo que, es en las noches de Diciembre, cuando el termómetro está a cero, cuando más pensamos en el sol.
Al menos, eso musita Kafka en su "Carta al padre".
Una edad.
Ni tan joven ya, ni todavía viejo. Una edad rara -dicen -, seria. Una edad gris. No lo sé. Suficiente, eso sí, para que a veces sientas que los mejores días ya han volado. Y lo que es peor aún, que no fueron tan buenos como nos prometieron.
Creo que ya sólo me quedan amores agazapados en la oscuridad. Amores que no pueden ser eternos, ni mucho menos perfectos a los ojos de la gente "normal". Pasiones que se viven, para después matarse, en callejones que no hablan, que no pueden gritar como nosotros. Que se viven en unas cuantas horas que le robamos a nuestra propia realidad.
Porque ya sé que la vida es un ir y venir de girar pomos.
Ya sé que son malos tiempos. Que los hijos han dejado de obedecer a los padres y todo el mundo escribe libros...
Que es tanta la crisis, que hasta lo prometido es deuda.
Porque me gustaría decir que te quiero sin miedo a lo que la gente dijera por ahí...que te quiero con granos y también sin ellos.
Y es que, quizás, antes que el turismo prefiero el tú mismo.Viajar, sí. Pero no hacia los lugares, sino hacia las personas. Partir hacia alguien. Tú, por ejemplo. Perder mis maletas, sufrir tus retrasos y en la medida de los posible, no acordarme jamás del billete de vuelta.
Tengo comprobado que es la mejor forma de viajar en primera.
Porque a veces sientes que, con ella delante, el sol calienta más de lo que sus posibilidades le permiten en primavera.
Será por eso por lo que, es en las noches de Diciembre, cuando el termómetro está a cero, cuando más pensamos en el sol.
martes, 1 de marzo de 2016
Sangre y costal.
Cuaresma. Época de penitencia, de túnicas y capillos. Época que huele a incienso y suena al raseo de los hermanos al son de las trompetas.
La banda empieza a tocar, suena el himno y al grito de, ¡Hermanos, cubríos! comienza la puja. Rezas y pides por los que ya no están. Por Curro y Tatá. Por los que lo necesitan y por lo que quieres de verdad (el pretérito indefinido también vale).
No recuerdas lo que pesaba y pronto caes en la cuenta de que el año pasado lo pasaste mal. Sufres como Él sufrió. Pero llevas a hombros a tu Cristo, a tu Virgen. Y eso, bien merece la pena. En cuestión de milisegundos, recorren tu cabeza caras con nombre y risas sin apellidos. Aprovechas la falta de identidad que te otorga el capillo para dejar escapar alguna lágrima, alguna emoción y con la mirada en el cielo, suplicas poder salir el año que viene.
El olor a morcilla cuando sales por el húmedo, el Salmorejo del Camarote, el luto por el funesto Morán, las patatas del Burgo...la Semana Santa que de pequeño temía y de algo más mayor amo.
Túnica, capillo y emoción. Asi defino yo a mi León.
¡Qué sea Enhorabuena!
La banda empieza a tocar, suena el himno y al grito de, ¡Hermanos, cubríos! comienza la puja. Rezas y pides por los que ya no están. Por Curro y Tatá. Por los que lo necesitan y por lo que quieres de verdad (el pretérito indefinido también vale).
No recuerdas lo que pesaba y pronto caes en la cuenta de que el año pasado lo pasaste mal. Sufres como Él sufrió. Pero llevas a hombros a tu Cristo, a tu Virgen. Y eso, bien merece la pena. En cuestión de milisegundos, recorren tu cabeza caras con nombre y risas sin apellidos. Aprovechas la falta de identidad que te otorga el capillo para dejar escapar alguna lágrima, alguna emoción y con la mirada en el cielo, suplicas poder salir el año que viene.
El olor a morcilla cuando sales por el húmedo, el Salmorejo del Camarote, el luto por el funesto Morán, las patatas del Burgo...la Semana Santa que de pequeño temía y de algo más mayor amo.
Túnica, capillo y emoción. Asi defino yo a mi León.
¡Qué sea Enhorabuena!
domingo, 28 de febrero de 2016
Cuando no me ves.
La luna estaba más alta. Flotaba sobre el suave tapiz de aguas que bañaba la bahía. Había un leve reflejo de escamas de plata, que temblaban con sarcasmo y elegancia al son del punteo de las olas contra el espigón. Aquel sobre el que alguna vez amé y otras prometí odiar.
Recuerdo como por un momento, el último rayo de sol cayó con romántico afecto sobre su rostro radiante. Con su voz, armónica y melosa, me obligó a inclinarme hacia delante, sin aliento, mientras la escuchaba...entonces se fue el brillo y cada uno de los rayos abandonó su rostro con reticente pesar, como dejan los niños una avenida animada al llegar la oscuridad. Me besó sobre aquel espigón y descubrí que, de madrugada, sus besos sabían mejor.
Con una especie de emoción vehemente, comenzó a sonar en mis oídos una frase: "recuerda esta noche porque marca el principio de la eternidad". De vuelta a casa recordé que, además de ser maleducadamente atractiva, leía a Dante, como yo.
Pero su corazón se mantenía en constante turbulencia.
Durante un instante, una frase trató de formarse en mi boca y mis labios se separaron como los de un mudo, como si hubiera más batallas en ellos que el mero jirón de aire asombrado. Pero no emitieron sonido alguno. Y aquello que estuve a punto de recordar, quedó incomunicado para siempre.
Su corazón comenzó a latir con más fuerza a medida que me acercaba más a ella. Sabía que en cuanto la besara y atrapara su perecedero aliento, mi mente dejaría de vagar inquieta, como la mente de Dios.
Pero el tiempo hizo que nos marchásemos sin una palabra. Expulsados, convertidos en algo pasajero. Aislados, cual fantasmas, incluso de nuestra piedad. Y es entonces cuando te das cuenta de que, el deseo de tocar el cielo con la punta de los dedos sin que el sol te queme las alas, era del todo imposible.
Y aunque sé que todavía podría encender un par de lunas sobre tu espalda, prefiero quedarme con el recuerdo de aquella que tú encendiste sobre mi cama.
Sólo he querido de verdad a un puñado de personas en mi vida. Y los atesoro como si en ese puñado cupiera toda mi vida. Mi mochila de los viajes.
La que, Si Dios quiere, dentro de poco me tocará volver a llenar.
Porque el destino suele estar a la vuelta de la esquina: como si fuese un chorizo, una puta o un vendedor de lotería. Esas son sus tres encarnaciones más socorridas. Lo que está claro es que nunca reparte a domicilio. Siempre hay que ir a por él.
"Porque el día que el presente sea ya historia y las aguas se nos calmen de una vez, entenderás en mis silencios tantas cosas...las que ahora escribo cuando no me ves".
Fin.
Recuerdo como por un momento, el último rayo de sol cayó con romántico afecto sobre su rostro radiante. Con su voz, armónica y melosa, me obligó a inclinarme hacia delante, sin aliento, mientras la escuchaba...entonces se fue el brillo y cada uno de los rayos abandonó su rostro con reticente pesar, como dejan los niños una avenida animada al llegar la oscuridad. Me besó sobre aquel espigón y descubrí que, de madrugada, sus besos sabían mejor.
Con una especie de emoción vehemente, comenzó a sonar en mis oídos una frase: "recuerda esta noche porque marca el principio de la eternidad". De vuelta a casa recordé que, además de ser maleducadamente atractiva, leía a Dante, como yo.
Pero su corazón se mantenía en constante turbulencia.
Durante un instante, una frase trató de formarse en mi boca y mis labios se separaron como los de un mudo, como si hubiera más batallas en ellos que el mero jirón de aire asombrado. Pero no emitieron sonido alguno. Y aquello que estuve a punto de recordar, quedó incomunicado para siempre.
Su corazón comenzó a latir con más fuerza a medida que me acercaba más a ella. Sabía que en cuanto la besara y atrapara su perecedero aliento, mi mente dejaría de vagar inquieta, como la mente de Dios.
Pero el tiempo hizo que nos marchásemos sin una palabra. Expulsados, convertidos en algo pasajero. Aislados, cual fantasmas, incluso de nuestra piedad. Y es entonces cuando te das cuenta de que, el deseo de tocar el cielo con la punta de los dedos sin que el sol te queme las alas, era del todo imposible.
Y aunque sé que todavía podría encender un par de lunas sobre tu espalda, prefiero quedarme con el recuerdo de aquella que tú encendiste sobre mi cama.
Sólo he querido de verdad a un puñado de personas en mi vida. Y los atesoro como si en ese puñado cupiera toda mi vida. Mi mochila de los viajes.
La que, Si Dios quiere, dentro de poco me tocará volver a llenar.
Porque el destino suele estar a la vuelta de la esquina: como si fuese un chorizo, una puta o un vendedor de lotería. Esas son sus tres encarnaciones más socorridas. Lo que está claro es que nunca reparte a domicilio. Siempre hay que ir a por él.
"Porque el día que el presente sea ya historia y las aguas se nos calmen de una vez, entenderás en mis silencios tantas cosas...las que ahora escribo cuando no me ves".
Fin.
lunes, 1 de febrero de 2016
Siempre el plan ve.
¿ Y si se cumpliera aquello que Nietzsche tanto prometió de que acabaríamos viviendo la misma vida de nuevo?
Habría labios en los que me gustaría volver a vivir, heridas que me gustaría volver a coser y relojes a los que maldicería una y otra vez.
El caso es que nos hemos acostumbrado demasiado a los días grises. Quizás un día pruebe a atracar un banco, a sacarle la lengua a los que me miran mal por la calle, a quitarle un caramelo a un niño, a sonreir a la cartera o a entrar en alguna de esas casas abandonadas de Reina Victoria que me tientan con su polvo y sus ventanas tapiadas.
Tenemos y debemos reaprender a fascinarnos, a vivir en tecnicolor, a dejar el descafeinado. A saltarnos las reglas al menos una vez al día. A hacer pis sin levantar la tapa, o mejor, en la ducha. Porque joder, no tenemos tiempo. Desde que nacemos, nuestras agujas van hacia atrás y el calendario corre más que cualquier leopardo en Kenia.
No hay tiempo para nostalgias, tampoco para arrepentimientos.
Ni para pedir permiso.
Tampoco para dar una excusa convincente a la policía.
Que la curiosidad te mate.
Éste es mi único consejo de supervivencia:
No necesitas a nadie.
Pero quiere.
Quiere mucho.
Siempre por encima de tus posibilidades.
Y si no acaba de llegar, pasa al plan ve.
Habría labios en los que me gustaría volver a vivir, heridas que me gustaría volver a coser y relojes a los que maldicería una y otra vez.
El caso es que nos hemos acostumbrado demasiado a los días grises. Quizás un día pruebe a atracar un banco, a sacarle la lengua a los que me miran mal por la calle, a quitarle un caramelo a un niño, a sonreir a la cartera o a entrar en alguna de esas casas abandonadas de Reina Victoria que me tientan con su polvo y sus ventanas tapiadas.
Tenemos y debemos reaprender a fascinarnos, a vivir en tecnicolor, a dejar el descafeinado. A saltarnos las reglas al menos una vez al día. A hacer pis sin levantar la tapa, o mejor, en la ducha. Porque joder, no tenemos tiempo. Desde que nacemos, nuestras agujas van hacia atrás y el calendario corre más que cualquier leopardo en Kenia.
No hay tiempo para nostalgias, tampoco para arrepentimientos.
Ni para pedir permiso.
Tampoco para dar una excusa convincente a la policía.
Que la curiosidad te mate.
Éste es mi único consejo de supervivencia:
No necesitas a nadie.
Pero quiere.
Quiere mucho.
Siempre por encima de tus posibilidades.
Y si no acaba de llegar, pasa al plan ve.
domingo, 17 de enero de 2016
Nuestro absurdo vodevil.
Y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.
Porque soy la vida que ya tengo.
Y quizás, ella, sea la vida que me falta.
Porque te fui queriendo a buchitos.
Despacio, con calma, con precaución.
Pero no era yo.
Decidí arriesgarme.
Y empecé a quererte como yo sé hacerlo.
Intenso, con alma, corazón.
Con vida.
Pero a veces, aunque la cuerda cortada pueda volver a a anudarse,
vuelva a aguantar, siempre estará cortada en si misma.
Y quizás volvamos a tropezar, sí,
pero allí dónde me abandonaste no volverás a encontrarme.
Y si es mejor quererte sin permiso, con rabia y al contado,
yo te querré como jamás te quiso quién más te haya marcado.
Pero anda, deja que te desabroche un botón.
Que se come con piel la manzana prohibida.
Pero si acaso piensas quererme como se quiere a un gato,
prometo largarme con la primera que a ti se parezca.
Porque siempre escuché que la curiosidad acabó matándolo -al gato-
pero nunca me contaron si lo que descubrió mereció la pena.
Que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.
¿Qué importa que nos acabemos de conocer?
Así podrá jugar el azar también su papel.
Que todos los catorce de Febrero lloren contigo.
Y si el corazón pregunta el porqué de tu soledad
pide en la farmacia pastillas para no llorar.
Y si quieres quererme, voy a dejarme querer.
Pero si estás dispuesta a odiarme, no me tengas piedad.
Porque serás todo lo guapa que quieras,
pero dime...
si el mundo fuera ciego,
¿a cuánta gente impresionarías?
Porque conmigo no cuenta el porvenir
pero de ti no se acuerda el verbo amar.
Porque yo no juego para perder
y tú haces trampas para ganar.
Así es nuestra partida de ajedrez.
Un vodevil con una partenaire
adicta al jaque mate.
Porque soy la vida que ya tengo.
Y quizás, ella, sea la vida que me falta.
Porque te fui queriendo a buchitos.
Despacio, con calma, con precaución.
Pero no era yo.
Decidí arriesgarme.
Y empecé a quererte como yo sé hacerlo.
Intenso, con alma, corazón.
Con vida.
Pero a veces, aunque la cuerda cortada pueda volver a a anudarse,
vuelva a aguantar, siempre estará cortada en si misma.
Y quizás volvamos a tropezar, sí,
pero allí dónde me abandonaste no volverás a encontrarme.
Y si es mejor quererte sin permiso, con rabia y al contado,
yo te querré como jamás te quiso quién más te haya marcado.
Pero anda, deja que te desabroche un botón.
Que se come con piel la manzana prohibida.
Pero si acaso piensas quererme como se quiere a un gato,
prometo largarme con la primera que a ti se parezca.
Porque siempre escuché que la curiosidad acabó matándolo -al gato-
pero nunca me contaron si lo que descubrió mereció la pena.
Que ser valiente no salga tan caro,
que ser cobarde no valga la pena.
¿Qué importa que nos acabemos de conocer?
Así podrá jugar el azar también su papel.
Que todos los catorce de Febrero lloren contigo.
Y si el corazón pregunta el porqué de tu soledad
pide en la farmacia pastillas para no llorar.
Y si quieres quererme, voy a dejarme querer.
Pero si estás dispuesta a odiarme, no me tengas piedad.
Porque serás todo lo guapa que quieras,
pero dime...
si el mundo fuera ciego,
¿a cuánta gente impresionarías?
Porque conmigo no cuenta el porvenir
pero de ti no se acuerda el verbo amar.
Porque yo no juego para perder
y tú haces trampas para ganar.
Así es nuestra partida de ajedrez.
Un vodevil con una partenaire
adicta al jaque mate.
martes, 12 de enero de 2016
Nuestro tóxico letargo.
El mundo se despedaza.
Y nosotros con el.
Vivimos en un descorazonador suicidio permanente.
Presos del televisivo zarpazo de la más burda vulgaridad.
Creo a pies juntillas en la mediocridad del ser.
Siempre del humano.
En su astuta inteligencia para tropezar con la misma piedra.
En la pérdida de valores.
Creo en la moral como tarjeta de visita.
En que, cada vez, tienen más sitio los idiotas.
En que hay algo de bondad entre toda esta miseria.
En Dios.
Miro al mundo y me siento como un triste peón de ajedrez.
Olvidado en un rincón del tablero mientras a mi espalda, la batalla.
Permanezco erguido y me pregunto:
¿Quedará algún rey vivo al que servir?
"Y es que la historia sólo está muerta para los imbéciles.
O para los que gallean de nación pero no comparten la palabra.
Aldeanos que por defender su memoria, niegan la de otros.
La memoria que por lo general, común es casi toda".
El mundo.
Y su historia.
Algo así como la "Primavera de Vivaldi" silbada por Jack el Destripador en plena faena.
En tono bajito, casi íntimo
Madaya muere de hambre.
Africa de sed.
El mundo se hunde y no quedan más que unos pocos vestigios de ingrata humanidad.
Porque triunfamos, sí. Pero siempre habrá un iceberg esperando a su Titanic.
Vidas aún por descubrir ahogan sus esperanzas en macabras singladuras.
Fanatismos que matan en nombre de dioses que no existen.
Vidas truncadas por cheques al por mayor.
Tierras en las que es más importante comer que respirar.
¿Cuál es el motivo? ¿que soy cristiano?
¿Acaso el cristiano no tiene órganos,sentidos,pasiones?Si lo pinchan ¿no sangra?
¿No tiene calor en verano y frío en invierno? ¿No se ríe si le hacen cosquillas?
Si nos hacéis daño ¿no nos vengaremos?
El mercader de Venecia. Shakespeare.
Donde el acreedor era judío. Y las deudas libras de carne.
El teatro ya no es tal y ahora, la sangré corre a raudales.
Porque siempre habrá Torres Gemelas de NY, "Troyas" y caballos de madera, bárbaros y también Constantinoplas.
Pero siempre nos quedará París.
Y el amor.
Aunque "Je ne suis pas Paris".
Yo sólo soy de mi padre y de mi madre.
Dice mi sombra que ya no nos parecemos.
Que por más que me sigue, no cuadra el paso.
Que ahora encajo con otra.
Que tiene celos, dice.
Tendré que regalarle una margarita.
Pero sin pétalos.
Para que nunca sepa si la quiero o no.
Para que dude.
Como, a veces, lo hago yo pero de este enfermo mundo.
"Lo siento por los que te usan de trinchera.
Por los que no entienden que giras en círculos.
Por los que no ven que te alejas y vuelves,
como una noria que mira al cielo".
Y nosotros con el.
Vivimos en un descorazonador suicidio permanente.
Presos del televisivo zarpazo de la más burda vulgaridad.
Creo a pies juntillas en la mediocridad del ser.
Siempre del humano.
En su astuta inteligencia para tropezar con la misma piedra.
En la pérdida de valores.
Creo en la moral como tarjeta de visita.
En que, cada vez, tienen más sitio los idiotas.
En que hay algo de bondad entre toda esta miseria.
En Dios.
Miro al mundo y me siento como un triste peón de ajedrez.
Olvidado en un rincón del tablero mientras a mi espalda, la batalla.
Permanezco erguido y me pregunto:
¿Quedará algún rey vivo al que servir?
"Y es que la historia sólo está muerta para los imbéciles.
O para los que gallean de nación pero no comparten la palabra.
Aldeanos que por defender su memoria, niegan la de otros.
La memoria que por lo general, común es casi toda".
El mundo.
Y su historia.
Algo así como la "Primavera de Vivaldi" silbada por Jack el Destripador en plena faena.
En tono bajito, casi íntimo
Madaya muere de hambre.
Africa de sed.
El mundo se hunde y no quedan más que unos pocos vestigios de ingrata humanidad.
Porque triunfamos, sí. Pero siempre habrá un iceberg esperando a su Titanic.
Vidas aún por descubrir ahogan sus esperanzas en macabras singladuras.
Fanatismos que matan en nombre de dioses que no existen.
Vidas truncadas por cheques al por mayor.
Tierras en las que es más importante comer que respirar.
¿Cuál es el motivo? ¿que soy cristiano?
¿Acaso el cristiano no tiene órganos,sentidos,pasiones?Si lo pinchan ¿no sangra?
¿No tiene calor en verano y frío en invierno? ¿No se ríe si le hacen cosquillas?
Si nos hacéis daño ¿no nos vengaremos?
El mercader de Venecia. Shakespeare.
Donde el acreedor era judío. Y las deudas libras de carne.
El teatro ya no es tal y ahora, la sangré corre a raudales.
Porque siempre habrá Torres Gemelas de NY, "Troyas" y caballos de madera, bárbaros y también Constantinoplas.
Pero siempre nos quedará París.
Y el amor.
Aunque "Je ne suis pas Paris".
Yo sólo soy de mi padre y de mi madre.
Dice mi sombra que ya no nos parecemos.
Que por más que me sigue, no cuadra el paso.
Que ahora encajo con otra.
Que tiene celos, dice.
Tendré que regalarle una margarita.
Pero sin pétalos.
Para que nunca sepa si la quiero o no.
Para que dude.
Como, a veces, lo hago yo pero de este enfermo mundo.
"Lo siento por los que te usan de trinchera.
Por los que no entienden que giras en círculos.
Por los que no ven que te alejas y vuelves,
como una noria que mira al cielo".
lunes, 11 de enero de 2016
Ojalá algún día te equivoques.
Mi último refugio, mis libros, son placeres sencillos.
Exactamente igual que atravesar un río a lomos de tu caballo.
O que un amor correspondido.
El caso es que hace falta ser listo para ser complicado.
Y en esas estamos.
Pero me enamoré de su carácter misterioso. Me pareció terriblemente atractiva. Sí, suponía que en un mismo "te quiero", podía ser Jekyll y a la vez Mr Hide. Y que con una simple mirada, el silencio era suficiente para hablar, pero sólo se limitaba a estar ahí, con una sonrisa en la cara, sin decir una palabra.
Pensaba en los demás pero no era abierta; era apasionada pero era dura; era una chica buena, divertida y maravillosa.
Y te quise.
Pero era insoportable.
Florencia.
Siempre le había fascinado.
A mi también.
Esa era la ciudad en cuyas calles Miguel Ángel había jugado de niño y en cuyos estudios había nacido el Renacimiento italiano. La ciudad cuyas galerías atraían a miles de viajeros para admirar "El Nacimiento de Venus" de Botticelli, "La Anunciación" de Leonardo o el orgullo de la ciudad de los joyero: "El David". La ciudad en la que Dante escribió que "los lugares más oscuros del Infierno están reservados a aquellos que mantienen su neutralidad en épocas de crisis moral", como si tratándose de un profeta, vislumbrase la moral exquisita y obsidiana de la que gozamos hoy en sociedad. Porque en tiempos peligrosos no hay mayor pecado que la pasividad.
Y resulta que como en su comedia - la de Alighieri - la revelación divina simplemente significa que tu cerebro oiga lo que el corazón ya sabía. Es el conflicto que en la antigüedad ya gestaron Apolo y Dioniso. El famoso dilema mitológico. La vieja batalla entre mente y corazón que, rara vez quieren lo mismo.
En noches de insomnio y despedidas solíamos viajar a Venecia. Pocas experiencias son más placenteras que subir, preferiblemente de noche, a bordo de un Vaporetto y sentarse al aire libre a ver pasar iluminadas las catedrales. Amábamos la ausencia del ruido de motores en sus calles; en cambio, podíamos escuchar un inusual tapiz de voces humanas, arrullos de palomas, misas en latín y cadenciosos violines que perseguían endulzar la triste sombra del puente y sus suspiros.
Porque el alma necesita emoción. Por eso nunca deja de buscar combustible. Bueno o malo. En nuestro caso daba igual.
Pero al volver a la cama, acabábamos siempre por dar la razón a Malthus y sus teorías. Siempre creí que la frase que tanto me repetía, la había aprendido de alguno de esos libros que, de vez en cuando, le gustaba ojear entre cigarros: - "el camino actual conduce a la destrucción. El crecimiento de la población es una progresión exponencial en un sistema de espacio finito y recursos limitados. El final llegará de forma abrupta". -
Y aunque la frase albergaba el más oscuro de todos los caos del Universo, ella conseguía revestirlo de un halo de absoluto erotismo.
Yo sólo acertaba a replicar en esas ocasiones que, cuando el mundo estuviese repleto de habitantes, se purgaría a si mismo.
Pero en verdad nunca nos paramos a reflexionar acerca de las teorías más metafísicas de la historia. Quizás porque nuestra mente bloquea todos nuestros miedos existenciales y se centra en cuestiones que podamos afrontar, como llegar a tiempo al trabajo o pagar, religiosamente, nuestros impuestos.
Como si al nadar por un oscuro túnel, llegase un momento en el que ya no tienes suficiente aire para deshacer el camino. Como si la única posibilidad fuera seguir nadando hacia lo desconocido y rezar para encontrar una salida.
Porque aunque la ciencia me diga que Dios existe y la mente que nunca lo comprenderé, el corazón me habla de alguien que, aún estando más allá de los sentidos, se sienta todos los días cerca de mi.
Sólo es cuestión de que el cerebro oiga lo que el corazón ya sabe.
No el mio, sino el tuyo. Porque lo único que espero a día de hoy es poder coincidir contigo, eme, en algún café de Madrid, leer un rato a Neruda, guiñarnos los ojos, escuchar algo de música vieja y desgastada y esperar, entre alguna que otra risa, que te equivoques y me digas "te quiero".
Exactamente igual que atravesar un río a lomos de tu caballo.
O que un amor correspondido.
El caso es que hace falta ser listo para ser complicado.
Y en esas estamos.
Pero me enamoré de su carácter misterioso. Me pareció terriblemente atractiva. Sí, suponía que en un mismo "te quiero", podía ser Jekyll y a la vez Mr Hide. Y que con una simple mirada, el silencio era suficiente para hablar, pero sólo se limitaba a estar ahí, con una sonrisa en la cara, sin decir una palabra.
Pensaba en los demás pero no era abierta; era apasionada pero era dura; era una chica buena, divertida y maravillosa.
Y te quise.
Pero era insoportable.
Florencia.
Siempre le había fascinado.
A mi también.
Esa era la ciudad en cuyas calles Miguel Ángel había jugado de niño y en cuyos estudios había nacido el Renacimiento italiano. La ciudad cuyas galerías atraían a miles de viajeros para admirar "El Nacimiento de Venus" de Botticelli, "La Anunciación" de Leonardo o el orgullo de la ciudad de los joyero: "El David". La ciudad en la que Dante escribió que "los lugares más oscuros del Infierno están reservados a aquellos que mantienen su neutralidad en épocas de crisis moral", como si tratándose de un profeta, vislumbrase la moral exquisita y obsidiana de la que gozamos hoy en sociedad. Porque en tiempos peligrosos no hay mayor pecado que la pasividad.
Y resulta que como en su comedia - la de Alighieri - la revelación divina simplemente significa que tu cerebro oiga lo que el corazón ya sabía. Es el conflicto que en la antigüedad ya gestaron Apolo y Dioniso. El famoso dilema mitológico. La vieja batalla entre mente y corazón que, rara vez quieren lo mismo.
En noches de insomnio y despedidas solíamos viajar a Venecia. Pocas experiencias son más placenteras que subir, preferiblemente de noche, a bordo de un Vaporetto y sentarse al aire libre a ver pasar iluminadas las catedrales. Amábamos la ausencia del ruido de motores en sus calles; en cambio, podíamos escuchar un inusual tapiz de voces humanas, arrullos de palomas, misas en latín y cadenciosos violines que perseguían endulzar la triste sombra del puente y sus suspiros.
Porque el alma necesita emoción. Por eso nunca deja de buscar combustible. Bueno o malo. En nuestro caso daba igual.
Pero al volver a la cama, acabábamos siempre por dar la razón a Malthus y sus teorías. Siempre creí que la frase que tanto me repetía, la había aprendido de alguno de esos libros que, de vez en cuando, le gustaba ojear entre cigarros: - "el camino actual conduce a la destrucción. El crecimiento de la población es una progresión exponencial en un sistema de espacio finito y recursos limitados. El final llegará de forma abrupta". -
Y aunque la frase albergaba el más oscuro de todos los caos del Universo, ella conseguía revestirlo de un halo de absoluto erotismo.
Yo sólo acertaba a replicar en esas ocasiones que, cuando el mundo estuviese repleto de habitantes, se purgaría a si mismo.
Pero en verdad nunca nos paramos a reflexionar acerca de las teorías más metafísicas de la historia. Quizás porque nuestra mente bloquea todos nuestros miedos existenciales y se centra en cuestiones que podamos afrontar, como llegar a tiempo al trabajo o pagar, religiosamente, nuestros impuestos.
Como si al nadar por un oscuro túnel, llegase un momento en el que ya no tienes suficiente aire para deshacer el camino. Como si la única posibilidad fuera seguir nadando hacia lo desconocido y rezar para encontrar una salida.
Porque aunque la ciencia me diga que Dios existe y la mente que nunca lo comprenderé, el corazón me habla de alguien que, aún estando más allá de los sentidos, se sienta todos los días cerca de mi.
Sólo es cuestión de que el cerebro oiga lo que el corazón ya sabe.
No el mio, sino el tuyo. Porque lo único que espero a día de hoy es poder coincidir contigo, eme, en algún café de Madrid, leer un rato a Neruda, guiñarnos los ojos, escuchar algo de música vieja y desgastada y esperar, entre alguna que otra risa, que te equivoques y me digas "te quiero".
lunes, 28 de diciembre de 2015
Entre citas y alguna comilla.
Cuando te encuentres ante dos opciones y tengas que elegir, simplemente lanza una moneda al aire.
Es un truco que siempre funciona, no sólo porque por fuerza siempre te saca de dudas, sino porque en ese breve momento en que la moneda está en el aire, de repente, sabes que cara quieres que salga.
Y es entonces cuando el resultado ya no importa, porque hace milisegundos que saliste de dudas.
Elige siempre a aquellas personas que te miren como si fueras magia. Ese es lado bueno de la moneda. Porque, a veces, sólo necesito veinte segundos de loca valentía, de coraje vergonzoso. Y casi siempre, algo muy grande acaba saliendo de ahí.
Y recuerda siempre sonreir. Porque lo bonito no está en cómo vistes. Ni siquiera en el perfume con el que dejas estela. Lo bonito, siempre, está en cómo hablas a los demás sin despegar los labios de tu boca. Tu sonrisa te dibuja unas comillas preciosas en la cara.
Es por eso que quizás, hayas logrado ser, mi cita favorita.
Es un truco que siempre funciona, no sólo porque por fuerza siempre te saca de dudas, sino porque en ese breve momento en que la moneda está en el aire, de repente, sabes que cara quieres que salga.
Y es entonces cuando el resultado ya no importa, porque hace milisegundos que saliste de dudas.
Elige siempre a aquellas personas que te miren como si fueras magia. Ese es lado bueno de la moneda. Porque, a veces, sólo necesito veinte segundos de loca valentía, de coraje vergonzoso. Y casi siempre, algo muy grande acaba saliendo de ahí.
Y recuerda siempre sonreir. Porque lo bonito no está en cómo vistes. Ni siquiera en el perfume con el que dejas estela. Lo bonito, siempre, está en cómo hablas a los demás sin despegar los labios de tu boca. Tu sonrisa te dibuja unas comillas preciosas en la cara.
Es por eso que quizás, hayas logrado ser, mi cita favorita.
domingo, 27 de diciembre de 2015
Sí, quiero.
Porque la vida tiene que tener momentos de locura. Si no, todo sería un eterno Lunes. Porque la locura es el estado en el que la felicidad deja de ser inalcanzable. Por eso hace poco te escribí. Porque estaba harto de quedarme con las ganas de pedirte que fueras el queso de mis macarrones.
Siempre me cruzo contigo entre cerveza y cerveza. Y no por acordarme de tu pelo las pido rubias. Porque moreno flamenco es el color de tus ojos a tu pelo.
Porque aunque todos tenemos días en los que creemos que el sol brilla más en otra parte del mundo, yo, contigo, no necesito que sea fácil, sólo que sea posible. Porque la libertad y tu belleza son demasiado buenas para dejarlas pasar.
Porque a veces me pregunto si un recuerdo es algo que se tiene o algo que se ha perdido.
Porque yo, contigo, empiezo a preferir querer tener que querer olvidar.
Siempre me cruzo contigo entre cerveza y cerveza. Y no por acordarme de tu pelo las pido rubias. Porque moreno flamenco es el color de tus ojos a tu pelo.
Porque aunque todos tenemos días en los que creemos que el sol brilla más en otra parte del mundo, yo, contigo, no necesito que sea fácil, sólo que sea posible. Porque la libertad y tu belleza son demasiado buenas para dejarlas pasar.
Porque a veces me pregunto si un recuerdo es algo que se tiene o algo que se ha perdido.
Porque yo, contigo, empiezo a preferir querer tener que querer olvidar.
miércoles, 23 de diciembre de 2015
Con la misma eme que acaricia tu nombre.
He perdido el tiempo.
Que alguien me ayude porque no sé dónde lo dejé.
Era un tiempo así como breve, hermoso, delicado. Lleno de buenos momentos y de alguno malo también.
No tiene pérdida ninguna. Lo reconocerás enseguida. Y por eso me extraña verme tan despistado con tanta facilidad.
No hay otro tiempo así o al menos yo no lo he sabido descubrir.
He perdido el tiempo y necesito encontrarlo.
¿Razón? Aquí y ahora. O mejor dicho, ya.
Perdí el tiempo contigo, con ella, con él...y la verdad es que no sé cómo ha podido volver a pasar. Porque esta vez lo tenía todo atado y bien atado. Sin la necesidad de pasar por ningún sitio a firmar. Lo tratamos como si fuese de lo más rutinario, sin ser conscientes de la oportunidad que la vida nos brindó. Como si después de lo que hemos vivido, nos mereciésemos volver a querernos bonito. Volver a bailar.
Haz que no parezca amor. Pero hazlo.
Porque creo que a la vida hay que exigirle mucho. Hay que exigirle bien.
Porque un día sales de casa y !pum¡...un día vas al médico y ¡zas!...un día coges la moto y ¡pam! Es siempre más lista de lo que nos pensamos y más tarde de lo que nos creemos. Plantéatelo ahora y si no, atente a las consecuencias. Porque puede que jamás vuelvas a oir un "espera" o que para ti no haya previsto un "después". Por eso yo exijo sentir todos los días cosas buenas, malas y también regulares.
"Porque el talento se cultiva en la soledad; el carácter se forma en las tempestuosas oleadas del mundo".
Haz que no parezca amor. Pero hazlo.
No entiendo la inercia de mis ojos a tu boca.
No entiendo como una mirada puede tener el poder de hacer bajar la marea.
No puedo meterte en la caja de historias pendientes.
No puedo no querer. Y contigo no quiero no poder.
No soy como aparento.
Sólo quería que lo supieras.
Y que en esas pequeñas coincidencias, de reojo y a sabiendas, te encontré.
Déjame hacer que no parezca amor. Pero, al menos, déjame
Que alguien me ayude porque no sé dónde lo dejé.
Era un tiempo así como breve, hermoso, delicado. Lleno de buenos momentos y de alguno malo también.
No tiene pérdida ninguna. Lo reconocerás enseguida. Y por eso me extraña verme tan despistado con tanta facilidad.
No hay otro tiempo así o al menos yo no lo he sabido descubrir.
He perdido el tiempo y necesito encontrarlo.
¿Razón? Aquí y ahora. O mejor dicho, ya.
Perdí el tiempo contigo, con ella, con él...y la verdad es que no sé cómo ha podido volver a pasar. Porque esta vez lo tenía todo atado y bien atado. Sin la necesidad de pasar por ningún sitio a firmar. Lo tratamos como si fuese de lo más rutinario, sin ser conscientes de la oportunidad que la vida nos brindó. Como si después de lo que hemos vivido, nos mereciésemos volver a querernos bonito. Volver a bailar.
Haz que no parezca amor. Pero hazlo.
Porque creo que a la vida hay que exigirle mucho. Hay que exigirle bien.
Porque un día sales de casa y !pum¡...un día vas al médico y ¡zas!...un día coges la moto y ¡pam! Es siempre más lista de lo que nos pensamos y más tarde de lo que nos creemos. Plantéatelo ahora y si no, atente a las consecuencias. Porque puede que jamás vuelvas a oir un "espera" o que para ti no haya previsto un "después". Por eso yo exijo sentir todos los días cosas buenas, malas y también regulares.
"Porque el talento se cultiva en la soledad; el carácter se forma en las tempestuosas oleadas del mundo".
Haz que no parezca amor. Pero hazlo.
No entiendo la inercia de mis ojos a tu boca.
No entiendo como una mirada puede tener el poder de hacer bajar la marea.
No puedo meterte en la caja de historias pendientes.
No puedo no querer. Y contigo no quiero no poder.
No soy como aparento.
Sólo quería que lo supieras.
Y que en esas pequeñas coincidencias, de reojo y a sabiendas, te encontré.
Déjame hacer que no parezca amor. Pero, al menos, déjame
lunes, 21 de diciembre de 2015
Sangre y arena. Y entremedias, tú.
Y aunque nada espléndido ha sido forjado con sangre fría, hace falta algo de mesura para forjar y un gran corazón en llamas para lograrlo. Y de mis rescoldos la surada hace fuego.
Pero siempre con cautela, pues aquel que quiere permanente llegar a lo más alto, debiera de contar que con cierta probabilidad algún día le invadirá el vértigo.
Y a veces esperamos convertirnos en cazadores de sueños, ganadores de los juegos del hambre, magos, semidioses, ángeles...y al final, nos acabamos conformando con tener algo a nuestro nombre. Aunque sólo sea un amor...¿sólo? Tener un amor a nuestro nombre es suficiente para vivir.
Porque motivados por la fuerza del amor, fragmentos del mundo se buscan entre sí para que puede haber un mundo. Tu mundo. Y el mio.
Y me preguntaste - ¿deja vú? - y te contesté que tú y yo ya nos habíamos olvidado antes. Y apuntalé que siempre oí decir que el cobarde abandonaba antes su dignidad que el campo de batalla.
Pero nos cruzamos alguna vez de noche. Otras en lanchas de ida y vuelta al Puntal. Y aunque nunca te despeinarás ni por mi ni conmigo, quería que supieras que yo si lo hice al mirarte mientras pasabas.
No te tomes a mal lo de ésta noche, pero últimamente mi sangre bombea sin termostato.
Pero siempre con cautela, pues aquel que quiere permanente llegar a lo más alto, debiera de contar que con cierta probabilidad algún día le invadirá el vértigo.
Y a veces esperamos convertirnos en cazadores de sueños, ganadores de los juegos del hambre, magos, semidioses, ángeles...y al final, nos acabamos conformando con tener algo a nuestro nombre. Aunque sólo sea un amor...¿sólo? Tener un amor a nuestro nombre es suficiente para vivir.
Porque motivados por la fuerza del amor, fragmentos del mundo se buscan entre sí para que puede haber un mundo. Tu mundo. Y el mio.
Y me preguntaste - ¿deja vú? - y te contesté que tú y yo ya nos habíamos olvidado antes. Y apuntalé que siempre oí decir que el cobarde abandonaba antes su dignidad que el campo de batalla.
Pero nos cruzamos alguna vez de noche. Otras en lanchas de ida y vuelta al Puntal. Y aunque nunca te despeinarás ni por mi ni conmigo, quería que supieras que yo si lo hice al mirarte mientras pasabas.
No te tomes a mal lo de ésta noche, pero últimamente mi sangre bombea sin termostato.
jueves, 3 de diciembre de 2015
Aunque tú sí lo sepas.
Decidiste, tal día como hoy, que estaría mejor contigo que con nosotros. Decidiste, tal día como hoy, llevártela. Y la noticia, tal día como hoy, cayó como un mazazo en casa. Uno de esos de los que rompe por dentro. De los que une por fuera.
No fuiste valiente ni para decirlo a la cara. Y por eso, juré por ti volverte por siempre y para siempre la cara. Juré darte la espalda. No volver a saber de ti. No rezarte. Y ni mucho menos pedirte. Porque lo único que te pedí es que no la separases de mi, nunca. Pero el "nunca" fue lo que utilizaste para jamás hacerme caso.
Y a día de hoy, no consigo frenar esta hemorragia de agua y sal. Fuiste un cobarde. Te presentaste como se presentan los ladrones de almas, los delincuentes, por sorpresa, sin avisar, con nocturnidad y alevosía. Como si Tatá te debiese algo. Cuando Tú bien sabes que, si en esta vida tuvieses algún pagaré, el cheque estaba a su nombre siendo Tú el único deudor.
No entendí, tal día como hoy, cómo una sonrisa y un beso pudieran tener fecha de caducidad. Y maldigo todos los días que dejé pasar sin estar contigo, sin tenerte cerca. Maldigo que no todos los días fuesen Sábados. Maldigo que no todas las plazas fuesen Castelar. Maldigo que no todos los besos fuesen para ti.
La mujer más bella del mundo. La mujer que, sin ella saberlo y sin yo esperarlo, marcaría todos y cada uno de los días de mi vida, desde aquel día, tal como hoy. Porque me atormenta pensar que algún día olvide tus ojos. Tu olor. Tus turrones en Navidad. Tus meriendas en verano. Nuestras tardes en el Siboney. Pero me tranquiliza saber que en diecisiete años, he sido incapaz de olvidarme de ti ni una sola noche.
Porque, Tatá, fuiste capaz de convertirte en mi hogar. En mi refugio. En el escondite que todos los niños, de pequeños, tenemos. Ese sitio al que siempre quería volver. Aún cuando en la planta de tus pies, tuvieses arena de otra playa.
Pero lo que me duele no es el dolor. Eso es sólo una consecuencia. Un efecto secundario de algo que me hizo sufrir y que, a día de hoy, sigue haciéndolo. Pagaría porque, ésto que tanto duele, que aprieta el corazón y araña el pecho, se pudiese paliar con una conversación, con medicamentos, con horas de sobremesa...pero algo me dice que no. Que lo que duele no es el dolor. Lo que duele es esa maldita ausencia. El hueco que dejaste, Tatá, tal día como hoy. Echarte de menos como si se tratara de una renta vitalicia. Tener que frenarme cuando te voy a llamar. Como todas las noches. Recordarme que ya no puedo. Que un día pude y que lo hice menos de lo que debería.
Te la llevaste y adiós. Y aquel día frío, lluvioso y triste de Diciembre, decidí que Tú y yo habíamos acabado. Porque te llevaste lo más puro e íntimo que jamás tuve en esta vida. Y eso, perdóname, pero no tiene perdón.
Pero llegó el día que, de retiro, me di cuenta de que, si alguna vez fuiste dueño de aquella decisión, fue para protegerme y hacerme sentir siempre y por siempre, del todo acompañado. Y entendí aquello de que todos, o casi todos, tenemos nuestro ángel de la guarda.
El mio tiene nombre flamenco. Carmen.
Qué grande hacías ese nombre, Tatá.
Perdón.
Qué grande HACES ese nombre, Tatá.
Y por eso, con dieciocho y en León, decidí cubrirme y agradecerte lo que, sin yo saberlo, hiciste por mi. Y ya van ocho. Y que vengan muchos más, por favor. Porque, bajo el capillo, sólo yo soy testigo de lo mucho que te echo de menos, Tatá. Porque sólo tú, Tatá, sabes lo que te dije y lo que te prometí antes de mi primera procesión.
La única persona capaz de arrancarme una sonrisa y un llanto en la misma décima de segundo, con la dulzura y el anhelo del recuerdo y el deseo que de ti, hoy tengo.
Un beso fuerte, abuela.
Y por favor, sígueme guiñando el ojo como hasta ahora lo has hecho.
Te quiero.
Pero eso, tú, ya lo sabes.
No fuiste valiente ni para decirlo a la cara. Y por eso, juré por ti volverte por siempre y para siempre la cara. Juré darte la espalda. No volver a saber de ti. No rezarte. Y ni mucho menos pedirte. Porque lo único que te pedí es que no la separases de mi, nunca. Pero el "nunca" fue lo que utilizaste para jamás hacerme caso.
Y a día de hoy, no consigo frenar esta hemorragia de agua y sal. Fuiste un cobarde. Te presentaste como se presentan los ladrones de almas, los delincuentes, por sorpresa, sin avisar, con nocturnidad y alevosía. Como si Tatá te debiese algo. Cuando Tú bien sabes que, si en esta vida tuvieses algún pagaré, el cheque estaba a su nombre siendo Tú el único deudor.
No entendí, tal día como hoy, cómo una sonrisa y un beso pudieran tener fecha de caducidad. Y maldigo todos los días que dejé pasar sin estar contigo, sin tenerte cerca. Maldigo que no todos los días fuesen Sábados. Maldigo que no todas las plazas fuesen Castelar. Maldigo que no todos los besos fuesen para ti.
La mujer más bella del mundo. La mujer que, sin ella saberlo y sin yo esperarlo, marcaría todos y cada uno de los días de mi vida, desde aquel día, tal como hoy. Porque me atormenta pensar que algún día olvide tus ojos. Tu olor. Tus turrones en Navidad. Tus meriendas en verano. Nuestras tardes en el Siboney. Pero me tranquiliza saber que en diecisiete años, he sido incapaz de olvidarme de ti ni una sola noche.
Porque, Tatá, fuiste capaz de convertirte en mi hogar. En mi refugio. En el escondite que todos los niños, de pequeños, tenemos. Ese sitio al que siempre quería volver. Aún cuando en la planta de tus pies, tuvieses arena de otra playa.
Pero lo que me duele no es el dolor. Eso es sólo una consecuencia. Un efecto secundario de algo que me hizo sufrir y que, a día de hoy, sigue haciéndolo. Pagaría porque, ésto que tanto duele, que aprieta el corazón y araña el pecho, se pudiese paliar con una conversación, con medicamentos, con horas de sobremesa...pero algo me dice que no. Que lo que duele no es el dolor. Lo que duele es esa maldita ausencia. El hueco que dejaste, Tatá, tal día como hoy. Echarte de menos como si se tratara de una renta vitalicia. Tener que frenarme cuando te voy a llamar. Como todas las noches. Recordarme que ya no puedo. Que un día pude y que lo hice menos de lo que debería.
Te la llevaste y adiós. Y aquel día frío, lluvioso y triste de Diciembre, decidí que Tú y yo habíamos acabado. Porque te llevaste lo más puro e íntimo que jamás tuve en esta vida. Y eso, perdóname, pero no tiene perdón.
Pero llegó el día que, de retiro, me di cuenta de que, si alguna vez fuiste dueño de aquella decisión, fue para protegerme y hacerme sentir siempre y por siempre, del todo acompañado. Y entendí aquello de que todos, o casi todos, tenemos nuestro ángel de la guarda.
El mio tiene nombre flamenco. Carmen.
Qué grande hacías ese nombre, Tatá.
Perdón.
Qué grande HACES ese nombre, Tatá.
Y por eso, con dieciocho y en León, decidí cubrirme y agradecerte lo que, sin yo saberlo, hiciste por mi. Y ya van ocho. Y que vengan muchos más, por favor. Porque, bajo el capillo, sólo yo soy testigo de lo mucho que te echo de menos, Tatá. Porque sólo tú, Tatá, sabes lo que te dije y lo que te prometí antes de mi primera procesión.
La única persona capaz de arrancarme una sonrisa y un llanto en la misma décima de segundo, con la dulzura y el anhelo del recuerdo y el deseo que de ti, hoy tengo.
Un beso fuerte, abuela.
Y por favor, sígueme guiñando el ojo como hasta ahora lo has hecho.
Te quiero.
Pero eso, tú, ya lo sabes.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Si te quema, hazlo.
La grandeza sólo es algo que nosotros inventamos.
En cierto modo, pensamos que la grandeza es un regalo reservado para unos cuantos elegidos.
Para prodigios.
Para superestrellas.
Y para el resto de mortales, como tú y como yo, sólo nos queda observar.
Podemos olvidarnos de eso.
La grandeza no es una cadena rara del ADN.
Tampoco es un tesoro.
La grandeza no es algo diferente a respirar.
Todos somos capaces de alcanzarla.
Todos nosotros.
Encuentra la tuya.
Y luego, presérvala.
Y lo harás.
A pesar de los rechazos y de las ínfimas probabilidades que crees tener.
Llevaremos las riendas de la vida hasta la risa perfecta.
Porque vale la pena luchar.
Porque también sé, con una certeza incalculable, que mientras vayamos dando pasos hacia delante, nos daremos de bruces con algo muy parecido a la felicidad. Sé que será así. Por eso, la felicidad, es el único destino posible para nosotros. Nada importa las veces que nos caigamos ni las piedras con las que nos tropecemos. Siempre, como una trampa ineludible, nos estará esperando un argumento que nos permita encontrar esa risa tan perfecta para nosotros.
Esa risa, cuyo sabor, nos acabe enamorando.
Aunque en el pasado nos matásemos en otras curvas (señalando otras sonrisas).
Aunque nos queme.
Porque si quema, lo haremos.
En cierto modo, pensamos que la grandeza es un regalo reservado para unos cuantos elegidos.
Para prodigios.
Para superestrellas.
Y para el resto de mortales, como tú y como yo, sólo nos queda observar.
Podemos olvidarnos de eso.
La grandeza no es una cadena rara del ADN.
Tampoco es un tesoro.
La grandeza no es algo diferente a respirar.
Todos somos capaces de alcanzarla.
Todos nosotros.
Encuentra la tuya.
Y luego, presérvala.
Y lo harás.
A pesar de los rechazos y de las ínfimas probabilidades que crees tener.
Llevaremos las riendas de la vida hasta la risa perfecta.
Porque vale la pena luchar.
Porque también sé, con una certeza incalculable, que mientras vayamos dando pasos hacia delante, nos daremos de bruces con algo muy parecido a la felicidad. Sé que será así. Por eso, la felicidad, es el único destino posible para nosotros. Nada importa las veces que nos caigamos ni las piedras con las que nos tropecemos. Siempre, como una trampa ineludible, nos estará esperando un argumento que nos permita encontrar esa risa tan perfecta para nosotros.
Esa risa, cuyo sabor, nos acabe enamorando.
Aunque en el pasado nos matásemos en otras curvas (señalando otras sonrisas).
Aunque nos queme.
Porque si quema, lo haremos.
miércoles, 28 de octubre de 2015
Descubrir, despedirse y adiós.
A raudales.
Así corre la vida.
Y yo, por fin, delante.
Siempre delante.
Porque hay que descubrir qué latido queremos vivir.
Y yo, por fin, creo haber descubierto el mio.
Porque hay que descubrir que crecer es aprender a despedirse.
El día que descubres que te despides mejor que hace unos años, ese día, descubres que efectivamente estás creciendo.
Mi último tren salió en Agosto de hace un par de años. Compré el billete sin yo saberlo. No sé si con ella quererlo. El día del viaje no encontré el andén. Descubrí que los valientes nunca huyen de los lugares en los que han sido felices. Y de pronto, me di cuenta de que a mi, la cobardía, me empieza a quedar un par de tallas grandes.
Así fue mi despedida.
Aunque, tal vez, no exista una intimidad más grande que la de dos miradas que se encuentran con firmeza y determinación, y sencillamente, se niegan a apartarse. A despedirse.
Pero eso es magia. Y los que la tienen, no necesitan trucos. Sólo ellos están destinados a encontrarla.
Creo en las cosas concretas. No me suelo fiar de la gente que intenta venderme algo que no se puede comprar. Por eso, dudo de la felicidad y creo en la alegría. Por eso dudo de la libertad y no de la voluntad. No creo en la igualdad, si no es de oportunidades. No creo en la gente. Sí en las personas. Personas a las que abrazarte, a las que pones nombre y cara, sentimientos, duelos y cicatrices. Creo en Dios. Y en el alma. Aunque también creo que hay gente -no personas- que ya la han perdido para siempre. Que juegan a hacer como el Sheriff de Nottingham, que sacaba tajada hasta del que había sobrevivido...
A raudales.
Así corre la vida.
Y yo. También.
Corro a raudales de la gente que habla lento. Porque me dan ganas de acabarle las frases. Deberían emitir el trailer que van a decir y luego ya, decidir nosotros si queremos quedarnos a ver la película entera.
Estoy empezando a correr de la gente que llega siempre tarde a todos los sitios.Sois ladrones de un tiempo que ya no me volverá. No tengo la culpa de tu falta de previsión temporal. Por eso voy a empezar a darte menos minutos de margen. Me levantaré y me iré. Y ya quedaremos otro día que te vaya bien quedar bien. Portazo y ya. La vida no está para regalarla y precisamente por ello, muy poca gente se merece que me dedique a esperar.
Me estoy enamorando. Y es de mi existencia.
No quiero flirtear ni un sólo milisegundo con la arrogancia pero tampoco quiero bailar toda la noche agarrarrado a las faldas de la modestia.
No se trata de hacer todo lo que hago...levantarme, ducharme, peinarme, colonia, me visto y adiós, porque eso es jugar, todos los días, a lo que no soy. No se trata de ahogar las penas en el mejor licor, porque tarde o temprano aprenderán a nadar.
Se trata de vivir. Cada tic-tac es un segundo de la vida que pasa, huye y no se repite. Hay en ella tanta intensidad, tanto interés, tanta belleza, que el problema es sólo saberla vivir.
Es cuestión de cada uno, resolverlo como pueda.
Así corre la vida.
Y yo, por fin, delante.
Siempre delante.
Porque hay que descubrir qué latido queremos vivir.
Y yo, por fin, creo haber descubierto el mio.
Porque hay que descubrir que crecer es aprender a despedirse.
El día que descubres que te despides mejor que hace unos años, ese día, descubres que efectivamente estás creciendo.
Mi último tren salió en Agosto de hace un par de años. Compré el billete sin yo saberlo. No sé si con ella quererlo. El día del viaje no encontré el andén. Descubrí que los valientes nunca huyen de los lugares en los que han sido felices. Y de pronto, me di cuenta de que a mi, la cobardía, me empieza a quedar un par de tallas grandes.
Así fue mi despedida.
Aunque, tal vez, no exista una intimidad más grande que la de dos miradas que se encuentran con firmeza y determinación, y sencillamente, se niegan a apartarse. A despedirse.
Pero eso es magia. Y los que la tienen, no necesitan trucos. Sólo ellos están destinados a encontrarla.
Creo en las cosas concretas. No me suelo fiar de la gente que intenta venderme algo que no se puede comprar. Por eso, dudo de la felicidad y creo en la alegría. Por eso dudo de la libertad y no de la voluntad. No creo en la igualdad, si no es de oportunidades. No creo en la gente. Sí en las personas. Personas a las que abrazarte, a las que pones nombre y cara, sentimientos, duelos y cicatrices. Creo en Dios. Y en el alma. Aunque también creo que hay gente -no personas- que ya la han perdido para siempre. Que juegan a hacer como el Sheriff de Nottingham, que sacaba tajada hasta del que había sobrevivido...
A raudales.
Así corre la vida.
Y yo. También.
Corro a raudales de la gente que habla lento. Porque me dan ganas de acabarle las frases. Deberían emitir el trailer que van a decir y luego ya, decidir nosotros si queremos quedarnos a ver la película entera.
Estoy empezando a correr de la gente que llega siempre tarde a todos los sitios.Sois ladrones de un tiempo que ya no me volverá. No tengo la culpa de tu falta de previsión temporal. Por eso voy a empezar a darte menos minutos de margen. Me levantaré y me iré. Y ya quedaremos otro día que te vaya bien quedar bien. Portazo y ya. La vida no está para regalarla y precisamente por ello, muy poca gente se merece que me dedique a esperar.
Me estoy enamorando. Y es de mi existencia.
No quiero flirtear ni un sólo milisegundo con la arrogancia pero tampoco quiero bailar toda la noche agarrarrado a las faldas de la modestia.
No se trata de hacer todo lo que hago...levantarme, ducharme, peinarme, colonia, me visto y adiós, porque eso es jugar, todos los días, a lo que no soy. No se trata de ahogar las penas en el mejor licor, porque tarde o temprano aprenderán a nadar.
Se trata de vivir. Cada tic-tac es un segundo de la vida que pasa, huye y no se repite. Hay en ella tanta intensidad, tanto interés, tanta belleza, que el problema es sólo saberla vivir.
Es cuestión de cada uno, resolverlo como pueda.
sábado, 3 de octubre de 2015
Hasta qué...? tú quieras.
No soy yo.
Es mi lápiz.
Qué conste.
Ni más.
Pero tampoco, ni menos.
-------------------------------------
Quizás no seas tú,
Tal vez no sea yo,
Aunque, presumiblemente, seamos los dos.
¿Algo que objetar?
No pretendo hacer la mili.
¿Por qué me dices eso?
Porque no soy objetor.
¿Y de mi?
De ti, ¿qué?
De mi...¿qué eres?
Lo que tu quieras que sea.
Puedo ser el vestido que abrace tu cintura.
El maquillaje que anestesia las ganas que de ti, me entraron anteanoche.
Puedo ser el carmín que coloree la sonrisa con la que pintas cada palabra que atesoras en tu boca.
Pero si lo prefieres, puedo sólo ser, la media naranja con la que exprimas tus mejores buenos días.
Quizás no nos conozcamos.
Tal vez nunca sepamos de nosotros.
Presumiblemente hoy leas lo que, para ti, escribo.
Contigo no quiero ni París.
Ni Roma. Quizás sí, al revés.
Tampoco Santiago.
Contigo prefiero mi casa,
cogerte las manos
y guiarte a donde jamás has estado.
Ida sin retorno,
amor con insomnio,
cafés de madrugada
y sexo por placer.
Contigo, sí.
Hasta envejecer.
Porque no se trata de ser amantes,
tampoco novios.
Tal vez tampoco amigos.
Ser siempre y por siempre, el uno del otro.
Y aunque seguramente seas más perfecta que una tilde bien puesta,
Adiós.
Porque no hay nada más triste.
Porque hasta nunca es hasta nunca, pero un adiós es...
¿hasta qué?
Es mi lápiz.
Qué conste.
Ni más.
Pero tampoco, ni menos.
-------------------------------------
Quizás no seas tú,
Tal vez no sea yo,
Aunque, presumiblemente, seamos los dos.
¿Algo que objetar?
No pretendo hacer la mili.
¿Por qué me dices eso?
Porque no soy objetor.
¿Y de mi?
De ti, ¿qué?
De mi...¿qué eres?
Lo que tu quieras que sea.
Puedo ser el vestido que abrace tu cintura.
El maquillaje que anestesia las ganas que de ti, me entraron anteanoche.
Puedo ser el carmín que coloree la sonrisa con la que pintas cada palabra que atesoras en tu boca.
Pero si lo prefieres, puedo sólo ser, la media naranja con la que exprimas tus mejores buenos días.
Quizás no nos conozcamos.
Tal vez nunca sepamos de nosotros.
Presumiblemente hoy leas lo que, para ti, escribo.
Contigo no quiero ni París.
Ni Roma. Quizás sí, al revés.
Tampoco Santiago.
Contigo prefiero mi casa,
cogerte las manos
y guiarte a donde jamás has estado.
Ida sin retorno,
amor con insomnio,
cafés de madrugada
y sexo por placer.
Contigo, sí.
Hasta envejecer.
Porque no se trata de ser amantes,
tampoco novios.
Tal vez tampoco amigos.
Ser siempre y por siempre, el uno del otro.
Y aunque seguramente seas más perfecta que una tilde bien puesta,
Adiós.
Porque no hay nada más triste.
Porque hasta nunca es hasta nunca, pero un adiós es...
¿hasta qué?
viernes, 2 de octubre de 2015
Desayunar...
Prólogo:
Nadie escoge su amor,
nadie el momento,
ni el sitio,
ni la edad,
ni la persona...
-----------------------------------------
Es mejor mirarlo como es. Crudamente y sin anestesia. Como cuando el espada se enfrenta al burel. A portagayola. Y que sea lo que Dios quiera, maestro.
Ama sin medida,
sin límite,
sin complejo ni consejo,
sin permiso,
sin ambages,
sin precio,
sin nada,
sin cura ni duda.
Porque, a veces, ellas están entre lo que queremos tener y lo que nos asusta tener. Pero si algo no tenemos ya, es edad de dejarnos con las ganas.
Y me doy cuenta de que ya estoy en esa edad cuando recuerdo que de niño me encantaba saltar desnudo sobre los charcos de agua. Ahora llueve y al acercarme a la ventana, sólo veo niños esquivando esos mismos charcos en los que yo, reí.
Pero, ¿qué es la edad más que una suma inacabada de nueve meses entre dos? Porque donde caben dos, caben tres. Por eso 27 o 37 debieran dar igual. Nuestro cumpleaños sólo debería recordarnos que nuestro tiempo viene con fecha de caducidad y que la vida se encoje o se expande en proporción a nuestro coraje.
No somos más que autómatas esperando toda una semana para que llegue el Viernes, todo un año para las vacaciones. Toda una vida para ser feliz.
Pero es que, un Viernes...un Viernes puede ser perfecto. Un Viernes puede ser el día que digas: voy a pasármelo bien, ir en busca del ataque de las chicas cocodrilo, notarlo, preguntar ¿qué soy yo para ti?, sufrir como un mamón, temblar, pedir que te devuelvan a tu chica pues ella sólo es la única enfermera que te gustaría tener si algún día te tuvieran que poner un marcapasos, como el de Marta, cuestionarte ¿por qué no ser amigos?, prometer no llorar y pasear dejando huellas en la bajamar.
Y no saber cuándo te enamoraste de ella, pero reconocer que aquella noche te cruzaste con la mirada más imposible del mundo. Cuando dándose la vuelta, sus ojos de gata te arañaron algo más que la camisa. Cuando, en aquel momento, sentiste que el brillo de una mirada y de su sonrisa, podían eclipsar el concierto de aquellos "Hombres G".
No le digas que la quieres porque así la vas a asustar. O sea, más todavía. Mejor dile que la prequieres. Es una etapa anterior a darte cuenta de que morir de amor es un dolor asumible. Lo insoportable es resucitar solo. Como si eso fuese el peor epitafio para dos amantes.
Porque, de tanto en cuanto, aparece alguien que es en lo que crees y que, con sus acciones, te confirma que esas creencias son ciertas. Una heroína de cómic que juega a ser humana contigo.
John Green, en "Looking for Alaska" lo definió con la sencillez y la mesura de alguien que alguna vez, lo probó: "Maybe there´s something you´re afraid to say, or someone you´re afraid to love, or somewhere you´re afraid to go. It´s gonna hurt. It´s gonna hurt because it matters".
El caso es que, aunque en ninguna carpa repartieron sobaos, tú decidiste comerte ese. ¿fue el primero en cruzarse en tu camino? Sí, pero antes de elegirlo, habías barajado otros y ese fue el que más te gustó. Por eso te lo vas a comer. Porque tienes hambre. Hambre de muchas cosas. Pero te lo vas a comer despacio. Y lo más importante es que todo lo has decidido tú. La primera decisión que tomas en varios días. Pero no la última.
Porque desayunar, pese a lo que muchos piensen, no es tan fácil como parece.
Nadie escoge su amor,
nadie el momento,
ni el sitio,
ni la edad,
ni la persona...
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Es mejor mirarlo como es. Crudamente y sin anestesia. Como cuando el espada se enfrenta al burel. A portagayola. Y que sea lo que Dios quiera, maestro.
Ama sin medida,
sin límite,
sin complejo ni consejo,
sin permiso,
sin ambages,
sin precio,
sin nada,
sin cura ni duda.
Porque, a veces, ellas están entre lo que queremos tener y lo que nos asusta tener. Pero si algo no tenemos ya, es edad de dejarnos con las ganas.
Y me doy cuenta de que ya estoy en esa edad cuando recuerdo que de niño me encantaba saltar desnudo sobre los charcos de agua. Ahora llueve y al acercarme a la ventana, sólo veo niños esquivando esos mismos charcos en los que yo, reí.
Pero, ¿qué es la edad más que una suma inacabada de nueve meses entre dos? Porque donde caben dos, caben tres. Por eso 27 o 37 debieran dar igual. Nuestro cumpleaños sólo debería recordarnos que nuestro tiempo viene con fecha de caducidad y que la vida se encoje o se expande en proporción a nuestro coraje.
No somos más que autómatas esperando toda una semana para que llegue el Viernes, todo un año para las vacaciones. Toda una vida para ser feliz.
Pero es que, un Viernes...un Viernes puede ser perfecto. Un Viernes puede ser el día que digas: voy a pasármelo bien, ir en busca del ataque de las chicas cocodrilo, notarlo, preguntar ¿qué soy yo para ti?, sufrir como un mamón, temblar, pedir que te devuelvan a tu chica pues ella sólo es la única enfermera que te gustaría tener si algún día te tuvieran que poner un marcapasos, como el de Marta, cuestionarte ¿por qué no ser amigos?, prometer no llorar y pasear dejando huellas en la bajamar.
Y no saber cuándo te enamoraste de ella, pero reconocer que aquella noche te cruzaste con la mirada más imposible del mundo. Cuando dándose la vuelta, sus ojos de gata te arañaron algo más que la camisa. Cuando, en aquel momento, sentiste que el brillo de una mirada y de su sonrisa, podían eclipsar el concierto de aquellos "Hombres G".
No le digas que la quieres porque así la vas a asustar. O sea, más todavía. Mejor dile que la prequieres. Es una etapa anterior a darte cuenta de que morir de amor es un dolor asumible. Lo insoportable es resucitar solo. Como si eso fuese el peor epitafio para dos amantes.
Porque, de tanto en cuanto, aparece alguien que es en lo que crees y que, con sus acciones, te confirma que esas creencias son ciertas. Una heroína de cómic que juega a ser humana contigo.
John Green, en "Looking for Alaska" lo definió con la sencillez y la mesura de alguien que alguna vez, lo probó: "Maybe there´s something you´re afraid to say, or someone you´re afraid to love, or somewhere you´re afraid to go. It´s gonna hurt. It´s gonna hurt because it matters".
El caso es que, aunque en ninguna carpa repartieron sobaos, tú decidiste comerte ese. ¿fue el primero en cruzarse en tu camino? Sí, pero antes de elegirlo, habías barajado otros y ese fue el que más te gustó. Por eso te lo vas a comer. Porque tienes hambre. Hambre de muchas cosas. Pero te lo vas a comer despacio. Y lo más importante es que todo lo has decidido tú. La primera decisión que tomas en varios días. Pero no la última.
Porque desayunar, pese a lo que muchos piensen, no es tan fácil como parece.
miércoles, 30 de septiembre de 2015
Por si algún día te acuerdas.
“Cuando sepas de mí, tú disimula. No les cuentes que me conociste, ni que estuvimos juntos, no les expliques lo que yo fui para ti, ni lo que habríamos sido de no ser por los dos. Primero, porque jamás te creerían. Pensarán que exageras, que se te fue la mano con el Concerta, que nada ni nadie pudo haber sido tan verdad ni tan cierto. Te tomarán por loca, se reirán de tu pena y te empujarán a seguir, que es la forma que tienen los demás de hacernos olvidar.
Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.
Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos… nah.
A lo que iba.
Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Como la cuenta de aquella comida de verano en el Chesmy que se nos fue de las manos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.
Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.
Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.
Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.
Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.
Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.
A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.
Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula.
Haz ver que me olvidas.
Y me acabarás olvidando.
De verdad.”
R.M y yo.
Cuando sepas de mí, tú calla y sonríe, jamás preguntes qué tal. Si me fue mal, ya se ocuparán de que te llegue. Y con todo lujo de detalles. Ya verás. Poco a poco, irán naufragando restos de mi historia contra la orilla de tu nueva vida, pedazos de recuerdos varados en la única playa del mundo sobre la que ya nunca más saldrá el sol. Y si me fue bien, tampoco tardarás mucho en enterarte, no te preocupes. Intentarán ensombrecer tu alegría echando mis supuestos éxitos como alcohol para tus heridas, y no dudarán en arrojártelo a quemarropa. Pero de nuevo te vendrá todo como a destiempo, inconexo y mal.
Qué sabrán ellos de tu alegría. Yo, que la he tenido entre mis manos y que la pude tutear como quien tutea a la felicidad, quizás. Pero ellos… nah.
A lo que iba.
Nadie puede imaginar lo que sentirás cuando sepas de mí. Nadie puede ni debe, hazme caso. Sentirás el dolor de esa ecuación que creímos resuelta, por ser incapaz de despejarla hasta el final. Sentirás el incordio de esa pregunta que jamás supo cerrar su signo de interrogación. Sentirás un qué hubiera pasado si. Y sobre todo, sentirás que algo entre nosotros continuó creciendo incluso cuando nos separamos. Como la cuenta de aquella comida de verano en el Chesmy que se nos fue de las manos. Un algo tan grande como el vacío que dejamos al volver a ser dos. Un algo tan pequeño como el espacio que un sí le acaba siempre cediendo a un no.
Pero tú aguanta. Resiste. Hazte el favor. Háznoslo a los dos. Que no se te note. Que nadie descubra esos ojos tuyos subrayados con agua y sal.
Eso sí, cuando sepas de mí, intenta no dar portazo a mis recuerdos. Piensa que llevarán días, meses o puede que incluso años vagando y mendigando por ahí, abrazándose a cualquier excusa para poder pronunciarse, a la espera de que alguien los acogiese, los escuchase y les diese calor. Son aquellos recuerdos que fabricamos juntos, con las mismas manos con las que construimos un futuro que jamás fue, son esas anécdotas estúpidas que sólo nos hacen gracia a ti y a mí, escritas en un idioma que ya nadie practica, otra lengua muerta a manos de un paladar exquisito.
Dales cobijo. Préstales algo, cualquier cosa, aunque sólo sea tu atención.
Porque si algún día sabes de mí, eso significará muchas cosas. La primera, que por mucho que lo intenté, no me pude ir tan lejos de ti como yo quería. La segunda, que por mucho que lo deseaste, tú tampoco pudiste quedarte tan cerca de donde alguna vez fuimos feliz. Sí, feliz. La tercera, que tu mundo y el mío siguen con pronóstico estable dentro de la gravedad. Y la cuarta, -por hacer la lista finita-, que cualquier resta es en realidad una suma disfrazada de cero, una vuelta a cualquier sitio menos al lugar del que se partió.
Nada de todo esto debería turbar ni alterar tu existencia el día que sepas de mí. Nada de todo esto debería dejarte mal. Piensa que tú y yo pudimos con todo. Piensa que todo se pudo y todo se tuvo, hasta el final.
A partir de ahora, tú tranquila, que yo estaré bien. Me conformo con que algún día sepas de mí, me conformo con que alguien vuelva a morderte de alegría, me basta con saber que algún día mi nombre volverá a rozar tus oídos y a entornar tus labios. Esos que ahora abres ante cualquiera que cuente cosas sobre mí.
Por eso, cuando sepas de mí, no seas tonta y disimula.
Haz ver que me olvidas.
Y me acabarás olvidando.
De verdad.”
R.M y yo.
jueves, 10 de septiembre de 2015
De volar me hablaron una vez.
Necesito alguien que sepa frenar Septiembre.
Alguien que sepa avisar que vengo fuerte.
Estos veintiséis me están volviendo canalla y en esa playa donde aprendí a sudar, quiero seguir tumbado hasta que el mar se lleve la arena.
Suelo llegar pronto a las citas, pero esta vez prefiero ir tarde y cuando llegue, no sé cómo haré para no parecer muy raro. No sé cómo haré para hacer ver que, igual que me tiene, me puede perder. Le pido mi trozo de arena, lo escondo, lo miro y hago castillos con ella, sin rey ni reina, porque ellas sólo son de aquellas que consiguen hacer bajar la marea. De las que abrazo un rato, les miro los labios, no sé cómo hacerlo y me aguanto.
Y en milisegundos pasaba de odiarme a desearme. Vivía en una montaña rusa de emociones y sentimientos enfrentados que, al encontrarse con una racha de nordeste tan pura y viva como yo, hacía que se tambaleasen todos los principios por los que ella lucharía en cualquier frente de cualquier batalla que algún día le tocase librar.
Me gustan las chicas que tienen pelis que nadie ha visto.
Nada de mujeres etéreas, mejor mujeres que sueñen con volar. Con volar y con bailar descalzas después de una noche de vino y algo de jazz neoyorquino. De esas que subestiman la inercia de mis ojos a su boca. De las que sin declarar guerras te enseñan sus armas.
Ella y yo, nunca al revés, decidimos empezar armándonos por los pies y acabamos desarmándonos por la piel.
Y pudo rozarme pero decidió emprender pronto el viaje. Me contó su verdad, que sólo fue para ella.
Un ron con unos amigos. Uno barato, sin hielo, para que no consiga anestesiar el dolor que, alguna vez, ahogamos en el.
Una cena inesperada, sin reserva, sin mantel. Sin cubiertos. Con las manos. Las mismas con las que un día dije hola, al siguiente la rocé y al tercero despedí. Y sin duda, es mirando hacia atrás, cuando realmente es fácil vislumbrar en qué minuto de tu vida cometiste aquel error. Rebobinas y te das cuenta de que es más sencillo arrepentirse de una decisión ahora, mientras lees esto, que en el momento en el que la tomaste. Porque en ese momento, seguramente, esa fuese la decisión más jodidamente buena de todas las que tenías a tu alrededor. Pero si lo hiciste lo mejor que supiste, evitaste el error más cruel y doloroso de todos: el arrepentimiento que acompaña al dejar pasar algo que pudiera haber sido maravilloso y genial, que te encuentras, sólo, una vez en la vida.
Hace poco me aseguré a mi mismo que el tiempo pasa volando y que, aunque a veces la nostalgia se apodere de nosotros, si sabemos aprovecharlo, no habrá nada de qué lamentarse.
Porque no es oro todo lo que reluce. Ni todos los que deambulan lo hacen porque estén perdidos. Lo antiguo que es fuerte nunca se derrumbará. A las raíces profundas jamás les alcanzará la escarcha. De las cenizas algún día despertará el incendio y ese día, de las sombras brotará luz.
El olor a verano despega para volar por otras latitudes. La lluvia empieza a empapar. Los días se acuestan antes y las noches madrugan más. Pero la cuestión no es en volar con el verano. No es madrugar o trasnochar...
La cuestión está en qué elegirías si pudieses ir a cualquier lugar del mundo ahora mismo: ¿un dónde o un con quién?
Yo de momento ya tengo las maletas preparadas. Mañana vuelo al sur. A mi rincón, mi sueño. La fotografía a la que vuelvo cunado la monotonía acecha. Despego con el verano porque tengo todo un embarazo por delante para calarme por Santander, para perderme entre su niebla, para pasear entre sus olas...no te pongas celosa, tonta. Tú no, ella.
Alguien que sepa avisar que vengo fuerte.
Estos veintiséis me están volviendo canalla y en esa playa donde aprendí a sudar, quiero seguir tumbado hasta que el mar se lleve la arena.
Suelo llegar pronto a las citas, pero esta vez prefiero ir tarde y cuando llegue, no sé cómo haré para no parecer muy raro. No sé cómo haré para hacer ver que, igual que me tiene, me puede perder. Le pido mi trozo de arena, lo escondo, lo miro y hago castillos con ella, sin rey ni reina, porque ellas sólo son de aquellas que consiguen hacer bajar la marea. De las que abrazo un rato, les miro los labios, no sé cómo hacerlo y me aguanto.
Y en milisegundos pasaba de odiarme a desearme. Vivía en una montaña rusa de emociones y sentimientos enfrentados que, al encontrarse con una racha de nordeste tan pura y viva como yo, hacía que se tambaleasen todos los principios por los que ella lucharía en cualquier frente de cualquier batalla que algún día le tocase librar.
Me gustan las chicas que tienen pelis que nadie ha visto.
Nada de mujeres etéreas, mejor mujeres que sueñen con volar. Con volar y con bailar descalzas después de una noche de vino y algo de jazz neoyorquino. De esas que subestiman la inercia de mis ojos a su boca. De las que sin declarar guerras te enseñan sus armas.
Ella y yo, nunca al revés, decidimos empezar armándonos por los pies y acabamos desarmándonos por la piel.
Y pudo rozarme pero decidió emprender pronto el viaje. Me contó su verdad, que sólo fue para ella.
Un ron con unos amigos. Uno barato, sin hielo, para que no consiga anestesiar el dolor que, alguna vez, ahogamos en el.
Una cena inesperada, sin reserva, sin mantel. Sin cubiertos. Con las manos. Las mismas con las que un día dije hola, al siguiente la rocé y al tercero despedí. Y sin duda, es mirando hacia atrás, cuando realmente es fácil vislumbrar en qué minuto de tu vida cometiste aquel error. Rebobinas y te das cuenta de que es más sencillo arrepentirse de una decisión ahora, mientras lees esto, que en el momento en el que la tomaste. Porque en ese momento, seguramente, esa fuese la decisión más jodidamente buena de todas las que tenías a tu alrededor. Pero si lo hiciste lo mejor que supiste, evitaste el error más cruel y doloroso de todos: el arrepentimiento que acompaña al dejar pasar algo que pudiera haber sido maravilloso y genial, que te encuentras, sólo, una vez en la vida.
Hace poco me aseguré a mi mismo que el tiempo pasa volando y que, aunque a veces la nostalgia se apodere de nosotros, si sabemos aprovecharlo, no habrá nada de qué lamentarse.
Porque no es oro todo lo que reluce. Ni todos los que deambulan lo hacen porque estén perdidos. Lo antiguo que es fuerte nunca se derrumbará. A las raíces profundas jamás les alcanzará la escarcha. De las cenizas algún día despertará el incendio y ese día, de las sombras brotará luz.
El olor a verano despega para volar por otras latitudes. La lluvia empieza a empapar. Los días se acuestan antes y las noches madrugan más. Pero la cuestión no es en volar con el verano. No es madrugar o trasnochar...
La cuestión está en qué elegirías si pudieses ir a cualquier lugar del mundo ahora mismo: ¿un dónde o un con quién?
Yo de momento ya tengo las maletas preparadas. Mañana vuelo al sur. A mi rincón, mi sueño. La fotografía a la que vuelvo cunado la monotonía acecha. Despego con el verano porque tengo todo un embarazo por delante para calarme por Santander, para perderme entre su niebla, para pasear entre sus olas...no te pongas celosa, tonta. Tú no, ella.
jueves, 27 de agosto de 2015
Conmigo y mi montera.
Sonó tuo vuó fá l´americano y fue como si mi vida se moviese a ritmo napolitano. Y fue entonces cuando empecé a poner nombre a todo sentimiento. De los que dejan cicatrices. A menudo de color rojo y en forma de labios. De dos, para ser preciso. Cicatrices que sabían a beso y fuego. Y así, tan sutil y en elegante silencio, el caos me empezó a tutear. De aquello hace unos cuantos años. El caos me hizo diferente. La gente no acaba de entenderlo y muchos desean que llegue el día en que cambie. Pero, inevitablemente, soy mi caos. Y lo amo. Por eso, cuando alguien no lo entiende, le digo: Si me quieres querer, tendrás que quererlo primero a él. Ama mi caos. Mi leitmotiv desde que empecé a latir. Y es que, aunque suene raro, no siempre he latido.
- "Sólo tienes veinte años, guapo". -
Su voz sonaba a flamenco. Sabía a manzanilla. Olía a azahar. Mi cuerpo enseguida olvidó que era más joven que el suyo y su cadera empezó a sudar despacio. Tenía luz. No supe qué decir y opté por no decir nada.
Aquella vez me despedí mientras ella sonreía en los andenes. Mientras, yo intentaba callar aquel derroche. No tardé en volver. Tenía duende. Yo magia, aunque todavía no lo sabía.
Una noche se acercó a mi. Noté como miraba mi corazón. - "Te late muy fuerte" - dijo. El problema del mundo es que sonamos muy bajo y algunos piensan que no existimos.
Me quedé con su amor,
su energía,
su acento,
y su forma de desearme.
A partir de ella, entendí que habíamos de latir muy fuerte para que el mundo supiera que existía. Y así fue como empecé a latir.
Después conseguí contestar una pregunta que durante muchos años había buscado atormentarme. <>. Esa debería ser siempre la respuesta a cualquier pregunta.
Nos quedó irnos de viaje, compartir locuras nuevas. Nos quedó aquel tatuaje de mis manos en sus piernas. Le faltó mirarme a solas y pedirme que volviera. Dibujé naranjas en atardeceres. Lloré mientras recordaba pasear por tus noches de colores árabes.
Sólo quise de ti, lo que me diste cuando nada te pedí.
Porque, a veces, la fe es creer en algún dios aunque para alguno no exista.
O existir aunque esos dioses a veces no crean en ti.
Pero aquí seguimos. A las puertas de unos veintiséis cargados de ilusión y a ratos de madurez. Enhiesto como un faro que alumbra, intentando competir con una luna que, en noches de verano, enamora. Protagonista de un "yo" cada vez más cargado de mi mismo, esencia de un querer henchido de puro sentimiento.
Y así seguiré caminando.
Que el camino cunde tanto que en cien vidas, no lo gastaré.
Porque el que vive a su manera, no precisa ni mundo ni montera.
¡¡Y qué me gusta a mi este mundo mio y mi montera!!
- "Sólo tienes veinte años, guapo". -
Su voz sonaba a flamenco. Sabía a manzanilla. Olía a azahar. Mi cuerpo enseguida olvidó que era más joven que el suyo y su cadera empezó a sudar despacio. Tenía luz. No supe qué decir y opté por no decir nada.
Aquella vez me despedí mientras ella sonreía en los andenes. Mientras, yo intentaba callar aquel derroche. No tardé en volver. Tenía duende. Yo magia, aunque todavía no lo sabía.
Una noche se acercó a mi. Noté como miraba mi corazón. - "Te late muy fuerte" - dijo. El problema del mundo es que sonamos muy bajo y algunos piensan que no existimos.
Me quedé con su amor,
su energía,
su acento,
y su forma de desearme.
A partir de ella, entendí que habíamos de latir muy fuerte para que el mundo supiera que existía. Y así fue como empecé a latir.
Después conseguí contestar una pregunta que durante muchos años había buscado atormentarme. <
Nos quedó irnos de viaje, compartir locuras nuevas. Nos quedó aquel tatuaje de mis manos en sus piernas. Le faltó mirarme a solas y pedirme que volviera. Dibujé naranjas en atardeceres. Lloré mientras recordaba pasear por tus noches de colores árabes.
Sólo quise de ti, lo que me diste cuando nada te pedí.
Porque, a veces, la fe es creer en algún dios aunque para alguno no exista.
O existir aunque esos dioses a veces no crean en ti.
Pero aquí seguimos. A las puertas de unos veintiséis cargados de ilusión y a ratos de madurez. Enhiesto como un faro que alumbra, intentando competir con una luna que, en noches de verano, enamora. Protagonista de un "yo" cada vez más cargado de mi mismo, esencia de un querer henchido de puro sentimiento.
Y así seguiré caminando.
Que el camino cunde tanto que en cien vidas, no lo gastaré.
Porque el que vive a su manera, no precisa ni mundo ni montera.
¡¡Y qué me gusta a mi este mundo mio y mi montera!!
domingo, 16 de agosto de 2015
Desordenada habitación.
Santander atardece, despacio, como el frágil aleteo de las gaviotas que, henchidas, anuncian con elegancia la decadencia de un verano con olor a salitre. Como de otra forma no podía ser si es que el verano es en Santander, la marinera.
Las nubes entretejen un grisáceo y aterciopelado atardecer. Poco a poco, las calles se van quedando desnudas, vacías. Sólo habitadas por los hombres y mujeres del acento cantarín.
Hoy el mar parece que está triste. Parece que no late. Parece cansado de embatir. Parece que quisiera amurallar el propio sufrimiento sabiendo que eso es arriesgarse a que le devore desde el interior. Hay días que yo soy mar.
Y como el mar, el de aquí, el que es furioso por derecho, vagamos por la vida sin pedir consejo a nadie, creyendo que de hacerlo, correríamos el riesgo de que alguien nos dijera la verdad.
Y es que, quizás, sólo si soy paciente y dejo de correr, la vida deje de ser un autobús que se escapa justo cuando llego a la parada.
Y es que la vida, como el amor, es como una colección de tazos inacabada.
Como la mano de dios de Maradona.
Como una noche en la puerta del BNS que acaba sin un te llamaré.
Como mirar al Puntal desde Reina Victoria.
Como el sabor del sol posado en labios femeninos.
Como que coincidan con los tuyos, cuatro números del euromillón.
Pero no hay amor, ni vida, que no corte como una tijera. Como una navaja. No hay vida ni amor, que no venga con una mascarilla de oxígeno porque, antes o después, acabaremos necesitándola.
Aunque entre medias, del amor y de la vida, nos encontremos a personas con las que, después de estar con ellas, la vida nos parezca un ratito muy pequeño.
Yo entre tanto, le pido a Dios que me de mesura. Aunque sea chapucera y cotidiana.
Que me haga del montón.
Y que en vez de corazón, me haga un tetrabrick. Para que dure.
Que tenga compasión y que a la hora de querer, lo único que quiera sea que pasen muchos veranos sin que pasen muchos inviernos.
Las nubes entretejen un grisáceo y aterciopelado atardecer. Poco a poco, las calles se van quedando desnudas, vacías. Sólo habitadas por los hombres y mujeres del acento cantarín.
Hoy el mar parece que está triste. Parece que no late. Parece cansado de embatir. Parece que quisiera amurallar el propio sufrimiento sabiendo que eso es arriesgarse a que le devore desde el interior. Hay días que yo soy mar.
Y como el mar, el de aquí, el que es furioso por derecho, vagamos por la vida sin pedir consejo a nadie, creyendo que de hacerlo, correríamos el riesgo de que alguien nos dijera la verdad.
Y es que, quizás, sólo si soy paciente y dejo de correr, la vida deje de ser un autobús que se escapa justo cuando llego a la parada.
Y es que la vida, como el amor, es como una colección de tazos inacabada.
Como la mano de dios de Maradona.
Como una noche en la puerta del BNS que acaba sin un te llamaré.
Como mirar al Puntal desde Reina Victoria.
Como el sabor del sol posado en labios femeninos.
Como que coincidan con los tuyos, cuatro números del euromillón.
Pero no hay amor, ni vida, que no corte como una tijera. Como una navaja. No hay vida ni amor, que no venga con una mascarilla de oxígeno porque, antes o después, acabaremos necesitándola.
Aunque entre medias, del amor y de la vida, nos encontremos a personas con las que, después de estar con ellas, la vida nos parezca un ratito muy pequeño.
Yo entre tanto, le pido a Dios que me de mesura. Aunque sea chapucera y cotidiana.
Que me haga del montón.
Y que en vez de corazón, me haga un tetrabrick. Para que dure.
Que tenga compasión y que a la hora de querer, lo único que quiera sea que pasen muchos veranos sin que pasen muchos inviernos.
viernes, 31 de julio de 2015
Ni cerrando los ojos...
Hay personas que pasan por delante, pero nunca por dentro.
Hay personas que sin pasar, estás esperando a que lo hagan para tropezarte "accidentalmente" con ellas.
Hay quién llega tan imputualmente a nuestras vidas, que decidimos corregir todos los relojes hacia su posibilidad.
Hay, sin embargo, quien decide regalarnos su orgasmo en nuestros oídos para que siempre la recordemos.
Y hay veces que buscamos olvidar y lo logramos.
Muchas veces he paseado por éste rincón tan mio y más vuestro - Curro y Tatá - para dejar aquí la herida de la victoria. Para entender que ese olvido era saber que en el fondo, aquellas - historias y protagonistas, en femenino - no fueron posibles. Y que con tiempo y cabeza - y algo más de corazón - conseguí desaprender el camino que conduciéndome a esas ciudades en las que paseamos de madrugada, me llevaron tan, tan lejos de mi.
Y en la radio suena "Another one" de Marc Demarco y no podía ser más genial la forma en la que el universo nos describe.
Y así es como soñamos.
Igual que el mendigo sueña con un billete en su vaso
y el vaso con una boca que lo bese.
Y por la acera donde suspira el vaso pasa una chica de las que nunca acaban de pasar.
Y tras su paso camina él, soñando que algún día ella se girará y le devolverá la sonrisa con la que todas las mañanas le da los buenos días.
Unos días, a veces buenos y otros malos, que sueñan con ser los mejores de nuestra vida.
Una vida que, a menudo, sueña con ser la otra de las películas de amor y final feliz.
Yo de momento, sueño con volverme a revolver contigo.
Me gusta el perfume que gasta tu cintura.
Tengo sed de sudor nuestro en la pared.
Adoro tomar el pulso de tu falda sobre tus esquis.
Acostumbro a imaginarte con coleta.
Te recuerdo y se me alegran los pies.
Y aunque a veces, el pasado haga que las almohadas resulten incómodas, empiezo a tener ganas de compartir zumo y mantel contigo.
Porque más allá de lo físico,
la atracción mental es mucho más fuerte
porque de una mente no te libras
ni cerrando los ojos.

Se llama Limerencia, creo
y al igual que la incandescencia
todo comienza con una chispa de...

Hay personas que sin pasar, estás esperando a que lo hagan para tropezarte "accidentalmente" con ellas.
Hay quién llega tan imputualmente a nuestras vidas, que decidimos corregir todos los relojes hacia su posibilidad.
Hay, sin embargo, quien decide regalarnos su orgasmo en nuestros oídos para que siempre la recordemos.
Y hay veces que buscamos olvidar y lo logramos.
Muchas veces he paseado por éste rincón tan mio y más vuestro - Curro y Tatá - para dejar aquí la herida de la victoria. Para entender que ese olvido era saber que en el fondo, aquellas - historias y protagonistas, en femenino - no fueron posibles. Y que con tiempo y cabeza - y algo más de corazón - conseguí desaprender el camino que conduciéndome a esas ciudades en las que paseamos de madrugada, me llevaron tan, tan lejos de mi.
Y en la radio suena "Another one" de Marc Demarco y no podía ser más genial la forma en la que el universo nos describe.
Y así es como soñamos.
Igual que el mendigo sueña con un billete en su vaso
y el vaso con una boca que lo bese.
Y por la acera donde suspira el vaso pasa una chica de las que nunca acaban de pasar.
Y tras su paso camina él, soñando que algún día ella se girará y le devolverá la sonrisa con la que todas las mañanas le da los buenos días.
Unos días, a veces buenos y otros malos, que sueñan con ser los mejores de nuestra vida.
Una vida que, a menudo, sueña con ser la otra de las películas de amor y final feliz.
Yo de momento, sueño con volverme a revolver contigo.
Me gusta el perfume que gasta tu cintura.
Tengo sed de sudor nuestro en la pared.
Adoro tomar el pulso de tu falda sobre tus esquis.
Acostumbro a imaginarte con coleta.
Te recuerdo y se me alegran los pies.
Y aunque a veces, el pasado haga que las almohadas resulten incómodas, empiezo a tener ganas de compartir zumo y mantel contigo.
Porque más allá de lo físico,
la atracción mental es mucho más fuerte
porque de una mente no te libras
ni cerrando los ojos.

Se llama Limerencia, creo
y al igual que la incandescencia
todo comienza con una chispa de...

miércoles, 29 de julio de 2015
Porque si tú eres puta, yo lo soy más.
Me di cuenta, aunque te joda saberlo ahora, que sigues guardando secretos para quién venga - guárdame bien, sigo siendo el mejor que tienes -. Que tu felicidad consistía en que te bailasen el agua, pero que tú sólo bailabas cuando estabas despeinada y con el rimel corrido. Que encontrabas placer lamiéndote tus heridas, que te gustaba decir adiós para siempre y que en la mochila que cargas a tus espaldas, llevas lo que hasta ahora, configura toda tu historia.
Porque hay veces que no te das cuenta de que, a lo que tú creías tu media naranja, se la está exprimiendo medio frutero. Y es entonces cuando comienzas a reirte. Te sorprendes y y sonríes de nuevo porque hacía tiempo que no te oías reir a ti mismo. Es entonces cuando descubres que aquello era del todo injusto porque la risa siempre fue para ti, el sol que ahuyenta el invierno de cualquier rostro humano.
Y entonces fue cuando me dije: para la próxima, intenta escoger siempre una amante que te roce como si, quizás, fueses magia. Porque hay veces que vamos por la vida revisando el teléfono cada cinco minutos, viendo si hay amor o wifi. Lo que aparezca primero.
El caso es que apareciste y me dijiste: "LLámame más tarde, si quieres". Yo te susurré que lo haría, pero sin elle. Y entonces busqué el mejor día de la semana para vernos...Llueves, Vienes, Sábanas y Dormimos. Porque ya va siendo hora de que alguien (tú) y yo arruguemos las sábanas.
Siempre he creído en la raza como representante fiel de la supervivencia del impulso. Tiene desarrollo. Aunque la decadencia me ha fascinado más. El arte es una enfermedad, el amor una ilusión y la religión el sustituto más elegante que jamás he conocido para la fe.
-Entonces, ¿eres un escéptico?.-
-!!Nooo¡¡ el escepticismo es el comienzo de la fe.-
-Entonces ¿usted qué es?.-
-Definir es limitar y nunca me ha gustado vivir del lado de lo limitadamente respetado. Deberás esperar para conocerme mejor.-
Y de aquí a unos años, cuando vuelva a recordar algún atardecer con acento de sal, con piedras y sin charcos (pero si con Voll-Dam), pensaré que si aquello no era amor, fue del todo vicio, porque jamás una boca me hizo regresar tantas veces por un beso.
Y te advierto, si vuelves a recogerte el pelo con tanta alevosía y frivolidad, vas a conseguir que mis manos sean incapaces de reprimir el instinto de deshacerte la coleta mientras mi cuerpo recorre el tuyo demostrando la poca educación de un colegio de pago.
Porque a veces, lo bello es aquello que es inteligible sin reflexión.
Porque si nunca te has equivocado es porque nunca has intentado nada nuevo.
Porque si de verdad quieres algo, ve a por ello. Y si no te recibe, no te acepta, si no te deja al menos una sola oportunidad...déjalo ir.
Porque una vez, le puse una mano en el hombro a la vida por la espalda, la asusté y la dije:
-"Porque si tú eres puta, yo lo soy más".-
Y fue así como empecé a vivir.
En ello ando ahora, en no olvidarme de respirar, tomar algún gintonic, seguir creyendo en Dios...
FOREVER YOUNG.
FOREVER LAUGHING
Porque hay veces que no te das cuenta de que, a lo que tú creías tu media naranja, se la está exprimiendo medio frutero. Y es entonces cuando comienzas a reirte. Te sorprendes y y sonríes de nuevo porque hacía tiempo que no te oías reir a ti mismo. Es entonces cuando descubres que aquello era del todo injusto porque la risa siempre fue para ti, el sol que ahuyenta el invierno de cualquier rostro humano.
Y entonces fue cuando me dije: para la próxima, intenta escoger siempre una amante que te roce como si, quizás, fueses magia. Porque hay veces que vamos por la vida revisando el teléfono cada cinco minutos, viendo si hay amor o wifi. Lo que aparezca primero.
El caso es que apareciste y me dijiste: "LLámame más tarde, si quieres". Yo te susurré que lo haría, pero sin elle. Y entonces busqué el mejor día de la semana para vernos...Llueves, Vienes, Sábanas y Dormimos. Porque ya va siendo hora de que alguien (tú) y yo arruguemos las sábanas.
Siempre he creído en la raza como representante fiel de la supervivencia del impulso. Tiene desarrollo. Aunque la decadencia me ha fascinado más. El arte es una enfermedad, el amor una ilusión y la religión el sustituto más elegante que jamás he conocido para la fe.
-Entonces, ¿eres un escéptico?.-
-!!Nooo¡¡ el escepticismo es el comienzo de la fe.-
-Entonces ¿usted qué es?.-
-Definir es limitar y nunca me ha gustado vivir del lado de lo limitadamente respetado. Deberás esperar para conocerme mejor.-
Y de aquí a unos años, cuando vuelva a recordar algún atardecer con acento de sal, con piedras y sin charcos (pero si con Voll-Dam), pensaré que si aquello no era amor, fue del todo vicio, porque jamás una boca me hizo regresar tantas veces por un beso.
Y te advierto, si vuelves a recogerte el pelo con tanta alevosía y frivolidad, vas a conseguir que mis manos sean incapaces de reprimir el instinto de deshacerte la coleta mientras mi cuerpo recorre el tuyo demostrando la poca educación de un colegio de pago.
Porque a veces, lo bello es aquello que es inteligible sin reflexión.
Porque si nunca te has equivocado es porque nunca has intentado nada nuevo.
Porque si de verdad quieres algo, ve a por ello. Y si no te recibe, no te acepta, si no te deja al menos una sola oportunidad...déjalo ir.
Porque una vez, le puse una mano en el hombro a la vida por la espalda, la asusté y la dije:
-"Porque si tú eres puta, yo lo soy más".-
Y fue así como empecé a vivir.
En ello ando ahora, en no olvidarme de respirar, tomar algún gintonic, seguir creyendo en Dios...
FOREVER YOUNG.
FOREVER LAUGHING
domingo, 26 de julio de 2015
Puestos a preferir...
¿ Y si me bailas el agua?
¿Y si me untas de amor y otras fragancias de tu jardín secreto?
¿ Y si me riegas de especias que dejen mi vida impregnada de tu olor?
¿ Y si me sacas de quicio?
Llévame a pasear atado con una correa que no apriete demasiado.
Hazme sufrir.
Aviva las ascuas.
Ponme a secar como un trapo mojado.
No desates las cuerdas hasta que sea tarde.
Sírveme un vaso de agua ardiente y bendita que me queme por dentro, que no sea tuya ni mía, que sea de todos.
Líbrame de mi estigma.
Llámame tonto.
Sacrifica tu aureola.
Perdóname.
Olvida todo lo que haya podido decir hasta ahora.
No me arrastres.
No me asustes.
Vete lejos.
Pero no sueltes mi mano.
Empecemos de nuevo.
Sangra mi labio con sanguijuelas de colores.
Fuma un cigarro para mí.
Traga el humo.
Arréglalo y que no vuelva a estropearse.
Échalo fuera.
Crúzate conmigo en una autopista a cien por hora.
Sueña retorcido.
Sueña feliz, que yo me encargaré de tus enemigos.
Dame la llave de tus oídos.
Toca mis ojos abiertos.
Nota la textura del calor.
Hasta reventar.
Sé yo mismo y no te arrepentirás.
¿Por cuánto te vendes? Regálame a tus ídolos.
Yo te enviaré a los míos.
Píllate los dedos.
Los lameré hasta que no sepan a miel.
Hasta que no dejen de ser miel.
Sal, niega todo y después vuelve.
Te invito a un café.
Caliente claro.
Y sin azúcar. Sin aliento.
Prefiero morir sucio y feliz a vivir limpio y aburrido. Prefiero encontrar una estrella en el fango a cuatro diamantes sobre un cristal. Prefiero que la estrella queme, sea fuego, a un tacto rezumante de frialdad. Prefiero pisar el duro suelo veinte veces para llegar una sola vez a lo más alto a escalar poco a poco, sin caer nunca pero sin llegar jamás a la cima. Prefiero que me duela a que me traspase, que me haga daño a que me ignore. Prefiero sentir. Prefiero una noche oscura y bella, sucia y hermosa, a un montón de días claros que no me digan nada. Prefiero una cadena a un bozal. Prefiero quedarme en la cama todo el día pensando en mi vida a levantarme para pensar en la de otros. Prefiero el mar a la montaña.
La vida es una noche tumbado en la playa, mirando las estrellas sin verlas, soñando despierto, dejando que la arena se cuele entre los dedos de mis pies, embriagado de todo. Y la noche, siempre la noche. Nunca la luz del sol. La noche es mágica. Me hace vivir, no pensar. Me pone en movimiento. Rompe mis esquemas. Prefiero las noches frescas de verano, andar con poca ropa, sentarme en el suelo y meterme algo de vida en el cuerpo. La mañana me sabe a dolor de cabeza. Me da sueño. Me quita las ganas de hablar. Me recuerda que soy normal. La noche me hace único. Prefiero el color de la sangre y el de la gris niebla que difumina las cosas. Si sabe que prefiero el frío cuero, ¿por qué viste con el traje de terciopelo? Se me escurre entre los dedos...Prefiero experimentar las cosas, aunque me hagan mal. Aunque me hiervan la sangre. Prefiero probarlo todo a morirme sin saber lo que me gusta. Y, más que nada, prefiero la vida que dan sus besos de caramelo y la suave caricia de su piel caliente.
- ¿Que escribes?
- Una carta a los reyes magos.
- Pero, si la navidad ya ha pasado.
- Para la próxima.
- ¿Que les pides?
- Que nos devuelvan la vida.
-¿Sabes lo que más me gusta de ti? Tu libertad, tu forma de ver la vida, tu manera de vivir los momentos…
-¿Y ya está?
-Tus besos…
Tú me bailas el agua a mí, yo te bailo el agua a ti.
-Tú siempre esperas gestos, yo palabras... Vivimos en mundos distintos... y dentro de poco, más aún.
-No digas eso...
-Soy realista... El corazón me resbala por las tuberías de este cuarto... ya no hay forma de sacarlo.
¿Y si me untas de amor y otras fragancias de tu jardín secreto?
¿ Y si me riegas de especias que dejen mi vida impregnada de tu olor?
¿ Y si me sacas de quicio?
Llévame a pasear atado con una correa que no apriete demasiado.
Hazme sufrir.
Aviva las ascuas.
Ponme a secar como un trapo mojado.
No desates las cuerdas hasta que sea tarde.
Sírveme un vaso de agua ardiente y bendita que me queme por dentro, que no sea tuya ni mía, que sea de todos.
Líbrame de mi estigma.
Llámame tonto.
Sacrifica tu aureola.
Perdóname.
Olvida todo lo que haya podido decir hasta ahora.
No me arrastres.
No me asustes.
Vete lejos.
Pero no sueltes mi mano.
Empecemos de nuevo.
Sangra mi labio con sanguijuelas de colores.
Fuma un cigarro para mí.
Traga el humo.
Arréglalo y que no vuelva a estropearse.
Échalo fuera.
Crúzate conmigo en una autopista a cien por hora.
Sueña retorcido.
Sueña feliz, que yo me encargaré de tus enemigos.
Dame la llave de tus oídos.
Toca mis ojos abiertos.
Nota la textura del calor.
Hasta reventar.
Sé yo mismo y no te arrepentirás.
¿Por cuánto te vendes? Regálame a tus ídolos.
Yo te enviaré a los míos.
Píllate los dedos.
Los lameré hasta que no sepan a miel.
Hasta que no dejen de ser miel.
Sal, niega todo y después vuelve.
Te invito a un café.
Caliente claro.
Y sin azúcar. Sin aliento.
Prefiero morir sucio y feliz a vivir limpio y aburrido. Prefiero encontrar una estrella en el fango a cuatro diamantes sobre un cristal. Prefiero que la estrella queme, sea fuego, a un tacto rezumante de frialdad. Prefiero pisar el duro suelo veinte veces para llegar una sola vez a lo más alto a escalar poco a poco, sin caer nunca pero sin llegar jamás a la cima. Prefiero que me duela a que me traspase, que me haga daño a que me ignore. Prefiero sentir. Prefiero una noche oscura y bella, sucia y hermosa, a un montón de días claros que no me digan nada. Prefiero una cadena a un bozal. Prefiero quedarme en la cama todo el día pensando en mi vida a levantarme para pensar en la de otros. Prefiero el mar a la montaña.
La vida es una noche tumbado en la playa, mirando las estrellas sin verlas, soñando despierto, dejando que la arena se cuele entre los dedos de mis pies, embriagado de todo. Y la noche, siempre la noche. Nunca la luz del sol. La noche es mágica. Me hace vivir, no pensar. Me pone en movimiento. Rompe mis esquemas. Prefiero las noches frescas de verano, andar con poca ropa, sentarme en el suelo y meterme algo de vida en el cuerpo. La mañana me sabe a dolor de cabeza. Me da sueño. Me quita las ganas de hablar. Me recuerda que soy normal. La noche me hace único. Prefiero el color de la sangre y el de la gris niebla que difumina las cosas. Si sabe que prefiero el frío cuero, ¿por qué viste con el traje de terciopelo? Se me escurre entre los dedos...Prefiero experimentar las cosas, aunque me hagan mal. Aunque me hiervan la sangre. Prefiero probarlo todo a morirme sin saber lo que me gusta. Y, más que nada, prefiero la vida que dan sus besos de caramelo y la suave caricia de su piel caliente.
- ¿Que escribes?
- Una carta a los reyes magos.
- Pero, si la navidad ya ha pasado.
- Para la próxima.
- ¿Que les pides?
- Que nos devuelvan la vida.
-¿Sabes lo que más me gusta de ti? Tu libertad, tu forma de ver la vida, tu manera de vivir los momentos…
-¿Y ya está?
-Tus besos…
Tú me bailas el agua a mí, yo te bailo el agua a ti.
-Tú siempre esperas gestos, yo palabras... Vivimos en mundos distintos... y dentro de poco, más aún.
-No digas eso...
-Soy realista... El corazón me resbala por las tuberías de este cuarto... ya no hay forma de sacarlo.
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